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Migue Guerrero

Perdóneme, Presidente, pero no puedo creerle. Por MARIEN ARISTY CAPITÁN

danilo skml.Su rostro afable, campechano y cercano, invita a la sonrisa. Al verle dan deseos de acogerle y confiar en él. Escucharle, tranquilo, quedo y sin poses, hace pensar que sus palabras son sinceras. Pero, ¿cómo creerle cuando los hechos son la antítesis de lo que dice?

El domingo pasado, por ejemplo, el presidente Danilo Medina volvió a decir que la prioridad de su Gobierno era la gente, su vida, y que pueda tener ingresos. Su afirmación, sin embargo, surge al mismo tiempo que la intención de aumentar la tarifa de los peajes en más de un 200% y la propuesta macabra de acabar con muchas conquistas de los trabajadores. Eso, ¿lo hace un Gobierno que vive para la gente?

No, es evidente que Danilo nos quiere marear con palabras huecas. Vale ver, para así confirmarlo, con qué arrogancia y desdén el ministro Gonzalo Castillo decía el martes que aunque la gente proteste no dará marcha atrás al incremento de los peajes porque el Gobierno pretende recaudar más de RD$1,500 millones por ese concepto.

La prioridad del Gobierno es el dinero. Por eso aumentará el peaje aunque suban los pasajes del transporte interurbano, se arruinen los que viven fuera de la ciudad pero trabajan en ella y se encarezcan los productos de la canasta básica y hasta de la antojada, ya que aumentarán los costos de los productores del campo, los importadores de materias primas… en fin, todo cuanto entra o sale de la capital y los pueblos.

Esto se suma a la propuesta consensuada del Código Laboral y a esa reforma fiscal que nos sigue golpeando. Por eso, Presidente, no puedo creerle.

 

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Migue Guerrero

Años después de su partida . Por Miguel Guerrero

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de la escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado disminuir.

De todas las virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, eran la de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios. (Extraído del libro del autor “El mundo que quedó atrás”, publicado en el 2002).

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Migue Guerrero

Por encima de las diferencias. Por Miguel Guerrero   |  

Cuando leía a César Medina, lo que hacía cada día por su estilo depurado, directo, sin oropeles, de impecable prosa, me asaltaba siempre una pregunta que me llenaba de inquietud. Y por más que reflexiono, todavía no acabo de entender la razón por la que en nuestro país se hace tan difícil que los grupos de decisión dejen a un lado sus diferencias en pro de un gran acuerdo que allane el camino hacia el futuro, si entre César y yo alcanzamos un alto nivel de afecto y respeto profesional por encima de las nuestras, que eran muchas.

Muchos de mis amigos, con los que mejor me siento, disienten por lo general de mis criterios y no tengo una visión más aburrida de una velada que aquella en las que todos piensen del mismo modo. Pero la terquedad con que en nuestro país se impone la irracionalidad en la discusión de los temas básicos y se convierten en irreconciliables los desacuerdos más insignificantes, me dice que el liderazgo nacional, en todos los estamentos de la sociedad dominicana, se divierte echando gasolina al fuego sólo para ver qué ocurre.

Entiendo que los agravios pesan, pero de qué pudiéramos estar hablando. Estados Unidos y Vietnam sostuvieron por años una de las guerras más cruentas de la historia y son hoy dos aliados con un prometedor tratado de libre comercio. Francia y Alemania fueron adversarios en las dos guerras mundiales que sangraron Europa en la primera mitad del siglo pasado y hoy son los líderes que sostienen la Unión Europea. La grandeza de esas naciones es la de haber enterrado sus ofensas para trabajar juntos por objetivos comunes. Y esa experiencia ajena debería servirnos de pauta para buscar en la diversidad la solución de nuestros problemas.

Porque mientras sigamos intentando encontrar el sendero del porvenir por el retrovisor, en lugar de por el vidrio delantero, quedaremos rezagados viendo al resto avanzar.

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