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La hora de Odebrecht. Por Orlando Gil

Orlandogil_nlMÁS QUE OTROS.- Contrario a lo que se piensa, las diligencias o acciones en República Dominicana alrededor o contra de la Odebrecht superan las de cualquier otro país.

Resultados no se tienen, y tal vez sea muy pronto, pero los esfuerzos, aunque no coordinados ni de conjunto, alientan.

Crean expectativas, suponen consecuencias. No solo la Procuraduría General, o la Comisión sobre la licitación de Punta Catalina, sino también la marcha. Esto es, poder Ejecutivo, poder Fáctico, poder Callejero. Tres instancias y un solo objetivo: poner en claro las actuaciones de la empresa brasileña en el país. El ministerio público es el ministerio público, tiene sus maneras, se mueve en el marco de la ley y el orden, pero eso no quita ni impide que su campo sea ilimitado. La Comisión tiene por encargo un solo caso, pero un solo caso es más que suficiente para conocer el temperamento de la transnacional. Del mismo modo que en una pequeña muestra de sangre se detectan todos los padecimientos de un organismo. Con Punta Catalina la Odebrecht se hunde o se salva, pues el esquema aplicado en esa planta se confrontará y deberá ser una la conducta…

RECURSO A MANO.- La reacción frente al manejo de la Procuraduría no debe sorprender. La conocida, la de siempre: Más sospecha que creencia. Si quiere ganar aplausos antes de que finalicen las hostilidades, que se comporte como La Guardia de Mon y meta preso hasta al gato. Y no solo por gato. La Comisión es otra cosa. Como lo suyo no es un concurso de popularidad, y se vive en una democracia, unos la aprueban y otros la critican. Y bueno que así sea. No se le puede dar licencia para matar, pero tampoco certificado de impunidad absoluta. El alegato de que afecta la institucionalidad es verdadero, apropiado, pero no tiene sentido ser más papita que el Papa y no recordar que las comisiones son usos y costumbres de gobierno desde tiempo inmemorial. Incluso la pandereta de la política. Oír la objeción de un reformista o seguidor de Joaquín Balaguer, da más pena que risa, pues las comisiones fueron su mejor recurso de gobernabilidad. En  22años de gobierno, infinidad de comisiones, y hasta el día de hoy no se conoce un resultado…

¿Y LA MARCHA QUÉ?.- De todas estas acciones la que más intriga es el movimiento de la calle. La Marcha del 22. Muchos se preguntan, a casi una semana, si realmente se dará, y de darse, si será exitosa, y para que sea exitosa no puede ser cosa de dos o tres muchachos y una guitarra.

Se trata de la indignación de un pueblo, y se piensa y se calcula que la afluencia será masiva, de miles y miles, como las movilizaciones de las grandes ciudades, de capitales importantes. Madrid, por ejemplo. Sao Paulo, ídem.

Las experiencias más o menos recientes de los parque La Lira e Independencia, o las caminatas hacia las altas cortes, fueron protestas tan exiguas que hicieron daño al movimiento popular. Reflujo más que obvio, a pesar de ser promovidas por fuerzas políticas de significación.

Siete u ocho partidos, con su liderazgo incluido, yendo a la Cancillería a denunciar las pasadas elecciones. Que lo piensen bien, pues la convocatoria no luce muy representativa, y al coco le llega el agua como quiera, pero a los mítines las masas no van a menos que se las motive adecuadamente…

SIN DINERO, NADA.- Todavía no se tiene claro si La Marcha es una iniciativa o movimiento de la sociedad civil o de la sociedad política. De si dará la cara la primera y participará bajo cuerda la segunda, o si la segunda vencerá el celo de la primera y le robará el espacio, la actividad y el mérito. Tremendo trance, difícil encrucijada. ¿Y qué de los recursos? Hay que contar con la gente, pero para contar con la gente hacen falta los recursos. La logística puede ser buena, pero mejor si se tienen a mano fondos, si no cuantiosos, por lo menos suficientes. Las sombrillas amarillas del 4% para Educación no cayeron del cielo, y nadie –que se recuerde- cogió sol entonces. Lo mismo las camisetas, las gorras, las pancartas o el llegar al punto de partida.

Como la Odebrecht es una empresa, y con licitación o grado a grado afectó la competencia, la actual situación se presta a desquite. Las constructoras que huelen de lejos el guiso, o que fueron vencidas, burladas, tienen ahora su oportunidad. No de marchar, sino de rascarse los bolsillos y aportar financiamiento…

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