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Martinez Moya

PRD es el único partido que está creciendo. Por José Guerrero M. 



Porque conocemos la hermosa trayectoria como político y empresario del ingeniero Miguel  Octavio Vargas Maldonado, es que lo apoyamos en todo el sentido de la palabra, y estamos totalmente de acuerdo con sus declaraciones, cuando dice “que trabaja en un proceso de fortalecimiento de su partido con la finalidad de que sea opción de poder y pueda competir para las elecciones del 2020”.

Estoy de acuerdo con sus pronunciamientos y pienso que real y efectivamente, tal y como acaba de señalar nuestro Canciller el trabajo que el viene realizando en estos últimos años “para el fortalecimiento del PRD es permanente y que hay comisiones que se desplazan por los distintos municipios y provincias”, añadiendo que, “otros estarán trabajando en contra de que nosotros podamos fortalecer , pero realmente  el escenario político determina las acciones políticas y conforme se vaya desarrollando nosotros también iremos tomando acciones políticas”

Señores: El Partido Revolucionario Dominicana siempre ha sido y seguirá siendo una opción de poder, ahora más que nunca presidido por un dirigentes de la absoluta confianza de su máximo líder, el doctor José Francisco Peña Gómez, como el ingeniero Miguel Octavio Vargas Maldonado, que no se olvida de las personas que luchan dentro de la organización política, serio, capaz y transparente.

Por eso estamos seguro, como el acaba de manifestar de que “el hecho de tener una alianza con el partido del gobierno no es razón para que el PRD no sea opción de poder. “Yo he visto partidos que se han aliado y han surgido de una alianza  en el poder, evidentemente, hay que definir los roles en las diferentes etapas y en eso estamos  nosotros asumiendo nuestra responsabilidad en la institución que estamos dirigiendo, porque creo que eso también puede contribuir a un escenario político mas adecuado”, destaco el ministro de Relaciones Exteriores en un  medio local.

De hecho, quiero significar, que tan solo el excelente trabajo que viene realizando al frente de la Cancillería de la Republica, ampliando las relaciones trabajando para ampliar y mejorar las relaciones exteriores de la R.D., tanto en el aspecto político como comercial y económico, le ofrece la oportunidad de fortalecer su liderato y ampliar la fuerza de su partido para una próxima contienda electoral.

Se recuerda que el ingeniero Miguel Vargas inicio su carrera política a mediados de los años 1970, en el mismo PRD, donde ha militado los últimos 47 años de su vida en la dirección del partido, ocupando las funciones  de Vicepresidente, miembro del Presídium, del Comité Ejecutivo Nacional, (CEN), y de la Comisión Política; así como Secretario Nacional de Finanzas. Actualmente Presidente.

Hijo de mi gran amigo personal y compadre, Pedro A. Rivera, y de la señora Altagracia Maldonado, posiblemente el ingeniero Miguel Vargas sea el más parecido a su padre, emprendedor, empresario prospero, político y humanitario. Confidencialmente, he laborado con el padre y con el hijo, y le aseguro que ambos son excelentes personas.

Por José Guerrero M. 

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GENTE

La revolución que inspiró a nuestros próceres

Gabriela Calderón de Burgos indica que varios de los próceres latinoamericanos se inspiraron en la Revolución Americana del 4 de julio de 1776.

Por Gabriela Calderón de Burgos

José Joaquín de Olmedo, uno de los padres fundadores del Ecuador, cuando publicó el 6 de julio de 1845 el manifiesto de la Revolución del 6 de marzo del mismo año citó aquella porción de la Declaración de la Independencia de EE.UU. que justifica el derecho a la rebelión que tienen los pueblos libres contra un gobierno que se excede en su autoridad: “Si una larga serie de abusos y usurpaciones manifiesta con notoriedad el designio de oprimir y esclavizar al pueblo y someterlo al yugo del despotismo, el pueblo tiene el derecho y el deber de sacudir ese yugo, derribando ese gobierno, para establecer nuevas garantías a su seguridad”.

El 4 de julio los estadounidenses conmemoran la independencia de su país, pero es una fecha que también debemos celebrar los latinoamericanos, pues aunque sea algo muy poco conocido, las ideas detrás de esta revolución inspiraron a muchos de nuestros padres fundadores.

El precursor de las independencias latinoamericanas, Juan Pablo Viscardo y Guzmán, a tan solo un par de décadas después de la Revolución Americana(1776), se admiraba de la prosperidad repentina de EE.UU. en su ensayo “La paz y la dicha del nuevo siglo”.[1]

Carlos Rangel en su excelente libro Del buen salvaje al buen revolucionariocomienza desmintiendo el mito de que la prosperidad de EE.UU. se debía al atraso de América Latina. Para hacerlo señaló que el otro precursor de las independencias latinoamericanas, Francisco de Miranda, quedó absolutamente admirado de la prosperidad y el sistema de gobierno de EE.UU., todo lo cual se dio antes de que este país tuviese relaciones con otras naciones.

Rangel señala que “Estas sencillas verdades sobre el origen de la prosperidad y el poder de los EE.UU. antes de toda relación con América Latina, han sido hoy sustituidas por entorchadas explicaciones sobre cómo el auge norteamericano estaría en relación directa con el atraso del resto de Hemisferio…Es incómodo, cuando se vive de mitos, toparse con la verdad, dicha en forma tan simple, tan clara, tan irrefutable. Y para colmo por uno de los auténticos héroes y uno de los más grandes hombres de Hispanoamérica”.

Miranda admiraba tanto la Revolución Americana que planificó que se proclame la independencia de Venezuela, este sí el primer grito de independencia en América Latina, el 4 de julio de 1811. Se logró hacerlo el 5 de julio.

Tanto Miranda como otro de nuestros padres fundadores, Vicente Rocafuerte, leyeron a los autores de la Ilustración Escocesa y Europea como David Hume, Adam Ferguson, Voltaire, Montesquieu y Adam Smith. Este último también fue leído por Viscardo y Guzmán y, aparentemente, Olmedo. Resulta que los padres fundadores de EE.UU. también bebieron de estas fuentes. Rocafuerte era un ávido lector de Alexander Hamilton, admirador de Benjamin Franklin y del general George Washington. Además, tradujo para el debate en las nacientes repúblicas la Constitución de EE.UU., Sentido común de Thomas Paine y la Constitución de la Confederación de los Estados Unidos.

Eran todos parte de una corriente liberal internacional que terminó acabando con el Antiguo Régimen de las monarquías absolutistas y que propugnaba los valores de la modernidad: igualdad ante la ley, gobiernos limitados, tolerancia religiosa, propiedad privada, libertad de prensa, y libre comercio.

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El PLD Descabezado.Por Rosario Espinal

¿Es exagerado el título de este artículo? Veamos. El presidente del PLD, Leonel Fernández, aspira a la candidatura presidencial de su partido para el 2020. El secretario general, Reynaldo Pared Pérez, también aspira a la candidatura presidencial. Ninguno ha renunciado de sus funciones. El secretario de organización, Félix Bautista, ha sido suspendido temporalmente de esa función por un expediente que dio a conocer el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. El secretario de finanzas, Víctor Díaz Rúa, ha sido también suspendido temporalmente por la acusación del Ministerio Público en el escándalo de corrupción Odebrecht. O sea que, los cuatro principales dirigentes del PLD se encuentran inmersos en asuntos que contravienen su rol de dirección.

Por mucho tiempo, el PLD promocionó una identidad basada en la disciplina partidaria y el centralismo democrático. Por ende, se decía, que era un partido unido. Posteriormente se agregó el argumento de que la necesidad de seguir en el poder hacía que los peledeístas, a pesar de sus conflictos, permanecieran unidos. ¡Juntos hasta el 2044!, por lo menos.

En este momento, todos esos argumentos se tambalean.

El Comité Político, máxima instancia de decisión partidaria, no se convoca con regularidad porque no hay manera de ponerse de acuerdo. El centralismo democrático falla. Si se tratara de construir mayoría simple en las votaciones no habría problema; eso existe. La dificultad radica en que lo que desea un sector es contrario a lo que desea el otro. El leonelismo y el danilismo andan por caminos diferentes.

El centralismo democrático funcionó cuando era más centralismo que democracia. Así fue cuando Juan Bosch era el líder máximo, y cuando Leonel Fernández era el líder máximo. Pero durante la presidencia de Danilo Medina, el PLD dejó de tener un líder máximo. Ahora hay dos y en disputa.

Dado que en el partido había más centralismo que democracia, después de 2012, no ha habido forma de ejercer el centralismo sin un líder máximo. Tampoco se ha desarrollado la democracia partidaria. Las máximas autoridades del partido han estado más más interesadas en promover sus aspiraciones e intereses que en institucionalizar el partido. Ojo: tanto el presidente del PLD como el secretario general aspiraron a la candidatura presidencial en el 2016 y aspiran para el 2020. Árbitros no pueden ser.

Con la estructura de dirigencia descabezada, el PLD se avoca a grandes conflictos partidarios en el proceso de selección de candidaturas para el 2020.

Siempre se ha supuesto, dentro y fuera del PLD, que el Comité Político resuelve los impases y da las instrucciones en base al “consenso”. Pero ese comité ya no funciona así. En el mejor de los casos, es un espacio de competencia de poder donde gana quien tenga más votos.

La dirigencia del PLD desperdició las últimas dos décadas para organizar un partido democrático. Si lo hubiesen hecho, hoy no estaríamos hablando de conflictos entre Leonel y Danilo ni de repostulaciones presidenciales, no tendríamos acuerdos que de un porrazo garantizaran la repostulación de muchos ocupantes de cargos legislativos y municipales por ineptos que sean, y no hubiera quizás tantos escándalos de corrupción.

La dirigencia máxima del PLD es la única responsable de la situación en que se encuentran, y la ciudadanía observa el desbarajuste del PLD.

Estar en el poder les ayuda a solventar problemas. La debilidad de la oposición les ayuda a convivir con malquerencias. Que no haya una crisis macroeconómica les da respiro. Pero que quede claro, el PLD está descabezado y enfrenta grandes riesgos.

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La belleza de la democracia gris, fría y aburrida. Por: Eduardo Jorge Prats


Una de las grandes virtudes del sistema político dominicano es que, contrario a otros países de la región, pese a la creciente inconformidad de la ciudadanía con los partidos tradicionales, los mismos siguen convocando con gran intensidad el entusiasmo de los votantes. Felizmente, por donde transita la República Dominicana no es el sendero del colapso del sistema de partidos. Por eso estamos blindados, por el momento, contra el ascenso de líderes mesiánicos, lo que permite a la sociedad dominicana pactar y ejecutar las políticas y las reformas indispensables para una mejor democracia, para un sistema económico más desarrollado y una para una sociedad más justa, igualitaria y solidaria.
Lógicamente, siempre han existido en nuestro país corrientes súper minoritarias pero lamentablemente muy influyentes, que propugnan por la anti política, que aborrece de la política tradicional, de sus pactos y compromisos, de sus soluciones a medias, de sus reconciliaciones forzadas, de sus justos medios. Negándole legitimidad a los partidos tradicionales, armados con un insoportable discurso moralista de los buenos contra los malos, los serios contra los sinvergüenzas, los honestos contra los corruptos, los paladines de la anti política sufren de una enfermedad crónica e incurable: el narcisismo político. Narcisismo que los lleva a negar legitimidad a los intereses y las opiniones contrarias y que les impide llegar a acuerdos pragmáticos, parciales y razonables, pues lo que buscan es una victoria total para ideas muchas veces imposibles de alcanzar en la práctica. Incluso llegan al extremo de hablar de “vacío constitucional”, de “crisis del sistema político”, de existencia de un virtual “estado de excepción”, de la necesidad de una “constituyente popular”, tratando de hacer creer a la población que se vive un momento “caliente”, un “momento constitucional”, propicio para que un “nuevo liderazgo” acabe de una vez por todas con la “oligarquía” de los partidos del establishment.
Sin embargo, contrario a lo que postulan los políticos de la anti política, la democracia es necesariamente aburrida, gris y fría. Como bien ha dicho Adam Michnik, “no es ni negra ni roja. Es gris, sólo se establece con dificultades, y cuando mejor se reconoce su calidad y su sabor es en el momento en que cede ante el avance de ideas radicales rojas o negras. La democracia no es infalible, porque en sus debates todos son iguales. Esto explica que sea susceptible de manipulación y que pueda verse impotente frente a la corrupción. También explica que, con frecuencia, elija la banalidad y no la excelencia, la astucia y no la nobleza, las promesas vacías y no la auténtica capacidad. La democracia se basa en una continua articulación de intereses particulares, en una búsqueda inteligente de acuerdos entre ellos, en un mercado de pasiones, emociones, odios y esperanzas; se basa en la eterna imperfección, en una mezcla de pecado, santidad y tejemanejes. Esta es la razón por la que a quienes buscan un Estado moral y una sociedad completamente justa no les guste la democracia. Sin embargo, éste es el único sistema que, al tener la capacidad de cuestionarse a sí mismo, también la tiene de corregir sus propios errores”.
Hoy, como afirmaba hace unos años el presidente Danilo Medina, “la política, no solo sigue siendo necesaria, sino que lo es más que nunca. Porque para consolidar y ampliar los avances sociales […] necesitaremos grandes dosis de política. Necesitamos, desde luego, a la política más que nunca. Y, por tanto, los partidos políticos también son más necesarios que nunca. Son necesarios para articular la voluntad y las ideas de millones de ciudadanos de una forma que sea constructiva para nuestras sociedades. Son necesarios para recuperar la idea del bien común, de comunidad de pensamiento y de acción conjunta por el desarrollo y la justicia. Pero para ejercer este papel, los partidos también deben transformarse. Y no solo los partidos, sino también los gobiernos y la totalidad de las instituciones democráticas”. Por eso, Medina es coherente cuando aboga por un gran acuerdo político para implantar el modelo de primarias abiertas y simultáneas con el padrón oficial de la Junta Central Electoral, como manifestación del “compromiso de revitalizar los partidos políticos, fortalecer la transparencia y abrir más espacios de participación” y no “de buscar ventajas a favor de uno u otro sector, o de una u otra persona en particular, sino de crear nuevos mecanismos de participación que contribuyan a que los partidos respondan cada vez más a las expectativas sociales y de fortalecimiento institucional”.

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