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Martinez Moya

El sistema de partidos puesto a prueba. Por José Ramón Peralta

PERALTA DCKBJJosé Ramón Peralta
MINISTRO ADMINISTRATIVO DE LA PRESIDENCIA

La República Dominicana cuenta con un sistema multipartidista de gran incidencia en la vida democrática, pero caracterizado por la concentración del liderato político en pocas agrupaciones, limitando el surgimiento de nuevos liderazgos, y las probabilidades de que los partidos minoritarios alcancen posiciones de poder a través de los procesos electorales, de manera independiente.

Históricamente, los partidos políticos dominicanos han jugado un rol preponderante en el funcionamiento de las instituciones democráticas, y en términos de estabilidad se han manejado de manera adecuada.

Sin embargo, se han presentado dificultades en el sistema de partidos, que nos llevan a preguntarnos: ¿Hasta cuándo podría prevalecer esa situación sino se introducen las reformas electorales que demanda la sociedad? En la dirección anterior, el ordenamiento jurídico-político se ha basado en organizaciones de masas que luchan abiertamente por el control de los diversos estamentos del Estado.

Desde la apertura democrática que se produjo con la muerte de Rafael Leónidas Trujillo, en 1961, quien ejerció una férrea dictadura de 30 de años, el incremento de las agrupaciones políticas en el escenario ha sido constante, contrario a como había sucedido anteriormente a partir de la proclamación de la Independencia Nacional, el 27 de febrero de 1844. El origen del actual sistema de partidos hay que ubicarlo en el siglo XX, concretamente, después de la muerte de Trujillo.

Las agrupaciones políticas dominicanas del siglo XIX eran facciones que respondían a una estrecha relación entre conflictos militares y políticos y su participación no conllevaba a la organización de sectores en base a un programa de gobierno, estatutos, cuadros dirigentes o registro de militancia.

En ese contexto es que el siglo XXI encontró a la República Dominicana con 25 partidos reconocidos por la Junta Central Electoral, con nuevas agrupaciones que comenzaron a acompañar en el escenario nacional a los tradicionales Revolucionario Dominicano (PRD), de la Liberación Dominicana (PLD) y Reformista Social Cristiano (PRSC). Cabe destacar que en este siglo, solamente el Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha adquirido dimensión de relevancia en el escenario electoral nacional.

Sistema por dentro
Estudios han identificado una gran fortaleza de los partidos políticos respecto a la identificación de la mayoría de las ciudadanas y ciudadanos con algunos de esos, especialmente el PLD, el PRM, PRD y el PRSC. Uno de ellos, de Barómetro de las Américas, patrocinado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), destacó que la República Dominicana ha mantenido un alto nivel en la simpatía partidaria de América Latina. Cita que para el año 2012, registró un 63.4%, superior al resto de las naciones de la región.

Las crisis políticas postelectorales de los años 1990 y 1994, paradójicamente, produjeron una especie de despertar democrático mediante los reclamos sociales en procura del fortalecimiento de los órganos electorales, especialmente de la Junta Central Electoral (JCE).

Durante las elecciones presidenciales, congresuales y municipales de esos años se produjeron denuncias de fraude electoral, al punto que en 1994 se originó una crisis postelectoral que requirió de la intervención de gobiernos y de organismos internacionales, como el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA), para solucionarla. La salida fue la firma del Pacto por la Democracia por parte de fuerzas políticas y sociales del país, que incluyó una reforma a la Constitución.

Mediante la referida reforma constitucional se redujo en dos años el mandato del Presidente de entonces, Joaquín Balaguer; se crearon los Colegios Electorales Cerrados y el Consejo Nacional de la Magistratura, a fin que escogiese a los jueces de la Suprema Corte de Justicia, función que históricamente había correspondido al Senado. Además, se aprobó la segunda vuelta electoral, en el caso de que una organización o coalición no obtuviera el 50% por ciento más uno en la primera ronda de votación.

Sobran los diagnósticos
A partir del inicio del siglo XXI, el sistema de partidos de la República Dominicana ha sido diagnosticado y se conocen cuáles son sus problemas y qué hacer para que contribuya al fortalecimiento de la democracia y de la gobernanza y represente mejor la ciudadanía.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y universidades como la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) han realizado estudios en ese sentido.

Casi todos los estudios sugieren que en el sistema partidario predomina una institucionalidad informal en la vida partidaria, debilidad de las instancias de fiscalización, y sancionadoras; débil movilización ideológica: y persistentes lagunas en la regulación de la vida interna de los partidos a nivel nacional.

Los desafíos actuales
El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, dijo justo antes de su muerte, que “a todos nos llega el turno”. Y ese turno ha llegado al sistema de partidos en la República Dominicana: tiene que institucionalizarse o correr el riesgo de colapsar.

Las agrupaciones políticas dominicanas tienen que superar sus problemas a través del fortalecimiento de la democracia interna, de manera que sean capaces de renovar periódicamente sus cuadros directivos y organizar con transparencia sus procesos convencionales. Un ejemplo lo constituye el hecho de que la mayoría de las candidaturas de los actuales senadores, diputados, alcaldes y concejales fueron señaladas, descartando votaciones internas como mecanismos democráticos.

De manera sistemática se han visto impactadas por prácticas de clientelismo y transfuguismo, las cuales se han convertido en herramientas promotoras de corrupción.

Otras cuestiones pendientes consisten en la reducción de prácticas clientelistas y populistas, resolver el encarecimiento de la política y la promoción de la profesionalización de la actividad política, entre otras situaciones.

Tareas urgentes
En la actual coyuntura, resulta impostergable que la sociedad dominicana asuma el proceso de reformas que requiere el Régimen Electoral y el sistema de partidos. Es necesaria la aprobación de la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas y la Ley Electoral. Esto contribuirá a evitar el colapso del sistema de partidos y a fortalecer la democracia dominicana, estableciendo mejores relaciones de los dirigentes partidarios con la militancia, mejorando los mecanismos para que las personas puedan acceder de manera democrática a los puestos de dirección de los partidos; mejorando así la relación de los partidos con la sociedad.

Indudablemente que es incomprensible que estas iniciativas lleven más de una década de discusión en el Congreso Nacional sin que se produzca su aprobación.

El marco normativo que resulte deberá establecer, entre otras cuestiones, la inhabilitación para optar por cargos públicos y electivos, a ciudadanos y ciudadanas vinculadas a corrupción o el crimen organizado, especialmente narcotráfico y lavado de activos.

Además, la exigencia a la JCE de fiscalización y penalización de la gestión financiera irregular de los partidos políticos, que incluya hasta pena de prisión, dependiendo de la gravedad de la infracción cometida.

Las democracias y las formas de participación en ellas se construyen en su momento y acorde a su contexto. El actual es el propicio para que los partidos, las organizaciones de la sociedad civil y las academias acudan al Congreso y aporten sus ideas, en procura del consenso necesario que permita aprobar la reforma al Régimen Electoral y la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas que demanda la sociedad dominicana del siglo XXI.

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GENTE

La revolución que inspiró a nuestros próceres

Gabriela Calderón de Burgos indica que varios de los próceres latinoamericanos se inspiraron en la Revolución Americana del 4 de julio de 1776.

Por Gabriela Calderón de Burgos

José Joaquín de Olmedo, uno de los padres fundadores del Ecuador, cuando publicó el 6 de julio de 1845 el manifiesto de la Revolución del 6 de marzo del mismo año citó aquella porción de la Declaración de la Independencia de EE.UU. que justifica el derecho a la rebelión que tienen los pueblos libres contra un gobierno que se excede en su autoridad: “Si una larga serie de abusos y usurpaciones manifiesta con notoriedad el designio de oprimir y esclavizar al pueblo y someterlo al yugo del despotismo, el pueblo tiene el derecho y el deber de sacudir ese yugo, derribando ese gobierno, para establecer nuevas garantías a su seguridad”.

El 4 de julio los estadounidenses conmemoran la independencia de su país, pero es una fecha que también debemos celebrar los latinoamericanos, pues aunque sea algo muy poco conocido, las ideas detrás de esta revolución inspiraron a muchos de nuestros padres fundadores.

El precursor de las independencias latinoamericanas, Juan Pablo Viscardo y Guzmán, a tan solo un par de décadas después de la Revolución Americana(1776), se admiraba de la prosperidad repentina de EE.UU. en su ensayo “La paz y la dicha del nuevo siglo”.[1]

Carlos Rangel en su excelente libro Del buen salvaje al buen revolucionariocomienza desmintiendo el mito de que la prosperidad de EE.UU. se debía al atraso de América Latina. Para hacerlo señaló que el otro precursor de las independencias latinoamericanas, Francisco de Miranda, quedó absolutamente admirado de la prosperidad y el sistema de gobierno de EE.UU., todo lo cual se dio antes de que este país tuviese relaciones con otras naciones.

Rangel señala que “Estas sencillas verdades sobre el origen de la prosperidad y el poder de los EE.UU. antes de toda relación con América Latina, han sido hoy sustituidas por entorchadas explicaciones sobre cómo el auge norteamericano estaría en relación directa con el atraso del resto de Hemisferio…Es incómodo, cuando se vive de mitos, toparse con la verdad, dicha en forma tan simple, tan clara, tan irrefutable. Y para colmo por uno de los auténticos héroes y uno de los más grandes hombres de Hispanoamérica”.

Miranda admiraba tanto la Revolución Americana que planificó que se proclame la independencia de Venezuela, este sí el primer grito de independencia en América Latina, el 4 de julio de 1811. Se logró hacerlo el 5 de julio.

Tanto Miranda como otro de nuestros padres fundadores, Vicente Rocafuerte, leyeron a los autores de la Ilustración Escocesa y Europea como David Hume, Adam Ferguson, Voltaire, Montesquieu y Adam Smith. Este último también fue leído por Viscardo y Guzmán y, aparentemente, Olmedo. Resulta que los padres fundadores de EE.UU. también bebieron de estas fuentes. Rocafuerte era un ávido lector de Alexander Hamilton, admirador de Benjamin Franklin y del general George Washington. Además, tradujo para el debate en las nacientes repúblicas la Constitución de EE.UU., Sentido común de Thomas Paine y la Constitución de la Confederación de los Estados Unidos.

Eran todos parte de una corriente liberal internacional que terminó acabando con el Antiguo Régimen de las monarquías absolutistas y que propugnaba los valores de la modernidad: igualdad ante la ley, gobiernos limitados, tolerancia religiosa, propiedad privada, libertad de prensa, y libre comercio.

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Martinez Moya

El PLD Descabezado.Por Rosario Espinal

¿Es exagerado el título de este artículo? Veamos. El presidente del PLD, Leonel Fernández, aspira a la candidatura presidencial de su partido para el 2020. El secretario general, Reynaldo Pared Pérez, también aspira a la candidatura presidencial. Ninguno ha renunciado de sus funciones. El secretario de organización, Félix Bautista, ha sido suspendido temporalmente de esa función por un expediente que dio a conocer el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. El secretario de finanzas, Víctor Díaz Rúa, ha sido también suspendido temporalmente por la acusación del Ministerio Público en el escándalo de corrupción Odebrecht. O sea que, los cuatro principales dirigentes del PLD se encuentran inmersos en asuntos que contravienen su rol de dirección.

Por mucho tiempo, el PLD promocionó una identidad basada en la disciplina partidaria y el centralismo democrático. Por ende, se decía, que era un partido unido. Posteriormente se agregó el argumento de que la necesidad de seguir en el poder hacía que los peledeístas, a pesar de sus conflictos, permanecieran unidos. ¡Juntos hasta el 2044!, por lo menos.

En este momento, todos esos argumentos se tambalean.

El Comité Político, máxima instancia de decisión partidaria, no se convoca con regularidad porque no hay manera de ponerse de acuerdo. El centralismo democrático falla. Si se tratara de construir mayoría simple en las votaciones no habría problema; eso existe. La dificultad radica en que lo que desea un sector es contrario a lo que desea el otro. El leonelismo y el danilismo andan por caminos diferentes.

El centralismo democrático funcionó cuando era más centralismo que democracia. Así fue cuando Juan Bosch era el líder máximo, y cuando Leonel Fernández era el líder máximo. Pero durante la presidencia de Danilo Medina, el PLD dejó de tener un líder máximo. Ahora hay dos y en disputa.

Dado que en el partido había más centralismo que democracia, después de 2012, no ha habido forma de ejercer el centralismo sin un líder máximo. Tampoco se ha desarrollado la democracia partidaria. Las máximas autoridades del partido han estado más más interesadas en promover sus aspiraciones e intereses que en institucionalizar el partido. Ojo: tanto el presidente del PLD como el secretario general aspiraron a la candidatura presidencial en el 2016 y aspiran para el 2020. Árbitros no pueden ser.

Con la estructura de dirigencia descabezada, el PLD se avoca a grandes conflictos partidarios en el proceso de selección de candidaturas para el 2020.

Siempre se ha supuesto, dentro y fuera del PLD, que el Comité Político resuelve los impases y da las instrucciones en base al “consenso”. Pero ese comité ya no funciona así. En el mejor de los casos, es un espacio de competencia de poder donde gana quien tenga más votos.

La dirigencia del PLD desperdició las últimas dos décadas para organizar un partido democrático. Si lo hubiesen hecho, hoy no estaríamos hablando de conflictos entre Leonel y Danilo ni de repostulaciones presidenciales, no tendríamos acuerdos que de un porrazo garantizaran la repostulación de muchos ocupantes de cargos legislativos y municipales por ineptos que sean, y no hubiera quizás tantos escándalos de corrupción.

La dirigencia máxima del PLD es la única responsable de la situación en que se encuentran, y la ciudadanía observa el desbarajuste del PLD.

Estar en el poder les ayuda a solventar problemas. La debilidad de la oposición les ayuda a convivir con malquerencias. Que no haya una crisis macroeconómica les da respiro. Pero que quede claro, el PLD está descabezado y enfrenta grandes riesgos.

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