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Detalles: Marcha Verde y reforma. Por Antonio Almonte 


En esencia, los orígenes de la Marcha Verde son políticos, y sus reclamos y acciones también. Son políticas, pero no partidistas.

Denunciar y enfrentar la expansión de la corrupción en la administración pública, la impunidad que protege funcionarios gubernamentales y dirigentes del PLD probadamente corruptos, el secuestro de los tribunales y las altas cortes, y la anulación de la independencia del Congreso, son los motivos de lucha de la Marcha Verde y son, también, asuntos puramente políticos.

Ese es, inevitablemente, un espacio que la Marcha Verde compartirá -y competirá- con los partidos políticos formales, por lo menos con aquellos que mantienen una línea de oposición al Gobierno y a ese estado de cosas.

Por esa simple razón, el entendimiento a distancia entre ambos agentes de acción política será imprescindible para evitar el despliegue corrosivo de pasiones destructivas o, mejor dicho, fratricidas.

En esas perspectivas, la apertura del debate en el Congreso nacional de los proyectos de ley sobre partidos políticos y el régimen electoral constituye una excelente ocasión para que la Marcha Verde influya – junto a otros sectores- en la aprobación de leyes que podrían derivar en una reforma política que estrangule las fuentes de la corrupción y la impunidad.

Después de todo, parte importante de las causas de la corrupción y la impunidad – ¡la puerta por la que entran los Odebretch y Joaos¡ -tiene su origen en el financiamiento delincuencial de partidos y candidatos.

Y, por su lado, la Junta Central Electoral ha propuesto una reforma del régimen electoral cuya amplitud y alcance deberían garantizar cerrar toda posibilidad de uso de los recursos del Estado en la competencia electoral, limitar los tiempos de campaña, eliminar barreras y discriminación contra partidos y sectores minoritarios, ponerle topes a gastos por candidato y la regulación equitativa de la publicidad.

La Marcha Verde, por su lado, y los partidos de la oposición por el suyo, deberían ser políticamente eficaces e intrépidos y participar en masa, -¡en vivo y en directo!-, en el debate sobre esa reforma. ¡Sin abandonar Odebretch!

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