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Migue Guerrero

¡Ahora nadie hizo nada!. Por ARISTÓFANES URBÁEZ

ahora-nadie-hizo-nada*Como dijo Emil Zolá en el caso del capitán judío Dreyfus, le pido al Procurador General de la República, Alain Rodríguez, en el caso de la Odebrecht, que no vaya a juicio de fondo contra tantos dominicanos serios. Que retire los papeles, como se hizo con el caso J.B., que yo soy el ladrón, que me venga buscar y bote la llave cuando me tranque en la isla Beata. Como decía en estos días mi compueblano, Oscar Jiménez, nadie sabe cómo he llegado donde estoy, nadie me ayudó; nadie sabe qué cuesta criar hijos que no avergüencen a sus padres; nadie sabe de los trabajos pasados, de los ‘puertazos’ en la cara, de las mentiras y cuentos; de los días sin gozo, de los caminos y ventanas cerrados; de las noches sin dormir, de la amargura del pan cuando no se tiene. Y si nadie me acompañó, como el amigo de Roberto Carlos, en los momentos duros, infelices, de hambre. Entonces, que no me juzguen. No protestaré. Soy corrupto y pagaré. ¡Dejen tranquila a tanta a gente seria! Cóbrenme a mí, que soy un ladrón. Yo me acuso y aprésenme a mí. Se han equivocado. Admítanlo. (a.u.).

1.- PERO DEBO DECIR, aunque me cuelguen, que el mundo está podrido. Que marcha hacia su destrucción total en esto que agudas inteligencias llaman ya la IV Guerra Mundial; que los “verdes” son iguales, que viven de las ONG, las remesas de USA y de Europa (por su “trabajo”), y ojalá que los prueben en el poder por un año. Que como decía Ruddy González el miércoles, hay sectores que se burlan de los pendejos jugando a la ingobernabilidad, donde todos perderíamos. Lo decía el general William Sherman, el héroe de Ohio, en el S. XIX: “La guerra, en el mejor de los casos, es barbarieÖsolamente los que nunca dispararon un arma y que nunca escucharon los alaridos y los gemidos de los heridos, son los que piden sangre a los gritos, más venganza y más desolación. La guerra es un infierno”, y además, Mercedes Sosa, la morocha que con su voz tronante, desde Argentina, le dijo al mundo que estaba lleno de chacales (se refería a Pinochet y a Videla, a.u.), pero que “las guerras nunca han creado nada, a no ser sufrimiento y muerte”. El planeta está lleno, sembrado, de minas terrestres, para matar humanos y a los animales que nos ayudan a vivir, ya sea cargando o alimentando a 7 mil millones de humanos, 2 mil de los cuales no tienen acceso al agua potable, según dijo el presidente boliviano, Evo Morales, en la asamblea General de la ONU la semana pasada, presidiendo el Consejo de Seguridad; pero aumentan los presupuestos de guerra y las armas más sofisticadas para matarnos. ¿Qué futuro tiene un mundo dominado por la guerra, la codicia y fariseos? Bolívar Espinosa me lo dijo un día en Vicente Noble, cuando observábamos un gran avión que dejaba una estela blanca en el cielo: “¿A que tú no sabes qué busca esa gente encima de ese avión?”. Le dije que no sabía, y me respondió: “En busca de la comidita. ¡En eso andamos todos!”. Pero hay gente que se lo ha cogido tan a pecho, que mata, roba y cree que los demás no tienen derechos”. ¡Codicia!

3.- DEMOLEDORES DE NACIONES.- Ahora tenemos  unos señoritos que parecen esas bolas gigantes que mueven las grúas para demoler edificios: ¡ellos demuelen países! Uno de ellos es Mauricio Macri, en Argentina –que hablan, de mi presidente Trump–, pero este señor en año y medio ha endeudado a la Argentina dizque para “eliminar la pobreza”, con unos 300 mil millones de dólares, todo ello sacado del aparato productivo, destruyendo las conquistas sociales, pagando deudas impagables y empobreciendo a los pobres y las clases medias (a los jóvenes) hasta más no poder (visten como pordioseros, mientras su gabinete acumula riquezas y en su mayoría son funcionarios del sector privado, de multinacionales y ricos). Da pena ver a los jóvenes argentinos empujando carretas y la gente comiendo porque se juntan en comedores populares formados como ‘convites’ por ellos. Lo hecho por Menem y Cavallo se queda corto con lo que ha hecho este señor en año y medio: allí sólo se habla de aumento de tarifas y recortes de ayudas sociales. Los campesinos lanzan desde camiones y retroexcavadoras, los víveres y verduras, pues producir un kilo de papas cuesta unos 30 pesos y tienen que venderlos a 5 pesos. Los pobres que pagan luz, no pueden pagar el agua, ni el gas para calentarse frente al invierno, que ya llegó. Tiene todo ese tiempo esperando la inversión extranjera, pero todos los días sacan las pocas reservas en dólares y nada de la llegada de las inversiones. Al lado de Temer, en Brasil, que tiene un 4% de aprobación en el año que lleva en la presidencia después del golpe de Estado ilegal contra Dilma Rousseff. ¡Nadie lo quiere! ¿A quién con su juicio en plomo, se le ocurre congelar al gasto en salud y educación por ley y por 20 años? ¡A ese señor! No hay mejor forma para demoler un Estado y matar a los pobres sin servicios sociales y más pobreza, la cual se nota en los zapatos que usan los brasileños, tan orgullosos cuando Lula da Silva. ¡Esas son bombas de tiempo que avizoran matanzas masivas de infelices!

3.- MAL EJEMPLO.- Eso de calificar a los presos “por corrupción” como políticos (no obstante cuando todos sabemos los bienes que antes no tenían), es una mala política. Es mejor quedarse callados, o exigirles que los devuelvan. ¡O que lo haga la Justicia! Es lo que pedimos y os esperamos merecer, magistrados.

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Migue Guerrero

“Valgo más vivo que muerto”. Por Miguel Guerrero

La figura gallarda y arrogante que la leyenda revolucionaria nos ofrece de Ernesto Guevara, popular y mundialmente conocido como el Che, no es la que describió cuarenta años después de su muerte el general retirado boliviano que lo apresó. Por aquel entonces capitán, el oficial Prado afirma que el Che pidió clemencia al entregarse a las tropas que él dirigía, exclamando que valía más vivo que muerto. No fue precisamente un final heroico para una trayectoria revolucionaria que la propaganda ha querido convertir en un mito.

Según Prado, Guevara presentaba un aspecto desgarrador. Lucía extremadamente delgado y exhausto, desarrapado, sucio y hambriento. La antítesis del superhéroe. No hubo señales de dignidad en su muerte. Al igual que Sadam Hussein, atrapado en una ratonera debajo de la tierra, no exigió un precio por su vida. Simplemente se entregó; vencido, sin fuerzas para seguir luchando.

Esos son los hechos. No importa cuanto pretenda la propaganda. La historia ha demostrado que Guevara no contó nunca con el respaldo de los comunistas bolivianos, que no se movilizaron en su respaldo mientras la guerrillera intentaba instalar un frente ni hicieron tampoco mucho para evitar su ejecución, días después de su arresto. Un compañero de armas, Benigno, disidente cubano, asegura que Fidel Castro le traicionó porque ya le resultaba molesto. Igual debió pasar años después con el coronel Caamaño, de quien se dice tenía serias divergencias de criterio con el líder cubano.

Tanto el uno como el otro, más el último que el primero, podían representar en un momento una competencia indeseada. Pero ninguno tuvo nunca la dimensión del líder cubano. Tanto el Che como Caamaño fueron víctimas de su propia fama. Y en el caso del primero, no así con el segundo, décadas después de su muerte, aún vive en la fantasía de un sueño revolucionario que pereció con él.

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Migue Guerrero

Ejemplos del mejor periodismo. Por Miguel Guerrero

Mi compañero de aulas en la universidad, Miguel Ángel Prestol, es hoy un prestigioso abogado, pero bien pudo ser mejor periodista de lo que también es sin duda alguna. Y al contar esto no quiero parecer nostálgico. Muy jóvenes ambos, recorríamos en un viejo jeep de la planta de radio y televisión estatal las oficinas públicas para llevar las novedades del día a los oyentes. Prestol elogiaba mi habilidad para redactar buenos leads, pero él llegó a escribir uno de los mejores que he leído. Fue en ocasión de un encuentro de cancilleres americanos en Río tras la revuelta civil de 1965.

Urbáez, el director de prensa, le encargó resumir todos los despachos internacionales sobre la cita en una sola noticia para el informativo de la tarde. Prestol tenía examen en la universidad ese día y la prisa le dominaba. No obstante, se sentó a su máquina y rápidamente, en pocos minutos, terminó de teclear pasándome la cuartilla para que le diera un vistazo. No necesité leerlo dos veces para grabarlo para siempre en la memoria. La nota, sin borrones, decía: “La paradoja del siglo se produce hoy en Río de Janeiro. Un dictador, el mariscal Humberto Castelo Branco, pronunciará el discurso inaugural de una conferencia llamada a sentar las bases de la democracia en la región”.

Esa entrada lo resumía todo. Sólo recordaba haber leído algo tan genialmente descriptivo en un despacho internacional. Era la crónica de un corresponsal del New York Times que reseñaba el fracaso de la cumbre de los cuatro grandes—Eisenhower, McMillan, De Gaulle y Kruschev—reunidos en París para descongelar la guerra fría y que decía así: “La paloma de la paz se posó hoy en el Palacio de Versalles y los cuatro grandes allí reunidos aunaron esfuerzos para espantarla”.

Un lead informativo que puede aquí escribirse a menudo ya que muchos han intentado comérsela cada vez que ella se posa entre nosotros.

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Migue Guerrero

Recordando a mi padre. Por Miguel Guerrero

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de las escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado disminuir.

De todas las virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, eran las de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios (Extraído de mi libro El mundo que quedó atrás, publicado en el 2002).

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