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Descubren cómo los girasoles se mueven para recibir más sol


Los girasoles, esas flores que han fascinado a científicos y artistas como Vicent Van Gogh (aunque los retrató dentro de un florero), no son las únicas que siguen la ruta del sol por el cielo, en un movimiento conocido como ‘heliotropismo’. Las flores de la soja, la caléndula, el algodón y varias especies de la familia de las malváceas también giran durante el día para mirar a la estrella que ilumina al planeta.

Pero los girasoles también presentan una conducta inédita en el reino vegetal: la autoorganización para recibir más cuotas de luz solar. Cuando los girasoles se plantan en una densidad las flores comienzan a competir por la luz. Pero en vez de dejar ganadores y perdedores, los girasoles tuercen sus tallos y esquivan la sombra de su vecino más cercano. Es, valga la analogía, el movimiento que hacemos en el cine si en la butaca de delante se sienta una persona demasiado alta.

Visto desde el aire, las formaciones de girasoles asemejan a los dientes de un serrucho, con los tallos alternando hacia la derecha e izquierda alternadamente.

La conducta motivada por la alta densidad

El descubrimiento fue, casi de casualidad, del científico argentino Antonio Hall (investigador emérito en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura, del Conicet y la Universidad de Buenos Aires) con el ingeniero agrónomo Abelardo de la Vega. Ellos buscaban estrategias para maximizar el rendimiento del girasol, y en vez de sembrar cinco plantas por metro cuadrado decidieron colocarlas a una densidad de 10 a 14 metros.

Al analizar la disposición alternada de los tallos, decidieron investigar. Y descubrieron que “las plantas comenzaban a sombrearse con sus vecinos en una etapa muy temprana del crecimiento, lo que determinaba el proceso de inclinación”, explica a La Vanguardia Mónica López Pereira, investigadora de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, y autora de la investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences .

Un parque de girasoles en La Garrotxa. ( – Inma Sainz de Baranda)

Los girasoles detectan la calidad de la luz gracias a un fotorreceptor llamado fitocromo, que les permite percibir la diferencia entre la luz roja y la luz roja lejana. Al llegar la luz solar, la hoja absorbe el tono rojo y refleja la luz roja lejana, que es la que expande a su periferia. Esta es la señal que las plantas inmediatas perciben como un sombreado, y que les lleva a inclinarse para el lado contrario.

Plantas que toman decisiones

Además detectaron que, como sucede con otras conductas de autoorganización entre especies animales, hay una planta pionera que inicia el proceso: en un estadio de crecimiento temprano ‘decide’ inclinarse para buscar una mejor calidad de luz, y aquí inicia un efecto dominó que, en ocasiones, puede llegar a chocar con otra hilera de girasoles. Al final, una pobre flor quedará atrapada entre cuotas de sombra demasiado grandes para poder esquivarla.

Según detalla López Pereira, este fenómeno no se da en todos los girasoles. Por ahora las investigaciones se centraron en un híbrido llamado Paraíso 20, que fue desarrollado por la empresa Nidera, que durante 15 años fue muy exitoso en los cultivos pero de baja densidad.

Más rendimiento

El poder cosechar girasoles en una densidad tan alta, y con la ventaja de la autoorganización puede aumentar el rendimiento de estas oleaginosas. El equipo investigador decidió atar varios tallos a estacas y comprobaron que las plantas sombreadas tenían una menor producción. Así concluyeron que esta semilla, que luego desarrolla esta particular conducta, puede aumentar entre un 25 a un 45% su rendimiento, indica esta investigadora argentina.

No todas las semillas de girasol siguen este patrón: “hay híbridos que no se inclinan y otros que lo hacen a una menor intensidad”, apunta. Pero esta investigación abre la puerta para desarrollar semillas que puedan tener esta conducta de autoorganización en sus genes.

López Pereira acota que todavía no tienen noticias que este fenómeno ocurra en cultivos de otras partes del mundo. En España, por ejemplo, los girasoles se plantan en ocho a diez unidades por metro cuadrado, y sus ejemplares son más pequeños que en el país sudamericano, por lo que esta conducta de autoorganización no tiene condiciones para desarrollarse.

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