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Migue Guerrero

Los límites de responsabilidad de la prensa. Por Miguel Guerrero

Para evitar intromisiones peligrosas de la autoridad pública en el ámbito del ejercicio de la libertad de expresión, en algunos países los propios medios se vieron en la necesidad de imponerse normas. Tal es el caso hace años de España, aunque allí las extravagancias radiales y televisivas no alcanzan, justo es reconocerlo, los niveles de irrespeto al público que aquí hemos logrado. Los responsables de los medios españoles acordaron limitar la difusión de mensajes y filmes con altos contenido de obscenidad, violencia, sexo y droga, a horarios fuera del alcance de los niños, ante las quejas crecientes de ciudadanos ofendidos por el daño que esa práctica irresponsable alcanzaba.

En muchas partes, la gente renuncia voluntariamente a muchos derechos con tal de recuperar su tranquilidad. Si esto sigue como va, pudiera ser que los dominicanos, hastiado un día de tanta obscenidad en los medios electrónicos, se sientan tentados a aceptar como normal la represión interventora del gobierno para reglamentar el material de difusión de la radio y la televisión, lo cual sería fatal e imperdonable. Por tanto, estimo como lo más conveniente el que sean los propios medios los llamados a actuar contra esa tendencia nefasta que hoy observamos en la radio y la televisión del país.

Es posible que muchos de los comunicadores que incurren en esa práctica se hayan convencido de que es la manera más rápida de escalar la fama y ganar un buen dinero. Y si eso fuera cierto no dejarían de tener razón, porque es más fácil obtener aquí patrocinio para la exhibición de un vientre con destreza, que para una función cultural .Como también es una realidad que los anunciantes aprecian más el “rating” que la calidad, lo cual explica en cierto modo el proceso de embrutecimiento colectivo que sufrimos. Que me perdonen si con estas reflexiones he ofendido a alguien.

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Migue Guerrero

Entre el mito y la realidad. Por Miguel Guerrero

Sobre la base de mitos se atribuyó a la sociedad comunista un proceso permanente de evolución social que en realidad nunca poseyó. El carácter heroico otorgado a los movimientos marxistas fue por décadas una de las leyendas más propaladas. Sin embargo, el heroísmo y el sacrificio extremo no fueron las notas descollantes en muchos de esos procesos revolucionarios.

La colectivización que provocó más de veinte millones de muertos durante el sangriento mandato de Stalin, fue el paso crucial para la consolidación de la revolución bolchevique y es imposible encontrar en ese proceso negro de la historia soviética algún rasgo de humanidad o algo que la justifique, que no sea la ganancia del poder por parte del tirano y sus colaboradores.

Muchos de esos mitos se han caído por efecto de la realidad. Pero las graves desigualdades sociales que caracterizan la vida moderna los hacen todavía atractivo a los ojos de millones de personas alrededor del mundo. En muchos países de América Latina, si bien en menor intensidad que en el pasado, sigue existiendo la esperanza de un mundo más justo estructurado sobre la base de una mejor distribución de la riqueza en un sistema sujeto al control de la sociedad por una oligarquía política, politburó, que Milovan Djilas, el brillante pensador yugoslavo de la era de Tito, describió como “la nueva clase”.

La revolución castrista, que mantiene aún vivo ese fuego que apenas ya quema, es el ejemplo más patético del fracaso de ese experimento. Al cabo de seis décadas de revolución, los cubanos apenas han conseguido recientemente el derecho a poseer un celular y una computadora. Para protegerlos de la contaminación del cáncer capitalista, el régimen, siempre vigilante, les restringe las llamadas y el acceso al internet. De esta manera, la gerontocracia castrista mantiene intacta la pureza de su revolución.

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Migue Guerrero

Un viejo mito sobre Bosch. Por Miguel Guerrero

La prensa nacional acepta como un hecho uno de los grandes mitos de la política dominicana: la creencia de que el expresidente Juan Bosch fue el fundador de los dos grandes partidos que se han alternado en el poder desde 1996 a la fecha, el Revolucionario (PRD) y el de la Liberación (PLD). En el caso particular del primero el dato, frecuentemente citado en los medios, no se corresponde con la realidad.

Hay toda una historia de teatralidad en relación con la forma en que Bosch alcanzó la cima del PRD. En su libro “Guerra, traición y exilio”, Nicolás Silfa, integrante de la primera misión enviada por el partido al país tras la muerte de Trujillo, sostiene que Bosch tomó el cargo “por su propia cuenta”, proclamándose presidente “a pesar de que el cargo de mayor jerarquía” era el de secretario general, que ostentaba Ángel Miolán, quien así pasó a la segunda posición. Según Silfa, el ascenso de Bosch al cargo “fue a todas luces irregular”, puesto que no se había realizado asamblea, ni se habían enmendado los estatutos con ese propósito.

Miolán tiene otra versión sobre el hecho. En el segundo de una serie de dos artículos publicados en el diario Hoy, el 10 de octubre de 1991, asevera que luego de la gesta del 30 de mayo, el presidente de Costa Rica, José”Pepe” Figueres, convocó a los líderes del PRD y Vanguardia Revolucionara (VRD). Antes de entrar al despacho, Bosch le advirtió que estaban en desventaja, debido a que el otro partido tenía mayor nivel al estar representado por Horacio Julio Ornes y Miguel Ángel Pardo, presidente y secretario general, respectivamente, mientras ellos contaban con el secretario general y él, Bosch, quien fungía entonces como asesor. Miolán cuenta que le respondió diciendo que eso lo arreglaría, haciéndole levantar la mano derecha y juramentándole como presidente, asumiendo la responsabilidad como líder del partido por la decisión. Ninguna de las dos versiones ha sido refutada.

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