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OPINIONES

Abel Martínez, Santiago y la politiquería. Por Fernando Peña


Independientemente de la bulla de algunos disgustados, de sectores e individuos, la realidad de la gestión de Abel Martínez muestra un nivel de calidad institucional y de eficiencia que son dos elementos básicos sobre los que se debe asentar el buen gobierno de nuestros Ayuntamientos.

Abel Martínez, Santiago y la politiquería

Abel Martínez entendió que era necesario un replanteamiento de la política municipal que buscara reforzar la legitimidad del gobierno municipal y acrecentar la confianza de los ciudadanos.

Y es que los Ayuntamiento son una auténtica escuela de democracia; de ahí la importancia de fortalecer los valores públicos y las conductas democráticas tanto de los gobernantes como de los propios ciudadanos.

Hoy nuestra ciudad de Santiago tiene un alcalde ejemplar, que, a pesar de ciertas fallas como todo humano, se ha revelado como un modelo de eficiencia, y productividad a favor de la ciudad corazón.

En meses, bajo una agotadora, y extenuante jornada de críticas a su administración, ha ejecutado tareas de limpieza, ordenamiento y saneamiento institucional, que en nuestro país y en el extranjero le han ganado elogios y apoyo resaltantes.

El ejercicio de los alcaldes en Santiago históricamente ha sido muy desafortunada e ingrata.

A pesar del enorme sacrificio, que algunos alcaldes han intentado hacer por la ciudad en la búsqueda permanente de solucionar sus problemas, todos han sido criticados, porque la gente siente que hacen muy poco o nada, y lo peor, a muchos los han calumniado al calificarlos de corruptos. 

Lo que hace Abel Martínez por Santiago, con el apoyo fundamental del Gobierno Central y sus dependencias merece el aplauso de toda la ciudadanía.

Durante décadas la alcaldía no gozaba de buena reputación, el desorden financiero, la no planificación de las ejecutorias, la ciudad sucia, la politiquería era el norte que le guiaba.

Porque no se estableció anteriormente los métodos, y los procesos para lograr una gestión de calidad y eficiencia. 

Espero que en esta sinopsis de evaluación política de nuestra ciudad la vean fuera de todo interés político o politiquero; hagamos de Santiago, de su gobierno municipal un mandato de buen lujo del buen vivir, apoyando las tareas de bien administrar, y el embellecimiento de la ciudad.

Todo esfuerzo sobrehumano del alcalde obedece tan solo a su compromiso ineludible de pensar en el desarrollo y progreso de nuestra ciudad… Desde este espacio le hago un reconocimiento a su encomiable labor al frente de los destinos de la ciudad. 

No sin antes elevar una plegaria porque no se desvíe de sus responsabilidades, en particular la de la recolección de la basura, que eficientemente lo esta haciendo y el embellecimiento de plazas, parques y avenidas.

La expectativa sobre este gobierno municipal, ocupa la atención de los sectores sociales y políticos.

 ¿Que esperaban los Santiagueros del gobierno municipal? que sea eficiente y trabajador, y que apueste por una ciudad limpia, ordenada, donde sus ciudadanos de todos los estratos sociales y económicos cumplan con las reglas, las normas y las leyes como garantía de mantener el orden y la eficiencia.

Y es que la eficiencia es un principio básico, sin el cual no puede haber gestión de calidad…

Indiscutiblemente que Abel Martínez ha respondido a las expectativas de la gente, del pueblo… 

La gente, los contribuyentes esperan eficiencia y transparencia en los gobiernos locales, que las inversiones de los recursos, las inversiones públicas de resultados de mejores servicios.

Hay que hacer conciencia que los impuestos locales tienen un impacto profundo en los patrones de desarrollo y la capacidad del Ayuntamiento para prestar los servicios públicos necesarios.

Desde esta humilde atalaya les sugerimos al alcalde Abel Martínez que comparta más información, más acercamiento con periodistas y básicamente con la gente, nuestro municipio debe trabajar en equipo para proporcionar más coordinación en la prestación de servicios y para eliminar las barreras que impiden la coordinación de programas a niveles locales.

Juntos, alejado de la politiquería, podemos hacer que el gobierno municipal sea más eficaz, lo que ayudará a que nuestros barrios y comunidades sean más competitivas económicamente y más habitables para todos los residentes.

El autor es periodista

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Andy Dahuajre

Pecado original del derecho penal de los derechos humanos. Por Eduardo Jorge Prats


Un pecado afecta al derecho penal de los derechos humanos que se remonta a los orígenes mismos de dicha disciplina en los juicios de Nuremberg a los criminales de guerra nazis y cuyas consecuencias todavía sufrimos hoy día, a 70 años de aquel proceso sin parangón en la historia. En dichos juicios, se condenó a personas por una serie de delitos, como los crímenes de lesa humanidad, que fueron establecidos durante el proceso judicial y no previo al momento en que se cometieron los hechos, como exige el principio de legalidad penal, cuya finalidad es que el acusado pueda saber qué conductas están prohibidas o permitidas por el derecho y, en consecuencia, esté en condiciones de prever las consecuencias que acarrea la realización de las mismas. Por si lo anterior fuera poco, no se trató de un proceso imparcial, pues el tribunal estaba constituido exclusivamente por representantes de las potencias vencedoras en el conflicto bélico mundial y la investigación e instrucción fueron llevadas a cabo por personal designado por las potencias vencedoras; no hubo instancia superior a la que pudieran recurrir los condenados; el procedimiento aplicado desconoció los principios elementales de validez y carga probatoria; y no se permitió la asistencia de abogados a los imputados durante la fase de instrucción ni se les permitió acogerse al derecho de no autoincriminación.
Lo anterior fue justificado, parcial o totalmente, por los juristas de la época, entre ellos Hans Kelsen y Gustav Radbruch, a pesar de que se trataba de principios básicos del Estado de Derecho, cuya violación paradójicamente se imputaba a los acusados en Núremberg. Tanto el Tribunal como la doctrina mayoritaria de entonces como de ahora justificó, por ejemplo, la violación de la máxima “nullum crimen sine lege”, bajo el predicamento de que constituiría una injusticia mayor permitir que infracciones intencionadas contra los instrumentos internacionales quedaran impunes, al tiempo que se afirmaba que las conductas sancionadas se hallaban previamente prohibidas por el derecho internacional. Pero es obvio que los procesos se basaron en una legislación “ex post facto”; que el derecho internacional no preveía sanción penal para muchas de las conductas sancionadas; que aquellas que constituían un ilícito internacional no acarreaban consecuencia punitiva y solo activaban la responsabilidad internacional del Estado; que otras, como los crímenes de guerra, si bien existían en el derecho internacional consuetudinario, no contaban con una descripción típica concreta, con lo que se violaba el principio de taxatividad; y que los crímenes contra la humanidad, aunque pudieran considerarse delitos en la legislación interna alemana, no fueron sancionados en base a esta legislación ni con las consecuencias legales punitivas previstas en el ordenamiento jurídico alemán.
Si todo se hubiese quedado en Nuremberg no hubiese problemas. Pero la cuestión es que el pecado original ha irradiado con posterioridad no solo alderecho penal internacional –donde se manifiesta en la falta de taxitividad de los crímenes internacionales- sino también al derecho penal de los estados, que considera que quienes violaron los tratados de derechos humanos, al ser juzgados por los tribunales, deben tener sus garantías materiales y procesales disminuidas por el solo hecho de que se les impute haber cometido crímenes de lesa humanidad. Así, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Barrios Altos, determinó que “son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos”. Por su parte, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el caso Penart v. Estonia, a pesar de que los actos cometidos por los acusados podían ser legales bajo el Derecho soviético en el tiempo de su comisión, condenó a estos por crímenes contra la humanidad que fueron definidos cuatro décadas después de su comisión.
Estas decisiones, junto con otras más de jurisdicciones internacionales y nacionales, han ido conformando un neopunitivista derecho penal del enemigo de los derechos humanos, “cuarta velocidad del derecho penal” muy criticada por la doctrina penal que entiende el derecho penal como un derecho de garantías, pero que, sin embargo, constituye hoy un paradigma incuestionable para los estados, los activistas de derechos humanos y la sociedad civil, a pesar de estas manchas a su legitimidad. Esto hay que decirlo desde la dogmática y la academia si creemos, junto con el siempre lúcido Max Weber, que “el profeta y el demagogo no pertenecen a la cátedra de un aula”.

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Andy Dahuajre

Leonel Fernández, una derrota innecesaria. Por Melvin Matthews

La aprobación en la Cámara de Diputados de la debatida y anhelada Ley de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Politicos, tras una dramática alianza entre legisladores del Presidente Danilo Medina y de la oposición, trajo consigo la derrota de las posturas contrarias sustentadas por los congresistas leales al ex presidente Leonel Fernandez, quien en una publicación aparecida el martes, pronosticaba que la novedosa legislación provocará “la extinción del sistema de partidos y la muerte de la democracia, en el mediano y largo plazo”.
El presidente Danilo Medina ha ganado otra jornada de la larga confrontación que sostiene con su compañero Fernández, ahora en torno al proyecto pendiente de la segura sanción del Senado. Junto a sus 70 diputados, Medina logró arrimarse el apoyo del PRM, el cual emerge como una organización de tácticas imprevisibles, más los apoyos de su aliado el PRD y del sorprendente PRSC, que sostenía posturas inflexibles frente al gobierno.
Fernandez sufrió una derrota innecesaria y peligrosa de cara al futuro inmediato. Innecesaria, porque debilitó su liderazgo, perdió mucho tiempo y gastó muchas municiones politicas librando un improductivo combate, que, en virtud de su experiencia como estadista de 12 años en el poder, no podía darse el lujo de perder. El conoce perfectamente la fortaleza presidencial; aquella, que en determinadas circunstancias, resulta inexpugnable; peligrosa su derrota porque la intransigencia, la incapacidad de ambos para armonizar posiciones, dejó expedito el camino hacia la división del partido de gobierno, a menos que predomine la reflexiva cordura.
Dos decisiones de Medina impidieron la caida del proyecto: su carta a los presidentes del Congreso exhortandoles a crear una comisión mixta especial de consenso, y la extensión de la legislatura ordinaria.
La nación tiene la anhelada ley, Medina salió fortalecido y Fernandez ha quedado inexplicablemente solitario. Craso error.

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