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“La ilusión del indulto”. Por Miguel EGuerrero


En la psiquiatría se denomina “ilusión del indulto” a un estado de ánimo caracterizado por una especie de mecanismo de amortiguación interna percibida por los condenados a muerte, justo antes de su ejecución. Viktor Frankl, en su obra “El hombre en busca de sentido”, considerado por la biblioteca del Congreso de Estados Unidos como uno de los diez libros de mayor influencia en ese país, dice que en ese preciso momento los condenados “conciben la infundada esperanza—sin apoyadura en ningún dato real—de ser indultados en el último minuto”. Esta “ilusión” se da también en muchos otros aspectos de la vida y en nuestro país se repiten los ejemplos. Tomemos, para citar tal vez la que mejor lo refleja, la situación de los partidos y las esperanzas que muchos dirigentes infunden en sus seguidores. Sabemos cuán delicada es y el peligro escondido detrás de la ilusión de que el triunfo electoral es solo cosa de tiempo. La gente se aferra así a la idea de que está próximo el momento en que todo le cambiará en la vida. Y esa posibilidad, tan remota a veces como ganar la lotería, para muchos nunca llega y la frustración se les torna desesperante, creando más soldados a un ejército de frustración, lo que no ayuda a mejorar la vida política del país.

Agarrarse a lo que Frankl llama “una tenue esperanza” con la finalidad de atenuar los efectos de ese momento decisivo, puede ser un consuelo, un eficaz atenuador de la cruda realidad, pero no la cambia. Como cada cierto tiempo, con la llegada de un nuevo proceso electoral, los dominicanos renuevan sus esperanzas de cambios, el mecanismo de amortiguación descrito por la psiquiatría puede servir para lograr el efecto tranquilizante que la experiencia vivida no nos permitiría alentar. Las víctimas colectivas terminan admitiendo que esa “ilusión” no modificará las cosas, con el probable agravante de una campaña demasiada larga, vacía y costosa.

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