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Urgencias de vientre. Por Julio Cury

El tiempo nos ha enseñado que el futuro nunca es como nos lo prometen algunos políticos. Cada vez que las elecciones se nos vienen encima, candidatos a posiciones electivas reparten juramentos de bienestar a granel que rarísimas veces cuajan en realidad. Y los que aspiran a ser reelectos, interesados en preservar la zafra, se auxilian de los recursos públicos para resolverles necesidades perentorias a infelices a cambio de que sacrifiquen sus preferencias electorales.

Pero a decir verdad, la culpa de que hayamos prorrogado las insatisfacciones colectivas que se airean diariamente y por todos los medios, no es sino de los mismísimos pobres que comercian con sus derechos ciudadanos. En el 2016, la ciudad de Santo Domingo fue objeto de un rimero de promesas. Por un lado, Roberto Salcedo reiteró su propuesta municipal, y por el otro, David Collado formuló ofertas de obras, mercados, remozamiento, pavimentación de calles, organización y señalización vial, en fin, le dio por el gusto a los capitaleños.

La competencia entre uno y otro fue contemplada como la definición de un cambio que renovara la esperanza en el Distrito Nacional, y lo cierto es que a mi amigo Roberto, con 14 años consecutivos en la Alcaldía, lo concibieron como la oportunidad de voltearnos en la parrilla y asarnos del otro costado.

El resultado de aquel certamen pudiera prestarse a largas disquisiciones y no es esta la tribuna para hacerlo.

Ahora bien, ¿cómo era posible que en el parque Mirador del Sur, principal centro de esparcimiento de la ciudad, no tuviese un solo baño público que le permitiese a cualquiera de los muchos munícipes que lo visitan satisfacer una urgencia imprevista de vientre? De vez en cuando a todos nos asaltan apuros que no pueden esperar, y disponer de aseos en lugares de alto tránsito equivale a asegurarle a los transeúntes su plena movilidad, tema al que muchas ciudades latinoamericanas le han prestado atención durante largos años.

La interrogante resultaba más dolorosa si se tomaba en cuenta que el costo aproximado de un inodoro es de 5 mil pesos, el de un lavamanos, 3 mil, y los ingresos mensuales del Ayuntamiento del DN han sido y son centenares de millones.

Sin embargo, no hace mucho tiempo, al percatarme de que el parque Mirador del Sur fue dotado de varios baños públicos que le permiten satisfacer sus naturales urgencias de vientre a las miles de personas que diariamente van allí a ejercitarse o recrease, exclamé: ¡Por fin!

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