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Martinez Moya

La fatal tendencia al pesimismo. Por Miguel Guerrero   |


A pesar de la sonrisa de los dominicanos, en el fondo, en la mayoría de nosotros late una tendencia a verlo todo entre el gris atardecer de un día lluvioso de otoño y la ominosa oscuridad que antecede al paso de un huracán. Si alguien duda bastaría con preguntar a un ganador de la lotería cómo le va y probablemente, después de pensarlo con un ligero mohín en sus labios, le dirá: “Bueeno.., más o menos”.


Recientemente me encontré en una entidad bancaria con un viejo y estimado empresario con propiedades en tres centros de recreación, una lancha, un negocio de exportación e importación y un apartamento de 500 metros en el más lujoso sector de la ciudad. Se quejó de “lo mal que están las cosas y lo peor que podrían ponerse”. Lo consolé diciéndole que si en efecto no todo está como quisiéramos en definitiva el país será el resultado de lo que todos los dominicanos hagamos, cada uno dentro del universo en que se desenvuelve. Por supuesto, no le gustó mi observación.

Nos despedimos en el estacionamiento después de verle pagar el consumo de un mes de 850 mil pesos en tarjeta de crédito. Abordó su Mercedes y se despidió diciendo: “Te entiendo, pero esto no está bien”. Presumo que mi amigo maneja información que le lleva a ese grado fatal de pesimismo. Pero hay verdades que no duelen y no se explican en ciertas bocas.

Ciertamente el país no es una copia del paraíso y hay muchos asuntos que arreglar. Pero dejando a un lado las pasiones y las ambiciones personales, podría verse una realidad ajena totalmente a la visión que nos pinta nuestra incorregible tendencia al pesimismo. La realidad es que el país funciona, tal vez no como desearíamos, pero funciona. Funcionan las cámaras, los partidos, las universidades, los sindicatos y hasta el periodismo y los tribunales, que ya es mucho decir. A fin de cuentas, una nación es como una empresa. Si no se cree en ella no servirá de mucho.

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Martinez Moya

Los multitentáculos de la censura. Por Miguel Franjul

Miguel Franjul

Como la mitológica Hidra de Lerna, que tenía siete cabezas venenosas, así de multifacética es la censura contra la libertad de prensa, especialmente en el área digital, hasta ahora el escenario más amplio que existe para la difusión de las ideas del hombre.

Hasta aquí llegan los enemigos de la verdad y la transparencia, de la crítica o del disentimiento con sus distintas herramientas coercitivas. Y los ejemplos más recientes que ilustran esta conspiración contra la libertad de expresión se han dado en Venezuela, bajo la dictadura de Maduro y en otros países de nuestro continente, regidos por mandatarios antidemocráticos.

Después de haber asfixiado a casi toda la prensa impresa independiente de ese país, que a diario denunciaba la quiebra premeditada de la democracia, también persiguió a esta con sistemática intolerancia cuando migraron a la esfera digital.

Los impresos que abandonaron las rotativas, 52 periódicos y semanarios de dilatada presencia en Venezuela, se encontraron con el mismo enemigo en sus plataformas de internet, en la forma de bloqueos intermitentes o en algunos casos permanentes, que impedían el acceso de los usuarios a sus páginas.

El gobierno autocrático tiene el monopolio del bloqueo y el filtrado de los contenidos de internet que pretenden difundir las versiones digitales de los diarios asfixiados, obligando incluso a los proveedores privados de los servicios de telefonía y cable, a someterse a sus reglas restrictivas.

La censura comienza por una denegación de servicios a los usuarios, poniéndosela difícil a los ciudadanos que tratan de buscar contenidos no sesgados por la censura oficial.

Y mientras los diarios digitales luchan por sobrevivir, el gobierno también utiliza otra de las cabezas de la Hidra de Lerna, para montar en paralelo una red de medios digitales de línea oficialista, pretendiendo aparentar que el espacio digital está nutrido de opciones independientes, aunque en el fondo se trata de imponer la hegemonía comunicacional unidireccional.

La censura alcanza la radio y la televisión por cable. Según un reporte del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela, otra forma de censura es la “no respuesta” de conexión, que impide a los futuros usuarios poder acceder a los portales ‘web’ que operan en el país, una maquinación en la que aparecen comprometidas empresas privadas, como la Digitel, que encabeza los ejemplos de censura con más del 70 por ciento de los casos de bloqueos, en perjuicio de los usuarios de Movilnet y Movistar, entre otras.

Estas formas de censura digital no solo se dan en Venezuela. Se manifiestan en otros países latinoamericanos con regímenes autocráticos o con igual vocación y de ahí la importancia de que la prensa libre impulse y luche por imponer los principios de la “Declaración sobre la Libertad de Expresión en la Era Digital”, aprobada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en su última asamblea general en Salta, Argentina, el pasado mes de octubre.

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Martinez Moya

La rápida caducidad de las noticias . Por Miguel Franjul

Miguel Franjul

Las noticias, hoy, caducan más pronto que en otros tiempos.

Es tan grande el aluvión de informaciones que difunden las redes sociales que resulta imposible al cerebro humano almacenarlas y procesarlas con la misma velocidad que estas llegan y se van.

Para no intoxicarse con ellas, los usuarios no tienen más alternativa que dedicar a estas el mínimo de tiempo de lectura que les permita enterarse de inmediato de las novedades y sentirse saciados o satisfechos al registrar el hecho elemental.

Pero en el fondo y a los lados de un episodio noticioso subyacen aspectos que la superficialidad y la inmediatez pasan por alto y que, en esencia, nutren un conjunto de historias desconocidas pero interesantes.

Como las noticias digitales caducan rápido, las oportunidades de aumentar sus “expectativas de vida” radican en las buenas crónicas que los periodistas puedan hacer de estos sucesos relevantes con relatos a profundidad que ayuden a explicarlos, a entenderlos, a medir sus repercusiones y a presentarlos en su justo y real contexto.

Por eso los medios tradicionales priorizan en estos tiempos este género periodístico que parecía enclaustrado, como un antídoto contra la caducidad de la noticia breve, pura y simple, que caracteriza la oferta digital, y de esa forma rescatan las riquezas intrínsecas de historias, datos, testimonios y experiencias humanas que quedaron rezagadas y apabulladas por la superficialidad.

Uno de los grandes defensores del modelo de revivir la crónica en el periodismo de calidad es el colombiano Alberto Salcedo Ramos, instructor de la Fundación Gabriel García Márquez Para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, quien aclara que la crónica no sustituye a la noticia, cuya finalidad es informar un hecho tan pronto sucede.

Salcedo Ramos dice que cuando el mero registro de una noticia no cumple ninguna función porque el público ya conoce el suceso “ lo que sigue es descubrir en el algunas historias que nos ayuden a explicarlo”.

“Cuando tú lees con atención una noticia descubres en ella posibles historias para hacer crónicas, y si lees una crónica que está bien hecha vas a encontrar en ella noticias e informaciones que no se sabían”.

Naturalmente que la crónica no es solo un privilegio o un recurso exclusivo de la prensa tradicional. Por el contrario, puede convertirse en una de las futuras fortalezas del periodismo digital si se aprovechan las herramientas tecnológicas audiovisuales y se encajan con textos bien articulados para que cumplan con las exigencias del género.

Los periódicos impresos tienen la extraordinaria ventaja, al cultivar la crónica, de desplegar sus destrezas en el manejo combinado de muchos géneros a la vez, como el reportaje, la entrevista, las técnicas del cuento o la novela, entre otros, y producir las grandes historias del día después que se quedaron ocultas en el torrente veloz de las noticias del momento en la esfera digital.

Traducción al inglés

The quick expiration of the news

The news of today expire sooner than in previous times. The flood of information disseminated through social media is so beyond measure that it’s impossible for the human brain to store and process them at the same speed that they come and go.

In order to not become intoxicated with them, users don’t have any other alternative than to dedicate the minimum reading-time possible to each and every one of the news events as long as they become satisfied enough with the basics and at such immediacy.

But at the bottom, and at the sides, a news episode has more aspects that superficiality and immediacy overlook and, in essence, those can nourish a set of unknown but interesting stories.

Since digital news expire so fast, the opportunities to increase their “life expectancies” lie in the good reports that journalists can make of these relevant events with in-depth stories that help explain, understand and present them in just their real context, so then they can measure better repercussions.

That’s why traditional media prioritize, nowadays, this journalistic genre that seemed cloistered, as an antidote against the quick expiration of news that can be categorized as brief, pure and simple, which is emblematic of digital media, and in this way they rescue the intrinsic riches of the stories, testimonies, human experiences and other nice details that were left behind and overwhelmed by superficiality.

One of the greatest defenders of the model of reviving the chronicles, within the exercise of high-quality journalism, is the Colombian journalist Alberto Salcedo Ramos, instructor of the new Ibero-American Journalism foundation, who clarifies that chronicles do not replace the news because the news’ purpose is to report a fact as soon as it happens.

Salcedo Ramos advises that when the mere registration of a news event does not fulfill any desire, because the audiences already know about it, “what’s next is to discover some new stories that help us narrate it all”.

“When you read a news event, with much attention, you discover in it possible stories to make chronicles with, and if you read a chronicle that is well redacted you will find in it data and information that weren’t really known at all”.

Naturally, the chronicles aren’t just some privileges or exclusive resources of the traditional press, on the contrary, they can be great forts for what we call digital journalism, but only if audiovisual tools are properly taken advantage of, as in if they’re properly mixed with well-articulated texts, so that the demands of this genre are met.

Printed newspapers have the extraordinary advantage, by cultivating the chronicle, of displaying their skills through the combined handling of many genres at once, such as reports, interviews, novel techniques or storytellings, among others, and by producing large stories for the day-after, which more than often remain hidden in the fast-flowing news torrent of the digital sphere.

– Translated from Spanish by Randy Rodriguez.

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