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Martinez Moya

La fatal tendencia al pesimismo. Por Miguel Guerrero   |


A pesar de la sonrisa de los dominicanos, en el fondo, en la mayoría de nosotros late una tendencia a verlo todo entre el gris atardecer de un día lluvioso de otoño y la ominosa oscuridad que antecede al paso de un huracán. Si alguien duda bastaría con preguntar a un ganador de la lotería cómo le va y probablemente, después de pensarlo con un ligero mohín en sus labios, le dirá: “Bueeno.., más o menos”.


Recientemente me encontré en una entidad bancaria con un viejo y estimado empresario con propiedades en tres centros de recreación, una lancha, un negocio de exportación e importación y un apartamento de 500 metros en el más lujoso sector de la ciudad. Se quejó de “lo mal que están las cosas y lo peor que podrían ponerse”. Lo consolé diciéndole que si en efecto no todo está como quisiéramos en definitiva el país será el resultado de lo que todos los dominicanos hagamos, cada uno dentro del universo en que se desenvuelve. Por supuesto, no le gustó mi observación.

Nos despedimos en el estacionamiento después de verle pagar el consumo de un mes de 850 mil pesos en tarjeta de crédito. Abordó su Mercedes y se despidió diciendo: “Te entiendo, pero esto no está bien”. Presumo que mi amigo maneja información que le lleva a ese grado fatal de pesimismo. Pero hay verdades que no duelen y no se explican en ciertas bocas.

Ciertamente el país no es una copia del paraíso y hay muchos asuntos que arreglar. Pero dejando a un lado las pasiones y las ambiciones personales, podría verse una realidad ajena totalmente a la visión que nos pinta nuestra incorregible tendencia al pesimismo. La realidad es que el país funciona, tal vez no como desearíamos, pero funciona. Funcionan las cámaras, los partidos, las universidades, los sindicatos y hasta el periodismo y los tribunales, que ya es mucho decir. A fin de cuentas, una nación es como una empresa. Si no se cree en ella no servirá de mucho.

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Martinez Moya

Alerta política. Por Rosario Espinal

Arranca el vuelo. Apriétense los cinturones. Se anuncia mal tiempo. Comenzó la campaña electoral sin calendario ni apego a las leyes, viejas o nuevas. Salieron de la gatera las huestes reeleccionistas y antirreeleccionistas. ¿Choque de trenes? ¿Guerra a muerte? ¿Constitución violada? ¿División? ¿Democracia? ¡Oh no!

Habrá pelea fuerte en el PLD, en el PRM, y en muchos minoritarios que no saben qué hacer para disfrutar del poder.

El panorama se vislumbra incierto y no hay remedio. La gente ya quiere saber quién ganará en el 2020, pero aún no hay candidatos escogidos, ni siquiera están en el roster todos los precandidatos posibles.

Se siente la impaciencia. Se alborotan los activistas, los interactivos, los comentaristas, los terroristas de la palabra en las redes.

Los políticos están dislocándose. Todos fajados a ver si ganan por lo menos un palé. El mismo cántico resuena en las provincias y los municipios. Las mismas ambiciones dibujadas con engaños. ¡Más de lo mismo!

En el PLD sobran aspirantes. ¿Quién estará subvencionando tantos precandidatos sin futuro inmediato? ¿Y hay tantos cuartos para tirar al aire?

El cuadrilátero lo dominan Leonel y Danilo. Uno ya salió de cuerpo entero y el otro de medio cuerpo. Pronto se reencontrarán cara a cara como en el 2015: un ganador y un derrotado. Los demás a su redil; unos minutos de fama, algunos carteles y se acabó.

El PLD es ya prisionero del mal endémico: el caudillismo. La fábrica de presidentes fue un decir, metáfora para los anales de la historia. Danilo y Leonel marcan el ritmo jugando a las escondidas a plenas luz del día. Si no fuera porque la política tiene tantas consecuencias serias, el espectáculo sería digno de una ligera comedia. El acto se inicia patético, realmente patético. Leonel por volver y Danilo por quedarse. ¿Será un replay?

En el PRM falta un cuarto bate. Hipólito estropea los juegos. Abinader espera pacientemente y da toquecitos al pitcher que no alcanzan para llegar a primera. No hay avance y se desalientan las gradas. Mucha gente se queja, mucha gente espera. Los desempleados, los mal empleados, en este país de dádivas estatales. No es fácil estar abajo. Los dirigentes no se dan cuenta porque siempre están arriba, no importa del partido que sean.

La ilusión de una tercera fuerza se va marchitando nuevamente. Y si surgiera, se vislumbra horrenda. Algún fascista podría ser la respuesta al creciente descontento ciudadano por la corrupción y la delincuencia.

La política del cálculo en la que se ha embarcado el PLD generará eventualmente la búsqueda de pasión política. Algún “redentor” prometerá la “salvación”. Pero el país no ha llegado aún al punto de saturación. Para eso se necesita una crisis de la macroeconomía, aunque en teoría no lo entienda la inmensa mayoría.

En el 2020 habrá una guerra de papeletas, y quien más tenga se impondrá. Solo un potente jonronero en el PRM podría detener la avalancha del PLD, después que en el morado se produzca el remate y se coloquen en fila todos los candidatos para volver. Arriba con presión es lo más cercano a la gloria, piensan los peledeístas.

Alerta: el país entra en tiempo de peligro político.

Cuidado con exasperarse, pelear en la calle, o enemistarse por politiquería. No se le ocurra matar ni golpear a nadie en medio de un pique. No arriesgue su vida ni la de su familia. Evite contaminarse con los malos modales de las redes sociales.

Infórmese, reflexione y tome decisiones. Es el mejor antídoto al desparpajo político.

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Martinez Moya

Los multitentáculos de la censura. Por Miguel Franjul

Miguel Franjul

Como la mitológica Hidra de Lerna, que tenía siete cabezas venenosas, así de multifacética es la censura contra la libertad de prensa, especialmente en el área digital, hasta ahora el escenario más amplio que existe para la difusión de las ideas del hombre.

Hasta aquí llegan los enemigos de la verdad y la transparencia, de la crítica o del disentimiento con sus distintas herramientas coercitivas. Y los ejemplos más recientes que ilustran esta conspiración contra la libertad de expresión se han dado en Venezuela, bajo la dictadura de Maduro y en otros países de nuestro continente, regidos por mandatarios antidemocráticos.

Después de haber asfixiado a casi toda la prensa impresa independiente de ese país, que a diario denunciaba la quiebra premeditada de la democracia, también persiguió a esta con sistemática intolerancia cuando migraron a la esfera digital.

Los impresos que abandonaron las rotativas, 52 periódicos y semanarios de dilatada presencia en Venezuela, se encontraron con el mismo enemigo en sus plataformas de internet, en la forma de bloqueos intermitentes o en algunos casos permanentes, que impedían el acceso de los usuarios a sus páginas.

El gobierno autocrático tiene el monopolio del bloqueo y el filtrado de los contenidos de internet que pretenden difundir las versiones digitales de los diarios asfixiados, obligando incluso a los proveedores privados de los servicios de telefonía y cable, a someterse a sus reglas restrictivas.

La censura comienza por una denegación de servicios a los usuarios, poniéndosela difícil a los ciudadanos que tratan de buscar contenidos no sesgados por la censura oficial.

Y mientras los diarios digitales luchan por sobrevivir, el gobierno también utiliza otra de las cabezas de la Hidra de Lerna, para montar en paralelo una red de medios digitales de línea oficialista, pretendiendo aparentar que el espacio digital está nutrido de opciones independientes, aunque en el fondo se trata de imponer la hegemonía comunicacional unidireccional.

La censura alcanza la radio y la televisión por cable. Según un reporte del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela, otra forma de censura es la “no respuesta” de conexión, que impide a los futuros usuarios poder acceder a los portales ‘web’ que operan en el país, una maquinación en la que aparecen comprometidas empresas privadas, como la Digitel, que encabeza los ejemplos de censura con más del 70 por ciento de los casos de bloqueos, en perjuicio de los usuarios de Movilnet y Movistar, entre otras.

Estas formas de censura digital no solo se dan en Venezuela. Se manifiestan en otros países latinoamericanos con regímenes autocráticos o con igual vocación y de ahí la importancia de que la prensa libre impulse y luche por imponer los principios de la “Declaración sobre la Libertad de Expresión en la Era Digital”, aprobada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en su última asamblea general en Salta, Argentina, el pasado mes de octubre.

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ENCUESTA LIBRE

¿Esta el país preparado para el voto automatizado?

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