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El control de la información pasa de manos . Por Miguel Franjul

Las recientes medidas tomadas por grandes proveedores de contenidos digitales para bloquear noticias falsas y anuncios y para decidir qué tipo de informaciones pueden entrar o no en sus canales de tráfico, están creando un nuevo hiper-poder en las comunicaciones sociales en el mundo.

El tradicional modelo en el que los medios mantenían el control de las relaciones con los usuarios y clientes ha sido sustituido, gradualmente, por unas contadas compañías, como Google, Apple, Facebook y Twitter, que monopolizan la distribución de los contenidos online.

Estas reciben, a su vez, los mayores ingresos por la publicidad digital y por los servicios de pago que ofrecen, como en el caso de la música, las películas, la mensajería y las aplicaciones tecnológicas que permiten a un usuario sacar mayor provecho a sus dispositivos móviles.

Muchas de estas compañías se han convertido también en agencias publicitarias que colocan los avisos en las distintas plataformas bajo su control, sin que los medios impresos que poseen sus digitales puedan beneficiarse del despliegue que estas hacen de los anuncios en las redes sociales.

Juegan un papel decisivo discriminando que tipo de noticias ofrecerán a los usuarios de las redes, a pesar de que no son los productores directos de esos contenidos sino unos poderosos distribuidores o intermediarios de los mismos.

Los medios tradicionales no saben cómo eludir este poderoso control, que cada día se hace más ostensible y extenso porque tales proveedores tienen capacidad financiera para costear las investigaciones y la producción de nuevas tecnologías.

Si los medios se dispusieran a crear sus propias aplicaciones o plataformas de distribución de largo alcance para esquivar este dominio de los intermediarios, dudo que logren el oxigeno suficiente para competir con estos grandes.

Folha de San Paulo, el diario de mayor circulación de Brasil, se le zafo del control a Facebook y decidió dejar de publicar sus contenidos en esta red luego que estableciera un algoritmo para dar más relevancia a otros contenidos de interacción personal, más que a los noticiosos.

No sabemos si con esto abre las puertas a una tendencia que pudieran imitar otros grandes diarios del mundo. Pero marca un precedente.

En medio de este panorama en el que un grupo pequeño de empresas maneja todo el torrente de la información global, habrá que preguntarse cuál sería el derrotero de la libertad de prensa en un escenario en el que lo que más parece interesar son las ganancias que producen los consumidores de las grandes audiencias, no el legítimo derecho de los ciudadanos a estar plenamente informados de todo cuanto acontece, sin cortapisas electrónicas o de otra índole.

¿Cual seria, entonces, el futuro del periodismo libre e independiente, que tradicionalmente se ha enfocado en la defensa del sistema democrático bajo el cual se garantiza el acceso de todos los ciudadanos a la información y a la libre expresión de sus ideas?

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