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Michelle Bachelet cerró una era: América Latina se quedó sin mujeres presidentas

El Gobierno de la mandataria chilena, Michelle Bachelet, finalizó este domingo dejando a América Latina “huérfana” de mujeres presidentas y sin una figura que pueda mantener ese liderazgo político femenino, del que también formaron parte Cristina Fernández en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil.

Aunque Latinoamérica fue la primera región en el mundo donde se eligió a una mujer para la jefatura de Estado, este año en medio del amplio calendario electoral no se vislumbra a una aspirante con firmes opciones de llegar a la Presidencia y continuar así con un movimiento pionero que inició hace casi 30 años.

En 1990 Violeta Chamorro llegó a la Presidencia de Nicaragua y se convirtió en la primera mujer que fue elegida mandataria por voto popular, le siguió los pasos 9 años después Mireya Moscoso en Panamá y en 2006 fue el turno de Bachelet, primera y única mujer que ha llegado a la Presidencia de Chile. Su primer periodo de Gobierno fue de 2010 a 2014 y este 11 de marzo cedió el poder al derechista Sebastián Piñera, también por segunda ocasión.

Michelle Bachelet se despidió de la presidencia de Chile (Reuters)
Michelle Bachelet se despidió de la presidencia de Chile (Reuters)

Cristina Fernández estuvo al frente de Argentina de 2007 a 2015, siendo la única mandataria en el país que completó ocho años consecutivos, tras ser reelegida, y el año pasado fue elegida senadora, cargo que ejerce actualmente.

Dilma Rousseff ocupó la Presidencia de Brasil de 2011 hasta el 31 de agosto de 2016, año en que fue destituida tras un juicio parlamentario. Ha sido la única jefa de Estado del gigante latinoamericano.

La salida de Dilma fue a través de un largo proceso parlamentario (AP)
La salida de Dilma fue a través de un largo proceso parlamentario (AP)

Laura Chinchilla dirigió Costa Rica de 2010 a 2014, siendo también hasta el momento la primera y única mujer en ocupar la Presidencia del país centroamericano.

“Es una mala noticia que en la región no habrá presidentas en 2018, pero a largo plazo las cosas lucen distintas. Con los congresos más igualitarios y diversos, las jóvenes lideresas de América Latina serán las protagonistas de la política de los próximos años”, pronosticó Chinchilla en una columna para el New York Times.

La ex presidente de Costa Rica, Laura Chinchilla
La ex presidente de Costa Rica, Laura Chinchilla

Ante este panorama, ONU Mujeres lamentó que Latinoamérica se quede ahora sin mujeres en la Presidencia.

Tuvimos un momento en la región con cuatro mujeres presidentas y esta semana vamos a perder a la última de ellas“, comentó Lara Blanco, directora regional adjunta de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe.

El fin del Gobierno de Bachelet coincide con las actividades por el Día Internacional de la Mujer, que este jueves registró una movilización mundial sin precedentes.

En ese sentido, Blanco recordó que “es importante señalar cuánta violencia política se ha ejercido sobre estas mujeres que ejercieron cargos públicos y lideraron países. El escrutinio hacia las mujeres es mayor y nos toca usualmente pagar precios más altos“.

Otros antecedentes

Nicaragua, Panamá, Chile, Argentina, Costa Rica y Brasil son los únicos países en la región que han tenido presidentas elegidas democráticamente.

Sin embargo, otras mujeres han ocupado ese cargo por sucesión constitucional, por designación del Parlamento o regímenes de facto en transición.

María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabelita, asumió la Presidencia en 1974, tras la muerte de su esposo Juan Domingo Perón, cuando ella ejercía el cargo de vicepresidenta.

(Getty)
(Getty)

La jueza de la Corte Suprema de Haití Ertha Pascal-Trouillot gobernó al país más pobre de América de 1990 a 1991, para el período de transición tras el golpe de Estado.

Lidia Gueiler Tejada fue designada por el Congreso como presidenta de Bolivia de 1979 a 1980, tras el golpe de Estado de Alberto Natusch Busch.

Rosalía Arteaga gobernó Ecuador por 48 horas en febrero de 1997, tras el derrocamiento de Abdalá Bucaram.

La ex primera dama y ex primera ministra de Guyana Janet Jagan gobernó de 1997 a 1999, tras la muerte de su esposo.

En el Caribe también es común que las mujeres ocupen el puesto de primer ministro. Dame Eugenia Charles en Dominica en 1980, Portia Simpson Miller en Jamaica (2006-2007 y 2012-2016) y Kamla Persad-Bissessar en Trinidad y Tobago (2010 y 2015).

Intentos truncos

Otras mujeres han tratado de llegar a la Presidencia de sus países como la ex primera dama de Honduras Xiomara Castro en 2013, le siguió en 2015 la ex primera dama guatemalteca Sandra Torres y en ese mismo año la haitiana Maryse Narcisse.

En 2013 la chilena Evelyn Matthei se enfrentó en segunda vuelta a Bachelet, siendo el primer duelo entre dos mujeres por la Presidencia de un país en Latinoamérica.

A su vez, la peruana Keiko Fujimori, hija del ex dictador Alberto Fujimori, llegó en dos ocasiones al ballotage (2011 y 2016), pero perdió ante Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski, respectivamente. Sin embargo, todavía es la principal opositora del gobierno y se perfila para candidatear en el 2021.

En el actual mapa electoral aspiran a la Presidencia, sin muchas opciones de ganar, las colombianas Marta Lucía Ramírez y Piedad Córdoba para las elecciones de mayo de este año y la ex primera dama mexicana Margarita Zavala para los comicios de julio.

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La expresidenta Cristina Fernández comparece ante la Justicia por presunta red de sobornos

BUENOS AIRES.- La expresidenta y actual senadora argentina Cristina Fernández compareció hoy ante la Justicia tras ser citada en una causa en la que se investiga la existencia de una presunta red de sobornos de empresarios de la obra pública a funcionarios del kirchnerismo (2003-2015).

Acompañada de su custodia, la exmandataria salió esta mañana de su casa en el barrio porteño de Recoleta, en cuyas puertas se agolparon decenas de periodistas y algunos vecinos, para trasladarse a los tribunales federales de Comodoro Py, a donde llegó hacia las 09.35 hora local (12.35 GMT).

Allí había sido citada a las 10.00 (13.00 GMT) por el juez Claudio Bonadio, quien investiga si Fernández formó parte de una supuesta red en la que empresarios realizaban sobornos de millones de dólares en efectivo a miembros de su Gobierno (2007-2015) y el de su fallecido esposo, Néstor Kirchner (2003-2007).Se espera que la expresidenta no admita preguntas del magistrado y presente un escrito, como en otras ocasiones en que ha debido presentarse ante los tribunales.
Este domingo, a través de un mensaje en Twitter, ella misma pidió “por favor” a la militancia kirchnerista que no se concentre allí para acompañarla y ponga todo su “esfuerzo y energía” en “ayudar a aquellos que lo están pasando muy, pero muy mal, en esta verdadera catástrofe económica y social que es el gobierno de Mauricio Macri”.

Su comparecencia tiene lugar dos días antes de que el Senado debata si autoriza a Bonadio a registrar los domicilios y la oficina de Fernández, que cuenta con fueros parlamentarios por integrar dicha Cámara alta desde diciembre de 2017.El objetivo del juez es hallar información relacionada con una causa que se abrió a raíz de una investigación del diario “La Nación” basada en unos cuadernos escritos por Oscar Centeno, que fue chófer del antaño secretario de Coordinación del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta.
Este último -detenido el pasado 1 de agosto- supuestamente coordinaba los pagos que se realizaban a cambio de adjudicaciones de obra pública en ese periodo.

Además de la información brindada por Centeno, quien se encuentra en libertad como testigo protegido, en la investigación están siendo clave los empresarios que se han acogido a la figura del arrepentido para recibir beneficios penitenciarios a cambio de su colaboración en el caso, que salpica a medio centenar de personas.

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Rich, el empleado del aeropuerto que robó y pilotó él solo un avión en Seattle


Por fortuna, Richard no llevó a cabo una matanza. Eso le distingue de Andreas Lubitz, el copiloto de Germanwings que estrelló su avión en ruta de Barcelona a Düsseldorf en marzo de 2015. Lubitz acabó con su vida y con la de 149 personas inocentes.
Richard -o ‘Rich’, que es como le llamaban los controladores de la torre de control del aeropuerto de Seattle- no mató a nadie. Pero su muerte -que los medios de comunicación estadounidenses especulan podría ser un suicidio- es igualmente terrible en su espectacularidad. Richard era un mecánico, robó un avión Q-400 para vuelos regionales con capacidad para 80 personas (incluyendo tripulación), hizo acrobacias durante una hora sobre la Bahía de Puget, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y, finalmente, estrelló el aparato, que tenía unos 950 litros de combustible, en una isla deshabitada.
Richard llevó a cabo la mayor parte de su locura bajo la atenta vigilancia de dos cazas F-15 armados, y listos para destruir el Q-400 si su piloto daba el menor indicio de que iba a estrellar su aparato contra algún lugar habitado. Es una consecuencia del 11-S, cuando la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional de EEUU fracasaron totalmente a la hora de abatir los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono. En aquella ocasión, la crisis provocada por los atentados estuvo, encima, a punto de hacer que la defensa aérea estadounidense echara abajo aviones que no habían sido secuestrados, entre ellos, uno de Iberia en vuelo a Nueva York, según narra el periodista Bob Woodward en su libro ‘Plan of Attack’, publicado 2004.
La acción de este hombre, del que sólo se ha difundido que tenía 29 años, llega justo cuando la Administración de Seguridad para Transporte Federal de Aviación (TSA, según sus siglas en inglés) ha estado a punto de eliminar los controles de seguridad de 150 aeropuertos regionales de EEUU. La idea de la TSA era dejar los aeródromos que sólo pueden admitir aviones con menos de 60 pasajeros, y que atienden a casi cuatro millones de pasajeros al año, sin ningún tipo de control.

Con esa medida, el Estado se habría ahorrado 115 millones de dólares (101 millones de euros), y podría haber destinado a 1.300 miembros del personal de seguridad de esos aeródromos -muchos de ellos trabajadores de empresas privadas que obtienen contratos con la FAA- a aeropuertos más grandes y, teóricamente, con más peligro.
Y ahí es donde estalló la polémica. Los planes de las autoridades fueron desvelados por la cadena de televisión CNN el miércoles de la semana pasada, y la reacción de la opinión pública obligó a la FAA a repensar sus planes. Finalmente, el miércoles, apenas 48 horas antes del incidente de Seattle, el máximo responsable de la TSA, David Pekoske, declaraba al diario ‘USA Today’ que el recorte “no vale la pena”.
Pero el aeropuerto de Tacoma, que sirve a la ciudad de Seattle, no pertenece a ese grupo. En 2017, fue el noveno con más tráfico de EEUU, y el trigésimo primero a nivel mundial. No es precisamente muy tranquilizador a la hora de analizar la seguridad aeroportuaria estadounidense que un mecánico pudiera hacerse con el control de un avión en un aeródromo gigante en medio de los cuatro millones de personas que forman el área metropolitana de Seattle, que es casi tan grande como la de Barcelona si se toman los datos de la oficina de estadísticas de la UE, Eurostat, y que es la sede de empresas como Amazon, Microsoft, y Starbucks.
Alaska Airways, la aerolínea de bajo coste que es dueña de Horizon Air, la empresa a la que pertenecía el Q-400, está investigando cómo Richard pudo hacerse con el control del aparato. Lo único que se sabe es que alrededor de las siete y media de la tarde hora local, (diez y media de la noche hora peninsular española), el hombre despegó, sin autorización, y empezó a hacer cabriolas sobre la Bahía. Las autoridades han difundido la conversación entre el mecánico transformado en piloto y la torre de control, en la que el primero oscila entre los pensamientos suicidas, las preguntas técnicas acerca de cómo pilotar la nave, y las incoherencias.
“Tengo un montón de gente que se preocupa por mí. Les va a decepcionar saber que yo he hecho esto. Quiero pedirles perdón a todos y cada uno de ellos. Soy un tipo roto, supongo que con algunos tornillos sueltos. No me di cuenta nunca, hasta ahora”, dice el presunto suicida, antes de desviar la conversación hacia el hecho de que “no necesito mucha ayuda” para manejar la nave, ya que “he jugado mucho con videojuegos”.
Richard cambia luego de tono y pide al controlador, cuyo nombre es Andrew: “No quiero hacer daño a nadie, sólo quiero que me digas cosas bonitas al oído”. El piloto también dice que quiere ver “a la orca madre con su cría”, en referencia a una orca de la Bahía de Puget que se ha convertido en la estrella del verano en EEUU porque lleva arrastrando en su boca el cadáver de su cría desde hace días. Tal vez lo más inquietante, porque es un signo de la división racial de Estados Unidos, es cuando Richard dice a Andrew que Alaska Airways no le va a dar un empleo como piloto “porque soy blanco”.

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