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Ana Julia Quezada se mostraba fiel seguidora de la música rock, tipo Pearl Jam y Queen, e incluso montó con Sergio su propio grupo de música y ensayaba con él 

Con su hijas adolescente, con bebés, con niños pequeños, con sus sobrinos, con su pareja, con amigos, con su perro…Pero no con el pequeño Gabriel Cruz. Son las imágenes que Ana Julia Quezadaelegía para su cuenta en Facebook.

Solo distribuyó una foto con él y que acompañó con el texto: «Por favor, por favor devolvernos a nuestro Gabrielillo».

Quezada, pareja del padre de Gabriel Cruz, el niño desaparecido en Níjar, ha sido detenida este domingo por la Guardia Civil mientras trasladaba el cuerpo sin vida del niño en el maletero del coche en una zona próxima a Níjar, según han confirmado fuentes del Ministerio de Interior.

Nacida en República Dominicana pero residente en Vícar, Ana Julia Quezadaparecía querer proyectar una imagen maternal. Publicaba fotos en redes sociales junto a sus sobrinos, con amigos o su perro Rufo. En ninguna de ellas sale el pequeño Gabriel Cruz. Esta imagen de cariño, empatía y afecto es precisamente la que mostraba cada vez que salía en cámara abrazando y conteniendo al padre de Gabriel.

En Facebook también compartió la noticia de 2013 en la que se declaraba a José Bretón culpable de asesinar a sus dos hijos. Mostraba también su indignación por otros casos como el crimen de Alcácer en el que tres niñas fueron violadas y asesinadas. Y no solo publicaba fotos, también elegía frases del tipo: «Hasta el corazón más enamorado se cansa de ser lastimado».

Ana Julia nació en La Vega, la primera ciudad fundada por Cristóbal Colón en el Nuevo Mundo, en diciembre de 1494. Estudió en el colegio Vega Nueva, de su ciudad. Cuando llegó a España, como tantos otros emigrantes para labrarse un porvenir, se instaló en Burgos. Allí vivía con su anterior pareja, Sergio, y su mascota. Ambos se enamoraron de Las Negras (Níjar, Almería) y de sus paradisíacas calas, un antiguo santuario para los hippies del país.

Tras pasar unas vacaciones en Las Negras en 2014, decidieron instalarse en este municipio, donde Ana Julia y Sergio abrieron una bar-cafetería llamada Black en un centro comercial. Pero al poco de abrir el negocio, las relaciones de pareja empezaron a torcerse. Semanas después, la principal sospechosa del asesinato de Gabriel Cruz inició una nueva relación con el almeriense Ángel David que también venía de una ruptura matrimonial, de la que había nacido Gabriel.

Ana Julia se mostraba con una fiel seguidora de la música rock, tipo Pearl Jam y Queen, e incluso montó con Sergio su propio grupo de música y ensayaba con él en un local de Las Hortichuelas, una pedanía cercana a Las Negras. También mostraba devoción por los niños. Solía retratarse con una de sus sobrinas pequeñas.

Ana Julia publicaba numerosas fotos familiares
Ana Julia publicaba numerosas fotos familiares-FACEBOOK

El 26 de enero de 2014 Ana Julia compartió en su muro de Facebook uno de esos mensajes que circulan por las redes, bajo el título «Así fue mi niñez». Reza así: «Yo tampoco tuve blackberry ni wii ni playstation ni xbox, yo jugaba al escondite, stop, al avioncito, a los quemados. La hora de irme a casa era cuando oscurecía y mi mamá no me llamaba al celular si no gritaba: «Pa’ dentrooooo! […] Mi infancia fue una chulada. Comparte si bebiste agua en una manguera y “tas” vivo».

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La expresidenta Cristina Fernández comparece ante la Justicia por presunta red de sobornos

BUENOS AIRES.- La expresidenta y actual senadora argentina Cristina Fernández compareció hoy ante la Justicia tras ser citada en una causa en la que se investiga la existencia de una presunta red de sobornos de empresarios de la obra pública a funcionarios del kirchnerismo (2003-2015).

Acompañada de su custodia, la exmandataria salió esta mañana de su casa en el barrio porteño de Recoleta, en cuyas puertas se agolparon decenas de periodistas y algunos vecinos, para trasladarse a los tribunales federales de Comodoro Py, a donde llegó hacia las 09.35 hora local (12.35 GMT).

Allí había sido citada a las 10.00 (13.00 GMT) por el juez Claudio Bonadio, quien investiga si Fernández formó parte de una supuesta red en la que empresarios realizaban sobornos de millones de dólares en efectivo a miembros de su Gobierno (2007-2015) y el de su fallecido esposo, Néstor Kirchner (2003-2007).Se espera que la expresidenta no admita preguntas del magistrado y presente un escrito, como en otras ocasiones en que ha debido presentarse ante los tribunales.
Este domingo, a través de un mensaje en Twitter, ella misma pidió “por favor” a la militancia kirchnerista que no se concentre allí para acompañarla y ponga todo su “esfuerzo y energía” en “ayudar a aquellos que lo están pasando muy, pero muy mal, en esta verdadera catástrofe económica y social que es el gobierno de Mauricio Macri”.

Su comparecencia tiene lugar dos días antes de que el Senado debata si autoriza a Bonadio a registrar los domicilios y la oficina de Fernández, que cuenta con fueros parlamentarios por integrar dicha Cámara alta desde diciembre de 2017.El objetivo del juez es hallar información relacionada con una causa que se abrió a raíz de una investigación del diario “La Nación” basada en unos cuadernos escritos por Oscar Centeno, que fue chófer del antaño secretario de Coordinación del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta.
Este último -detenido el pasado 1 de agosto- supuestamente coordinaba los pagos que se realizaban a cambio de adjudicaciones de obra pública en ese periodo.

Además de la información brindada por Centeno, quien se encuentra en libertad como testigo protegido, en la investigación están siendo clave los empresarios que se han acogido a la figura del arrepentido para recibir beneficios penitenciarios a cambio de su colaboración en el caso, que salpica a medio centenar de personas.

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Rich, el empleado del aeropuerto que robó y pilotó él solo un avión en Seattle


Por fortuna, Richard no llevó a cabo una matanza. Eso le distingue de Andreas Lubitz, el copiloto de Germanwings que estrelló su avión en ruta de Barcelona a Düsseldorf en marzo de 2015. Lubitz acabó con su vida y con la de 149 personas inocentes.
Richard -o ‘Rich’, que es como le llamaban los controladores de la torre de control del aeropuerto de Seattle- no mató a nadie. Pero su muerte -que los medios de comunicación estadounidenses especulan podría ser un suicidio- es igualmente terrible en su espectacularidad. Richard era un mecánico, robó un avión Q-400 para vuelos regionales con capacidad para 80 personas (incluyendo tripulación), hizo acrobacias durante una hora sobre la Bahía de Puget, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y, finalmente, estrelló el aparato, que tenía unos 950 litros de combustible, en una isla deshabitada.
Richard llevó a cabo la mayor parte de su locura bajo la atenta vigilancia de dos cazas F-15 armados, y listos para destruir el Q-400 si su piloto daba el menor indicio de que iba a estrellar su aparato contra algún lugar habitado. Es una consecuencia del 11-S, cuando la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional de EEUU fracasaron totalmente a la hora de abatir los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono. En aquella ocasión, la crisis provocada por los atentados estuvo, encima, a punto de hacer que la defensa aérea estadounidense echara abajo aviones que no habían sido secuestrados, entre ellos, uno de Iberia en vuelo a Nueva York, según narra el periodista Bob Woodward en su libro ‘Plan of Attack’, publicado 2004.
La acción de este hombre, del que sólo se ha difundido que tenía 29 años, llega justo cuando la Administración de Seguridad para Transporte Federal de Aviación (TSA, según sus siglas en inglés) ha estado a punto de eliminar los controles de seguridad de 150 aeropuertos regionales de EEUU. La idea de la TSA era dejar los aeródromos que sólo pueden admitir aviones con menos de 60 pasajeros, y que atienden a casi cuatro millones de pasajeros al año, sin ningún tipo de control.

Con esa medida, el Estado se habría ahorrado 115 millones de dólares (101 millones de euros), y podría haber destinado a 1.300 miembros del personal de seguridad de esos aeródromos -muchos de ellos trabajadores de empresas privadas que obtienen contratos con la FAA- a aeropuertos más grandes y, teóricamente, con más peligro.
Y ahí es donde estalló la polémica. Los planes de las autoridades fueron desvelados por la cadena de televisión CNN el miércoles de la semana pasada, y la reacción de la opinión pública obligó a la FAA a repensar sus planes. Finalmente, el miércoles, apenas 48 horas antes del incidente de Seattle, el máximo responsable de la TSA, David Pekoske, declaraba al diario ‘USA Today’ que el recorte “no vale la pena”.
Pero el aeropuerto de Tacoma, que sirve a la ciudad de Seattle, no pertenece a ese grupo. En 2017, fue el noveno con más tráfico de EEUU, y el trigésimo primero a nivel mundial. No es precisamente muy tranquilizador a la hora de analizar la seguridad aeroportuaria estadounidense que un mecánico pudiera hacerse con el control de un avión en un aeródromo gigante en medio de los cuatro millones de personas que forman el área metropolitana de Seattle, que es casi tan grande como la de Barcelona si se toman los datos de la oficina de estadísticas de la UE, Eurostat, y que es la sede de empresas como Amazon, Microsoft, y Starbucks.
Alaska Airways, la aerolínea de bajo coste que es dueña de Horizon Air, la empresa a la que pertenecía el Q-400, está investigando cómo Richard pudo hacerse con el control del aparato. Lo único que se sabe es que alrededor de las siete y media de la tarde hora local, (diez y media de la noche hora peninsular española), el hombre despegó, sin autorización, y empezó a hacer cabriolas sobre la Bahía. Las autoridades han difundido la conversación entre el mecánico transformado en piloto y la torre de control, en la que el primero oscila entre los pensamientos suicidas, las preguntas técnicas acerca de cómo pilotar la nave, y las incoherencias.
“Tengo un montón de gente que se preocupa por mí. Les va a decepcionar saber que yo he hecho esto. Quiero pedirles perdón a todos y cada uno de ellos. Soy un tipo roto, supongo que con algunos tornillos sueltos. No me di cuenta nunca, hasta ahora”, dice el presunto suicida, antes de desviar la conversación hacia el hecho de que “no necesito mucha ayuda” para manejar la nave, ya que “he jugado mucho con videojuegos”.
Richard cambia luego de tono y pide al controlador, cuyo nombre es Andrew: “No quiero hacer daño a nadie, sólo quiero que me digas cosas bonitas al oído”. El piloto también dice que quiere ver “a la orca madre con su cría”, en referencia a una orca de la Bahía de Puget que se ha convertido en la estrella del verano en EEUU porque lleva arrastrando en su boca el cadáver de su cría desde hace días. Tal vez lo más inquietante, porque es un signo de la división racial de Estados Unidos, es cuando Richard dice a Andrew que Alaska Airways no le va a dar un empleo como piloto “porque soy blanco”.

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