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Haití y la amenaza sanitaria para RD. Por Luis Garcia

Muchos en la República Dominicana se escandalizan permanentemente ante la presencia masiva de haitianos que ingresan ilegalmente por la frontera con Haití, sin darse cuenta que existe un peligro aun mayor que acecha noche y día: la amenaza sanitaria.

La alarma se disparó la semana pasada, cuando el Ministerio de Salud emitió una alerta epidemiológica nacional para prevenir un posible brote de difteria, después del fallecimiento de un niño haitiano, de cuatro años de edad, con síntomas de esta enfermedad y que había llegado al país recientemente.

El brote de la enfermedad en el territorio vecino data desde 2014.

Antes, en 2010, también se habían disparado alarmas epidemiológicas, cuando el 15 de noviembre se confirmó el primer caso de cólera en República Dominicana.

Un inmigrante haitiano que demandó atención y fue ingresado en un centro sanitario de Higüey, provincia La Altagracia, resultó positivo.

La situación activó la vigilancia intensificada de cólera en todo el territorio nacional. A partir de esa fecha y hasta el 31 de diciembre de ese mismo año, se notificaron 662 casos sospechosos y cerca de 11 defunciones asociadas a la enfermedad.

Un año después, en diciembre de 2011, la cantidad de nuevos casos alcanzó los 21,000, con 371 fallecimientos, mientras que en 2012 las cifras descendieron a 7,860 y 66 defunciones, igualmente sospechosas.

Los dos países comparten la isla La Española, con una frontera física que, aunque porosa, marca límites geográficos tangibles.

Sin embargo, existen enormes asimetrías que van desde lo económico hasta lo sanitario, sin que para este último se verifiquen fronteras, porque en el campo epidemiológico las mismas no existen en ninguna parte del mundo.

En la actualidad, el sistema sanitario en la República de Haití resulta inviable.

Allí la aplicación del Reglamento Sanitario Internacional, la norma jurídica de carácter vinculante entre los Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), destinada a prevenir la diseminación de enfermedades y otros riesgos a la salud humana, no puede aplicarse adecuadamente, en vista de que las estadísticas no son confiables, y las capacidades de detección, notificación y respuesta a las enfermedades mínimas. Indudablemente que la República Dominicana queda ante una latente amenaza sanitaria, que supera la proveniente de la inmigración ilegal hacia su territorio.

Aunque el terremoto del año 2010 agravó la situación, ya Haití enfrentaba una de las tasas más altas de mortalidad en occidente, debido a infecciones y enfermedades como tuberculosis, el VIH y la diarrea.

Esto explica que el año pasado la asistencia dominicana en gasto en salud a haitianos superó los RD$5,000 millones, sin que se vislumbre la posibilidad de que la misma disminuya.

Datos del Ministerio de la Salud Pública y la Población (MSPP) de Haití dan cuenta que para una población de 10.7 millones de habitantes, disponen de 911 médicos, 3,018 enfermeras, 115 hospitales, y 7,375 camas; y unas 125 secciones comunales no disponen de ningún establecimiento de salud.

Las autoridades dominicanas deberían prestar mayor atención a la amenaza sanitaria que representa Haití, que al fenómeno de la inmigración que desde hace décadas cruza la frontera geográfica pagando peajes; ya que la epidemiológica, que es invisible, resulta más difícil de controlar, porque no puede palparse.

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