Connect with us

Migue Guerrero

En el reino del absurdo . Por Miguel Guerrero

Un grupo de notables ciudadanos propuso a finales del 2013 la adopción de una serie de acciones que conducirían irremediablemente al aislamiento económico y diplomático del país. Afortunadamente el jefe del Estado no cayó en la trampa. Pidieron el sometimiento de Haití al Tribunal de La Haya, el rompimiento de nexos con la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a la que se acusó de habernos tendido una encerrona para alcanzar lo que denominan Pacto de Fusión, es decir la integración como un solo estado a las dos naciones que compartimos la isla. Proponían también nuestra salida de la OEA, denunciar a la ONU como cómplice de esa conspiración contra la soberanía y la existencia de la República, y acusar a Estados Unidos y sus centros de poder de formar parte de esa trama.¡ El colmo del absurdo!

Las relaciones con otros países denunciantes de la sentencia del Tribunal Constitucional, que ha dado lugar a una serie de expresiones internacionales de rechazo, deberían quedar bajo escrutinio o correr la misma suerte, según se desprende de la extensa carta enviada entonces al presidente Medina por los destacados ciudadanos.

Tal vez se piense que el aislamiento a que conducirían acciones como esas nos librarían de los efectos de la sentencia en el plano internacional. Pero la más elemental lógica sugiere en cambio que la situación se tornaría mucho más complicada. Envolver al gobierno en un plan de esa naturaleza sería fatal e impracticable ya que las consecuencias conducirían a la quiebra nacional, en cualquiera de los sentidos que se le analice. En el complejo mundo actual ni la más fuerte y grande de las autarquías, ya cosas del pasado, podría sobrevivir en esas condiciones y en el caso nuestro tal eventualidad nos haría retroceder a un estadio primitivo.

La petición data de finales del 2013, pero aún hay gente importante pensando en eso.

Use Facebook to Comment on this Post

Continue Reading

Migue Guerrero

“Valgo más vivo que muerto”. Por Miguel Guerrero

La figura gallarda y arrogante que la leyenda revolucionaria nos ofrece de Ernesto Guevara, popular y mundialmente conocido como el Che, no es la que describió cuarenta años después de su muerte el general retirado boliviano que lo apresó. Por aquel entonces capitán, el oficial Prado afirma que el Che pidió clemencia al entregarse a las tropas que él dirigía, exclamando que valía más vivo que muerto. No fue precisamente un final heroico para una trayectoria revolucionaria que la propaganda ha querido convertir en un mito.

Según Prado, Guevara presentaba un aspecto desgarrador. Lucía extremadamente delgado y exhausto, desarrapado, sucio y hambriento. La antítesis del superhéroe. No hubo señales de dignidad en su muerte. Al igual que Sadam Hussein, atrapado en una ratonera debajo de la tierra, no exigió un precio por su vida. Simplemente se entregó; vencido, sin fuerzas para seguir luchando.

Esos son los hechos. No importa cuanto pretenda la propaganda. La historia ha demostrado que Guevara no contó nunca con el respaldo de los comunistas bolivianos, que no se movilizaron en su respaldo mientras la guerrillera intentaba instalar un frente ni hicieron tampoco mucho para evitar su ejecución, días después de su arresto. Un compañero de armas, Benigno, disidente cubano, asegura que Fidel Castro le traicionó porque ya le resultaba molesto. Igual debió pasar años después con el coronel Caamaño, de quien se dice tenía serias divergencias de criterio con el líder cubano.

Tanto el uno como el otro, más el último que el primero, podían representar en un momento una competencia indeseada. Pero ninguno tuvo nunca la dimensión del líder cubano. Tanto el Che como Caamaño fueron víctimas de su propia fama. Y en el caso del primero, no así con el segundo, décadas después de su muerte, aún vive en la fantasía de un sueño revolucionario que pereció con él.

Use Facebook to Comment on this Post

Continue Reading

Migue Guerrero

Ejemplos del mejor periodismo. Por Miguel Guerrero

Mi compañero de aulas en la universidad, Miguel Ángel Prestol, es hoy un prestigioso abogado, pero bien pudo ser mejor periodista de lo que también es sin duda alguna. Y al contar esto no quiero parecer nostálgico. Muy jóvenes ambos, recorríamos en un viejo jeep de la planta de radio y televisión estatal las oficinas públicas para llevar las novedades del día a los oyentes. Prestol elogiaba mi habilidad para redactar buenos leads, pero él llegó a escribir uno de los mejores que he leído. Fue en ocasión de un encuentro de cancilleres americanos en Río tras la revuelta civil de 1965.

Urbáez, el director de prensa, le encargó resumir todos los despachos internacionales sobre la cita en una sola noticia para el informativo de la tarde. Prestol tenía examen en la universidad ese día y la prisa le dominaba. No obstante, se sentó a su máquina y rápidamente, en pocos minutos, terminó de teclear pasándome la cuartilla para que le diera un vistazo. No necesité leerlo dos veces para grabarlo para siempre en la memoria. La nota, sin borrones, decía: “La paradoja del siglo se produce hoy en Río de Janeiro. Un dictador, el mariscal Humberto Castelo Branco, pronunciará el discurso inaugural de una conferencia llamada a sentar las bases de la democracia en la región”.

Esa entrada lo resumía todo. Sólo recordaba haber leído algo tan genialmente descriptivo en un despacho internacional. Era la crónica de un corresponsal del New York Times que reseñaba el fracaso de la cumbre de los cuatro grandes—Eisenhower, McMillan, De Gaulle y Kruschev—reunidos en París para descongelar la guerra fría y que decía así: “La paloma de la paz se posó hoy en el Palacio de Versalles y los cuatro grandes allí reunidos aunaron esfuerzos para espantarla”.

Un lead informativo que puede aquí escribirse a menudo ya que muchos han intentado comérsela cada vez que ella se posa entre nosotros.

Use Facebook to Comment on this Post

Continue Reading

Migue Guerrero

Recordando a mi padre. Por Miguel Guerrero

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de las escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado disminuir.

De todas las virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, eran las de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios (Extraído de mi libro El mundo que quedó atrás, publicado en el 2002).

Use Facebook to Comment on this Post

Continue Reading

Facebook

Twitter #Dominicanos

Trending