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CIENCIAS

Siria: ¿qué riesgos corren EE.UU. y sus aliados con una intervención militar?


Los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido preparan una posible respuesta al supuesto ataque con armas químicas ocurrido hace unos días en la localidad de Douma, en Siria. Pero ¿qué podrían conseguir con una intervención militar?

Los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido preparan una posible respuesta al supuesto ataque con armas químicas ocurrido hace unos días en la localidad de Douma, en Siria. Pero ¿qué podrían conseguir con una intervención militar?

La posibilidad de actuar por sorpresa, una virtud fundamental en las acciones militares, ha desaparecido desde hace tiempo de los planes de ataque que Washington y sus aliados realizan contra las instalaciones sirias.

De hecho, las fuerzas sirias han tenido más de dos días para trasladar sus aviones y otros equipos militares a las bases rusas en Latakia, Tartus y Hmeymim, donde estarán bajo la burbuja protectora de los altamente eficaces misiles tierra-aire rusos S-400.

El gobierno de Bashar al Asad ha vaciado sus bases de infantería y ha dispersado a sus fuerzas armadas tanto como ha podido, anticipándose a la llegada de los misiles occidentales.

No hay duda de que los rusos intentarán proteger sus bases, si son atacadas, por lo que la situación está marcada por el arriesgado juego de las superpotencias y el peligro de un conflicto accidental.

Para los responsables de planificar las acciones militares de Occidente las dos preguntas principales son: ¿qué pueden lograr con una acción armada en este contexto? y ¿qué beneficios puede generar esta desde un punto de vista estratégico?.

Dado que las fuerzas sirias ya están sobre aviso, dispersadas y bajo protección rusa, los ataques occidentales tendrán que concentrarse en las instalaciones militares sirias que son inamovibles: pistas de aterrizaje, edificios y el equipamiento importante que no haya sido trasladado.

Los ataques de Occidente probablemente buscarán destruir el sistema de mando y control de las fuerzas militares sirias, con el uso de bombas antibunker y misiles de penetración profunda. Es posible que intenten desmantelar la infraestructura militar que Siria ha logrado reconstruir desde el 2015.

De forma más ambiciosa, pero también más arriesgada, Estados Unidos podría declarar una política de largo plazo de volver a atacar estos objetivos para mantenerlos fuera de operación y así mantener los aviones de guerra sirios encerrados dentro de las bases rusas, intentando así implantar algo parecido a una zona de exclusión aérea, al menos durante un tiempo.

El año pasado, cuando Estados Unidosbombardeó la base aérea de Al Shayrat, en retaliación por el uso de armas químicas en Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, la Fuerza Aérea Siria se aseguró de ser vista operando nuevamente apenas un día después.

Esta vez, Washington estará decidido a que esto no vuelva a ocurrir, razón por la cual podemos esperar que haya una campaña aérea más duradera con repetidos ataques sobre lugares clave.

Estrategia política

Pero ¿qué objetivo estratégico puede lograrse con esto?

Ciertamente, esto no significará ninguna diferencia inmediata para la población civil de Siria, que tanto ha sufrido a manos de su propio gobierno y de los numerosos grupos rebeldes, guerrilleros y terroristas, algunos de los cuales los han intimidado tanto como los han representado.

Por otra parte, es improbable que el presidente Al Asad vaya a ceder en su decisión de consolidar su poder sobre el país.

Entonces, ¿para qué correr todos los riesgos de una escalada con Rusia así como de las posibles consecuencias imprevistas que normalmente se derivan de estas acciones?

Por sí solo, el uso de la fuerza militar no tiene sentido. Tiene que ser parte de una estrategia política y, en este caso, la estrategia versa sobre asuntos más grandes que la propia Siria y solo ofrece un atisbo de esperanza para la población de ese país en el largo plazo.

El primer objetivo es hacer retroceder la creciente “normalización” del uso de armas químicas en guerras de cualquier tipo.

El tabú en contra de estas ha sido sorprendentemente fuerte desde finales de la I Guerra Mundial y la Convención contra las Armas Químicas de 1993, de la cual Siria es signataria.

En el 2013, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que él mantendría ese tabú como una “línea roja” pero, luego, no lo hizo. Y, pese a las firmes negativas del gobierno de Al Asad, hay evidencias abundantes de que las fuerzas sirias -con la connivencia de Rusia- han estado usando armas químicas en contra de sus propios ciudadanos de forma regular desde entonces.

Muchos políticos occidentales sienten que -con todas las áreas grises que hay en esta situación desde el punto de vista moral- ellos no pueden obviar este asunto nuevamente. Se ha convertido en un caso que pone a prueba en la escena internacional el estado de derecho, el cual se encuentra bajo fuertes presiones en muchos frentes.

Más allá, algunos señalan que una acción militar efectiva representaría que las potencias occidentales han logrado volver a entrar en el juego político en Medio Oriente en un momento en el que la región está colapsando.

La campaña contra el autodenominado Estado Islámico (EI) siempre fue un asunto secundario desde el punto de vista geopolítico y la influencia occidental sobre lo que ocurre en la región, desde Líbano hasta Yemen, ha venido en franco declive.

Evidentemente para los líderes occidentales, resulta tentador y comprensible, querer dejar las cosas como están. Pero mientras ellos se concentraban en combatir a EI, el futuro de la región estaba siendo decidido por Irán, Rusia y en parte también por Turquía.

Lo que deben estimar es si los intereses de largo plazo de Occidente estarán mejor protegidos por su implicación más que por la indiferencia ante una constelación de potencias que se está saliendo de control.

Para la población siria la esperanza reside en la posibilidad de que una campaña militar efectiva logre empujar al presidente Asad de vuelta a la mesa de negociaciones para que la guerra pueda terminar con un resultado más humano que una victoria despiadada.

Usar la fuerza militar nunca es fácil pero puede solo puede ser eficaz si forma parte de una estrategia política coherente y realista.

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CIENCIAS

Puertas estelares y ‘capas invisibles’: Estudios financiados por un programa secreto del Pentágono

La Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU. publicó una lista de trabajos de investigación financiados en el marco de su programa secreto para buscar ovnis, revelado por primera vez en 2017.

El Pentágono destinó millones de dólares a investigaciones sobre los agujeros de gusano (hipotéticos pasajes a través del espacio-tiempo), la energía oscura, las ‘capas’ de invisibilidad y “la manipulación de dimensiones adicionales”, entre otras materias, en el marco de su programa secreto para rastrear ovnis revelado por primera vez en 2017, según se desprende de documentos desclasificados la semana pasada en virtud de la Ley de Libertad de Información de EE.UU.

Tras una solicitud de Steven Aftergood, director del Proyecto sobre Secreto Gubernamental de la Federación de Científicos Estadounidenses, la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU. publicó el pasado miércoles una lista de trabajos de investigación financiados bajo el llamado Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas.

Los documentos desclasificados no revelan mucho más que los nombres asignados a 38 programas de investigación secretos, pero arrojan luz sobre algunos de los temas que estaban siendo estudiados, con títulos como ‘Agujeros de gusano atravesables, puertas estelares y energía negativa’, ‘Camuflaje de invisibilidad’ o ‘Motor de curvatura, energía oscura y la manipulación de la dimensión extra’, entre otros.

Programa secreto de 22 millones

El Departamento de Defensa del país norteamericano no había reconocido públicamente la existencia del programa hasta que fue desvelado por los medios de comunicación en diciembre de 2017. Según informó entonces The New York Times, de los 600.000 millones de dólares de su presupuesto anual, 22 millones fueron destinados entre 2008 y 2011 a financiar este programa, en el marco del cual se investigaban reportes de avistamientos de ovnis.

Desde el Pentágono afirmaron que el programa se cerró en 2012 tras cinco años de existencia, aunque personas cercanas al proyecto insisten en que sigue existiendo a día de hoy y que aquel únicamente dejó de contar con el financiamiento del Departamento de Defensa. Partes del programa permanecen en secreto.

“Ideas especulativas más adecuadas para la ciencia ficción”

El documento del Pentágono, aunque está “lleno de ideas especulativas que parecen más adecuadas para la ciencia ficción”, sugiere que el programa buscaba “algo más que solo perseguir ovnis”, comenta sobre la revelación el portal Motherboard.

Por su parte, el artífice de la desclasificación, Steven Aftergood, recalcó en declaraciones a este medio que “cualquiera que vea estos títulos se rascará la cabeza y se preguntará en qué estaba pensando” la Agencia de Inteligencia de Defensa. En su opinión, “estos son los tipos de temas que uno persigue cuando tiene más dinero del que sabe cómo emplear”.

“Me encantaba la ciencia ficción cuando era más joven”, señaló Aftergood y añadió: “Hoy amo el buen gobierno. Así que no me divertí demasiado“.

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CIENCIAS

Nuevo estudio revela que el calentamiento del océano en 2018 aumentó a un nivel récord superando los niveles de 2017

BEIJING, 21 ene — Un nuevo estudio encabezado por investigadores chinos y estadounidenses encontró que el calentamiento del océano en 2018 aumentó a un nivel récord y superó los niveles de 2017, el cual había sido el año más caluroso jamás registrado.

Los datos muestran que la temperatura de los 2.000 metros más cercanos a la superficie de los océanos ha registrado un aumento promedio de 0,13 grados Celsius en los últimos 60 años.

El estudio, en el que participaron investigadores de la Academia de Ciencias de China, la Universidad de San Thomas, el Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Estados Unidos, el Ministerio de Recursos Naturales de China, y la Universidad Hohai de China, fue publicado recientemente en la revista internacional Advances in Atmospheric Sciences como su nota de portada.

El océano del Sur y el océano Pacífico mostraron un mayor calentamiento que el océano Atlántico y el océano Indico, señala el estudio.

Los investigadores creen que los incrementos en la temperatura del océano son una prueba irrefutable de que la Tierra se está calentando.

El calentamiento oceánico afecta los sistemas climatológicos del planeta elevando las temperaturas del aire y proporcionando más condensación. También provoca el aumento de la intensidad de tormentas y fuertes lluvias.

Otras consecuencias del calentamiento oceánico son el descenso de oxígeno en el océano, el derretimiento de hielo marítimo, y la decoloración y muerte de corales. Debido al calentamiento y a la acidificación del océano, 99 por ciento de los arrecifes de corales se decolorarán si la temperatura de la superficie del mar asciende a dos grados Celsius para finales del siglo XXI, anticipa el estudio.

Además de los efectos relacionados directamente con los océanos, también se atribuyen al calentamiento oceánico el incremento en la intensidad de sequías, olas de calor y el riesgo de incendios forestales en tierra.

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