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OPINIONES

Procuraduría o Ministerio de la Mujer ¿Quién tiene la razón? Por: Susy Aquino Gautreau

El politólogo, periodista y sociólogo, Giovanni Sartori, planteó en su libro Homo Videns: La Sociedad Teledirigida como la humanidad va evolucionando, o involucionando, a través de la televisión. Por esto elegimos para titular este artículo la frase ¨¿Quién tiene la razón?¨ que es homónima de un popular ¨talk show¨ que con éxito condujo la sexóloga dominicana Nancy Álvarez en los Estados Unidos.

Esta relación aparentemente trivial y descabellada no fue hecha al azar ya que si nos fijamos en la actualidad las diferencias entre los actores influyentes de la vida nacional se discuten en los medios. Aunque ya no solo en los tradicionales sino también en las redes sociales.

Pero antes de discutir o expresar nuestro parecer en los medios ¿Nos hemos informado realmente de lo acontecido? ¿Hemos escuchado todas las campanas? ¿Conocemos el proyecto de ley que ha generado ronchas entre ambas instituciones? Esas son preguntas claves que debemos respondernos a nosotros mismos.

Como abanderada de los derechos de las mujeres en principio me sentí identificada con los reclamos del Ministerio de la Mujer pues no conocía los planteamientos del proyecto de ley. Considero que más que necesaria es obligatoria la permanencia y fortalecimiento de este organismo del Estado.

Sin embargo esta propuesta no es una amenaza contra la existencia del referido Ministerio sino que busca aunar esfuerzos en materia de prevención de la violencia de género cumpliendo la Procuraduría General de la República su rol rector en este tema como lo establece la ley.

El Ministerio Público es la institución responsable por ley de desarrollar las labores de prevención contra la criminalidad. Así lo establece el art.7 de la Ley Orgánica del Ministerio Público (Ley No. 133-11) y el 169 de la Constitución.

Dicho artículo 7 establece que “El Ministerio Público es el órgano responsable de la formulación e implementación de la política del Estado contra la criminalidad, que está dirigida a prevenir, controlar gestionar y perseguir los hechos punibles”. Más adelante la ley explica que estas acciones se harán ¨en colaboración con los otros órganos e instituciones que corresponda¨. Lo cual en este caso implica la vinculación del Ministerio de la Mujer.

En cambio la misión del Ministerio de la Mujer contenida en su página web es definir y liderar la ejecución de políticas públicas, planes y programas que contribuyan a la igualdad y la equidad de género y al pleno ejercicio de la ciudadanía de las mujeres.

Tomando en cuenta lo antes descrito más que una exclusión dicha entidad estaría participando, como le corresponde, en las mesas de trabajo que implican a su sector poblacional manteniéndose como rectora en las funciones que sí tiene.

Como podemos ver entonces el proyecto de Ley que crea el Sistema Integral de Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres está en consonancia con lo establecido en las leyes y la constitución y llama a varias entidades a colaborar en la lucha contra la violencia, entre ellas al Ministerio de la Mujer, tal cual lo contempla la ley hoy en día.

Esta propuesta cumple con la visión que ha venido implementando en gobierno de acciones mancomunadas con mesas de trabajo que eviten los esfuerzos aislados transformándolos en iniciativas conjuntas. Podemos estar o no de acuerdo con lo que las leyes establecen sin embargo esta no es una excusa para fomentar que se incumplan.

Ambas instituciones han sido cuestionadas en el desempeño de sus funciones lo cual en vez de ser un pretexto para atacarse entre sí debe ser una oportunidad para buscar mejores resultados juntas. El canibalismo en el mundo del marketing es una opción, discutible o no, pero en el Estado esto no aplica.

Recordemos que no podemos actuar al margen de la ley ni atribuir funciones que no tiene al ministerio de la Mujer ya que para ello habría que modificar la ley orgánica del Ministerio Público y la Constitución de la República.

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Migue Guerrero

Años después de su partida . Por Miguel Guerrero

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de la escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado disminuir.

De todas las virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, eran la de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios. (Extraído del libro del autor “El mundo que quedó atrás”, publicado en el 2002).

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OPINIONES

El día que la Iglesia Católica denunció la represión Trujillista

El 31 de enero de 1960, por una disposición de la Conferencia del Episcopado Dominicano, fue leída en todas las iglesias católicas la Carta Pastoral que habían emitido los obispos el día 25 de enero de ese año.

El documento constituye una reacción muy cuidada de la Iglesia Católica contra la represión que había desatado la dictadura de Trujillo en contra de los miembros de la Agrupación 14 de Junio, liderada por el doctor Manuel Aurelio (Manolo) Tavarez Justo.

En la Carta Pastoral los obispos expresaron:

“Asumiendo la obligación pastoral de cuidar el espiritual rebaño, confiado por la Bondad Divina a nuestra solicitud, no podemos permanecer insensibles ante la honda pena que aflige a buen número de hogares dominicanos. Por ello, expresamos nuestra paternal simpatía, nuestro profundo pesar y nuestro común sentimiento de dolor ya que es una obra de misericordia “consolar al triste” haciendo propia la frase del apóstol San Pablo: “Llorar con los que lloran”, del libro de Romanos capítulo 12 versículo 15.

Los obispos auguraron: “En medio de esta pena, esperamos con la más viva confianza en la intercesión poderosa de Nuestra Señora de la Altagracia que, por encima de las humanas pasiones, Ella hará resplandecer la caridad y la clemencia”.

En el momento que la dictadura de Trujillo acrecentó la represión contra los miembros o sospechosos de pertenecer al 14 de Junio, el mensaje de la Iglesia Católica se interpretó como una nota de rechazo a las acciones del régimen.

La Carta Pastoral la firmaron el Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Monseñor Ricardo Pitini, Monseñor Octavio A. Beras, Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo; Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, Obispo de Santiago de los Caballeros; Monseñor Francisco Panal, Obispo de La Vega Real, Monseñor Juan Félix Pepen, Obispo de La Altagracia y Monseñor Tomás F. Reilly, Obispo Titular de Testimonio Prelado “Nullius” de San Juan de la Maguana.

En la carta pastoral los obispos también informaron a la Nación que enviaron una carta a la más Alta Autoridad del país, para que, en un plan de recíproca comprensión, se eviten excesos, que, en definitiva, sólo harían daño a quien los comete, y sean cuanto antes enjugadas tantas lágrimas, curadas tantas llagas y devuelta la paz a tantos hogares”.

En opinión del sacerdote jesuita Antonio Lluberes: “La logística de redacción y distribución de la carta fue un virtuosismo de sigilo, que no pudo ser detectado ni por los servicios de inteligencia, ni por los miembros del clero amigos del régimen.

“El Episcopado hizo una sutil distinción en el clero e incluso evitó que el documento llegase a manos de los sacerdotes sospechosos de trujillismo. Esa primera carta usaba un lenguaje aséptico pero estridente para aquellos años de oscurantismo.

“Los obispos repetían los más elementales derechos humanos y aludían a las circunstancias delicadas que se vivían en el país”.

En ese momento los agentes del Servicio de Inteligencia Militar llevaban a cabo una campaña de represión en la República Dominicana, contra los sindicados como desafectos del régimen dictatorial o miembros de la Agrupación 14 de Junio.

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