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Andy Dahuajre

China y República Dominicana con los pies sobre la tierra. Por Pavel Isa Contreras

El establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y la República Dominicana ha sido recibido con entusiasmo principalmente porque se considera que abre numerosas oportunidades económicas para el país.

El entusiasmo es entendible. Sin embargo, no debe haber espacios para expectativas desmedidas y los riesgos más obvios no deben ser ignorados. Por fortuna, no estamos partiendo de cero: hay varios países de la región con relaciones políticas y económicas con China desde hace una década o más, cuya experiencia hay que conocer. En general, los resultados económicos no han sido extraordinarios. Pero, para ser justos, no se debe pretender que las relaciones económicas con China constituyan un golpe de timón económico o incluso que todas las oportunidades que pueda ofrecer sean aprovechadas.

Después de todo, y aunque sea muy obvio, los problemas estructurales de nuestra economía, las desiguales relaciones de poder que prevalecen y las inequitativas instituciones que nos damos no desparecerán porque encontremos un nuevo socio económico, por más grande e influyente que sea.

La aproximación estándar a las relaciones económicas entre países presta atención prioritaria a dos áreas: el comercio, incluyendo el turismo, y las inversiones. En el caso que nos ocupa, las preguntas inmediatas son: ¿Cuál es el potencial de la relación con China? ¿Cuáles son las oportunidades? ¿Y los riesgos?

Comercio: ¿pocas oportunidades y muchos riesgos?

La República Dominicana y China comercian desde hace años, sin que haya habido relaciones políticas que les sirvan de marco. El establecimiento de éstas, en sí mismo, no suponen un impulso directo al comercio porque los términos de las relaciones comerciales no han cambiado. Sin embargo, por un lado, bajo el amparo de relaciones diplomáticas se puede abrir un espacio para negociar un acuerdo comercial que influya sobre los montos y la composición del comercio. Por otro lado, las relaciones políticas respaldan inversiones y éstas pueden venir aparejadas de flujos de comercio.

Un primer paso para aproximarse a las potencialidades de las exportaciones hacia el mercado chino es identificar qué es lo que ese país está importando y exportando, cuáles productos son los que registran un crecimiento más veloz de las importaciones y compararlos con lo que el país exporta.

De los 20 principales grupos de productos que China importa, sólo cuatro aparecen en la lista de principales que exportamos: artefactos eléctricos, dispositivos médicos, manufacturas de plástico y piedras y metales preciosos. Pero, los productos específicos que China importa de esos tres grupos son distintos de los que exportamos. En el caso de artefactos eléctricos, importa principalmente circuitos integrados y microestructuras electrónicas, que usa para ensamblar productos electrónicos. En dispositivos médicos, pasa lo mismo: importa componentes sofisticados. En plásticos, importa insumos en sus formas primarias mientras que lo que exportamos son productos plásticos terminados, como envases para alimentos y otros. Y en metales y piedras preciosas, no importa oro, que es lo que exportamos, sino diamantes, platino y plata.

Cuando se consideran los diez grupos de productos en los que China registra un crecimiento más intenso de sus importaciones entre 2013 y 2017, apenas uno coincide con los diez productos de exportación más importantes del país: calzados y sus partes. Pero resulta que China también es un importante exportador de calzados, lo que podría suponer que entrar en ese mercado con ese tipo de producto es difícil.

No obstante, hay que reconocer que, siendo el mercado chino tan grande, no hay que aspirar a exportar lo que más importan. Para una economía tan pequeña como la nuestra, lograr colocar con éxito algunos productos con un peso y un dinamismo intermedio o hasta bajo podría ser significativo.

Exportaciones agropecuarias y agroindustriales

Algunos ven oportunidades en la exportación de productos agropecuarios y agroindustriales. La tierra y el clima dan ventajas al país en este tipo de actividades. Pero, en el caso de los productos frescos, esas ventajas sólo son aprovechables en la medida en que logremos controles sanitarios rigurosos. En esa materia, nuestro historial está lejos de ser impecable.

Sin embargo, hay que advertir de varios factores en contra. Primero, por ser perecederos, el costo y los riesgos en el transporte son mayores. Segundo, es muy probable que haya una intensa competencia de países con similares o mejores condiciones que el nuestro y más cercanos a China. Tercero, la experiencia costarricense con sus exportaciones de piña indica que el proceso de obtención de permisos sanitarios en China es largo y difícil. Se conoce que la burocracia china es dilatada y usa activamente barreras no arancelarias (p. e. permisos y requisitos) para regular las importaciones.

La competencia de las importaciones

Desde el punto de vista de las importaciones desde China, si se liberaliza el comercio, una parte importante de la producción industrial local puede ser desplazada. Las actividades potencialmente vulnerables podrían representar más del 40% de la producción manufacturera local total. Ejemplos de ellas podrían ser la fabricación de sustancias y productos químicos, de metales comunes, de productos de plástico y caucho, y la elaboración de confecciones textiles y productos de cuero y calzado.

Aunque lo anterior no dibuja un panorama alentador, la mejor lectura es que hay que medir bien las potencialidades y los riesgos y actuar estratégicamente. Esperar no es una opción porque nada cambiará ni se aprovecharán las oportunidades que puedan existir. Pero tampoco lo es aceptar, por ejemplo, un acuerdo comercial como los que hemos firmado antes, que liberaliza todas o casi todas las importaciones de bienes.

En este punto, hay dos cosas que deben considerarse seriamente. Primero, la posibilidad de lograr un acuerdo comercial con China que reduzca barreras críticas para exportaciones dominicanas con potencial en ese mercado (incluyendo barreras no arancelarias) y que no exponga en demasía a la industria local. Se puede seguir el ejemplo de Costa Rica, país que firmó un tratado de libre comercio con China en el que más de 30% de los productos quedaron reservados, esto es, no sujetos a libre comercio.

Segundo, China y sus empresas son las más demandadas en el mundo por prácticas comerciales desleales como subsidios y dumping. Por ello, cualquier acuerdo requeriría reforzar las provisiones en esa materia y fortalecer las capacidades nacionales de defensa comercial.

Inversiones

Lo más prometedor de las relaciones económicas con China son las inversiones que puedan hacer empresas de ese país acá. Pero para que tengan un impacto importante en el bienestar, hay que tener una visión clara del tipo de inversiones que son deseables y, a la vez, posibles.

Lo deseable es que las inversiones sean nuevas (greenfield) y no la compra de empresas existentes (brownfield), que generen muchos empleos, que al menos una parte de ellos tengan vocación de transformarse hacia unos de más calidad, demandando más calificación y que generen divisas a través de la exportación.

La factibilidad (lo posible) tiene que ver con que las inversiones tengan sentido para las empresas chinas, lo cual puede depender de los costos que prevalezcan, la ubicación y las facilidades logísticas, las capacidades laborales y el acceso a un mercado objetivo como el de Estados Unidos. Una o varias de esas ventajas pueden animar a empresas chinas a invertir en operaciones complementarias en territorio dominicano para, por ejemplo, procesar insumos fabricados en China, empacar y distribuir.

Por eso la pregunta relevante es si alguna o varias de esas ventajas puede compensar la desventaja de la distancia y el costo de transporte entre China y el Caribe. La respuesta no es obvia y depende del producto y de la naturaleza del proceso requerido. Por ejemplo, mientras más valor agregado tengan los insumos, menor es el costo de transporte por dólar transportado.

Turismo

Como ya se ha dicho, morder una fracción del turismo chino sería de mucho provecho. Pero la tarea es difícil, tal como lo demuestra la experiencia de Cuba, con muchos años de estrechas relaciones políticas y económicas con China. Primero, la distancia entre Asia y el Caribe es grande y el número de horas de vuelo muy alto. Eso desincentiva la visita al Caribe. Segundo, los destinos de playas tropicales no son precisamente los preferidos del turismo chino. Pero, además, en Asia y el Pacífico abundan esos destinos, a una distancia mucho menor que el Caribe.

Sin embargo, para el turista chino, la experiencia es más importante que el costo y su capacidad de gasto es mayor que el turista no chino. Esto puede abrir una ventana de oportunidad y, si se le saca provecho, podría contribuir a cambiar el perfil del turismo en el país y a acrecentar el gasto por turista por día. Además, prefieren paquetes turísticos antes que turismo independiente, una modalidad en la que tenemos amplia experiencia.

Todo lo anterior debe ayudar a poner los pies sobre la tierra, y hacer evidente que sacarle provecho económico a la relación con China será una tarea difícil que requerirá inteligencia, hilo fino y determinación.

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Andy Dahuajre

Danilo Medina y la oposición conservadora. Por Eduardo Jorge Prats

Eduardo Jorge Prats (2015)

Semanas atrás, en este mismo diario (Acento) , Juan Bolívar Diaz afirmaba que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) era “muy conservador”. Aunque el señalamiento se refería exclusivamente a que el PRM había sido muy conservador “al calcular lo que se podría ahorrar en el presupuesto nacional del 2016”, posición refutada brillantemente por una de las cabezas mejor montadas de la ciencia económica dominicana –Iván Rodríguez-, al sostener la crítica de los economistas del Partido Revolucionario Dominicano a dicha posición, y la cual puede sintetizarse en la contradicción de proponer reducciones presupuestales en sectores claves como Poder Judicial y Procuraduría General de la Republica, mientras al mismo tiempo se proponen altísimos incrementos salariales para los miembros de una Policía Nacional cuestionada y no reformada, lo cierto es que la aseveración de Diaz nos mueve a reflexionar sobre lo que consideramos que es el verdadero conservadurismo del PRM y de la mayoría de la oposición al gobierno del presidente Danilo Medina.

El conservadurismo de la oposición dominicana tiene su origen en la prevalencia en nuestro país de una cultura autoritaria que ha hecho que, durante mucho tiempo, Republica Dominicana más que un Estado de Derecho haya sido un “Estado de Derecha”. Esa cultura autoritaria ha penetrado amplios segmentos de nuestra izquierda, la que, en su momento -usando “recargado” el término acuñado por Juan Isidro Jimenez Grullon-, hemos denominado “nuestra falsa izquierda”. Esta inclinación autoritaria es visible en el firme apoyo de la oposición al discurso penal hegemónico, que es el del populismo penal, con todo lo que ello implica: erosión de las garantías fundamentales de los justiciables y legitimación del discurso de la mano dura y de la pena de muerte aplicada extrajudicialmente a presuntos delincuentes muertos en supuestos “intercambios de disparos”. Si alguien duda lo que afirmamos que se lea los enjundiosos y muy leídos ensayos de Guillermo Moreno sobre el Código Procesal Penal, en especial su posición respecto a la validez de extender jurisprudencialmente los procesos y la prisión preventiva, más allá del plazo legal taxativamente establecido por el legislador, es decir, en clara violación a la ley, posición doctrinal –sostenida también, no por casualidad, por uno de los juristas estrella de la Fuerza Nacional Progresista, Gregory Castellanos Ruano- que es la que ha permitido a muchos jueces penales derribar una de las conquistas liberales más preciadas en la ciencia jurídico-procesal-penal, como lo es la limitación del proceso y la prisión preventiva a un plazo razonable clara y específicamente establecido por el legislador y no al plazo que medalaganaria y arbitrariamente señale el juzgador. Lo que pasa es que, por un lado, hay un populismo penal de derecha que busca la condena sin garantías de presuntos inocentes cuya principal crimen es el “porte ilegal de cara”, acusados en realidad de ser “pobres, negros y feos”, y, por otro, un populismo penal de izquierda que busca esta misma condena para los delincuentes de cuello blanco, presuntamente culpables por ser políticamente minoritarios o manifiestamente desagradables en la escala de la corrección política. Ambos populismos, sin embargo, son eminentemente conservadores y autoritarios.

Pero la oposición dominicana es claramente conservadora no solo porque asume por acción u omisión el discurso del populismo penal. Es que también coquetea con el resto del populismo al asumir determinadas reivindicaciones sociales sin enfrentar directamente a las clases propietarias y burguesas; al adoptar acríticamente el discurso ultranacionalista y su rechazo casi demencial a la inmigración, a lo haitiano y a las “grandes potencias”, en especial a Estados Unidos; y al oponerse o no respaldar abiertamente las justas e impostergables demandas de determinados colectivos, como es de la comunidad LGBT. Este conservadurismo viene de la alianza non sancta de una izquierda y una derecha que comparten el gen nacionalista y autoritario, y que, además, resultan ser ambas representativas de un “machismo leninismo” más que ostensible en su indiferencia u oposición a los derechos de la mujer, incluyendo el derecho al aborto, y en su descarada homofobia. Sobra decir que casi toda la oposición es maniquea pues todos los problemas de la cosa pública los plantea en términos de una bipolaridad de personas buenas y personas malas, lo que es evidencia de un personalismo rayano en el mesianismo y que, por demás, y en la medida que subestima el rol de las instituciones, es netamente conservador.

En contraste con esta oposición conservadora, el presidente Danilo Medina aparece colocado claramente a su izquierda o por lo menos en el centro del espectro político. Solo hay que leer las observaciones presidenciales al Código Penal y su valiente defensa a los derechos de la mujer y ver el vergonzoso silencio de la oposición frente a este tema, para darse cuenta quien es conservador o no. Incluso, en un tema tan espinoso como el de la nacionalidad de los hijos de inmigrantes de status migratorio irregular, el presidente Medina se colocó en una posición mucho más progresista que la oposición, al proponer al Congreso Nacional, en medio del furor patriotero, una ley que, como la 169-14, viene a enfrentar la situación creada por la Sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional y a poner a la República Dominicana en mejores condiciones para defenderse honrosamente frente a la comunidad internacional. Y, lo que es más importante, sus avanzadas políticas sociales, en especial la revolución educativa que lleva a cabo el Gobierno, con la asignación del 4% del PIB para la educación, la tanda extendida, el cumplimiento del mandato constitucional de ofrecer educación pre-escolar universal, la alimentación que beneficia a millones de estudiantes y la construcción de las estancias infantiles, ubican al presidente Medina en una posición claramente socialdemócrata, progresista y liberal, que contrasta con el vergonzoso conservadurismo de la oposición.

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Andy Dahuajre

Julio Cury: Teoría de ponderación

Cuando dos principios constitucionales coliden, uno tiene que ceder ante el otro, lo cual no significa que el desplazado sea declarado nulo o inválido, sino inaplicable a un caso específico. La doctrina y jurisprudencia constitucionales han reconocido tres teorías para solucionar esos conflictos o antinomias, siendo la más socorrida la del balanceo o ponderación.

En su Sentencia TC 0011/12, el Tribunal Constitucional sentó su primer precedente al respecto, para lo cual hizo suyo el criterio de la Corte Constitucional de Colombia (Sentencia No. T-210/94, del 27 de abril de 1994). Veamos: “En consecuencia, es indispensable que el fallador, en la ponderación de los derechos en juego, aprecie y evalúe las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se ejercen los derechos, de manera que a la luz de la situación de hecho concreta, pueda establecer si el ejercicio de uno de ellos resulta desproporcionado, lo que sucedería en caso de vulnerar el núcleo esencial de un derecho fundamental específico”.

Y más adelante se lee: “En otra importante decisión respecto al tema que nos ocupa, la misma Corte Constitucional de Colombia (Sentencia T-417/96, del 9 de septiembre de 1996) estableció que… el juez ha de evaluar la real existencia de la colisión, buscando, en principio, hacer compatibles todos los derechos en juego. Si la compatibilidad no puede alcanzarse por razón de las características del conflicto, debe prevalecer el derecho más próximo a la dignidad del ser humano… procurando, desde luego, que el derecho no preponderante resulte afectado únicamente en la medida necesaria para no sacrificar el prevaleciente”.

Posteriormente, en su Sentencia TC 0042/12, el TC sostuvo que la necesidad de ponderar derechos fundamentales en conflicto “implica la operación de balancear esos derechos en concurrencia, o sea, establecer un orden de importancia entre ellos, haciendo prevalecer a uno sobre el otro, con base en una estimación específica para el caso concreto. Así, en el presente caso se determinará cuál de esos derechos (el de acceso a la información o el derecho a la intimidad) debe ceder…”.

Algunos dirigentes políticos, incluido uno que otro con el título de licenciado en Derecho debajo de las axilas, han opinado que la sentencia en virtud de la cual el TC declaró inadmisible una acción directa contra el vigésimo transitorio, “cerró el caso definitiva e irrevocablemente”. Es obvio que desconocen que el máximo órgano de justicia constitucional cuenta con técnicas jurídicas como el distinguishing, reversing y overruling, y que el párrafo I del art. 31 de la Ley No. 137-11 le permite apartarse de sus precedentes, siendo suficiente “expresar en los fundamentos de hecho y de derecho de la decisión las razones por las cuales ha variado su criterio”.

Peor todavía, ignoran que la ponderación es la más efectiva herramienta de solución de pugnas entre principios constitucionales. Y hasta donde se sabe, el TC aún no ha decidido, por vía de apoderamiento mediante recurso de revisión constitucional, si la restricción al derecho a ser elegible que el vigésimo transitorio le impone al Presidente, prevalece sobre otros derechos fundamentales de que él es igualmente titular. No hay necesidad de impacientarse, pues como enseña el Eclesiastés, “Todo tiene su momento oportuno… hay tiempo para callar y tiempo para hablar, tiempo para llorar y tiempo para reír”.

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