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Andy Dahuajre

Miguel Vargas líder de personalidad, percepción y recursos

Por Fernando Pena

Hay quienes dicen que la política está en crisis, que hay crisis de liderazgo…Puede ser cierto, luego de la desaparición física de los lideres tradicionales dominicanos, Juan Bosch, Pena Gómez, Joaquín Balaguer los partidos han ido de atolladeros en atolladeros.
Ellos integran una tríada de líderes políticos excepcionales, cuyas vidas y principios se colocan como paradigma del pensamiento liberal progresista y social-demócrata dominicano y conservadores del siglo XX.
Se extraña a esos viejos grandes líderes dominicanos…
De sus hojas de vidas en la política, de las lecturas de sus obras, puede inferirse su profundo sentido de patria y la congruencia con sus ideas progresistas libertarias.
Percibo que hoy las cosas van diferentes.
Ahora hay otra visión de líder, no hay testimonio de valor civil, conciencia crítica y autenticidad.
Se percibe una crisis de liderazgo.
Leonel Fernández quiso emular de manera fallida a Joaquín Balaguer.
Danilo Medina al igual que Fernández surge de ese vacío de liderazgo, aunque con condiciones excepciones y reconocida capacidad política y estratégicas habrá que esperar lo que suceda cuando deje la presidencia de la Republica.
Hipólito se quedó truncado, obvio el pragmatismo de Leonel Fernández, ya es tradición y conchoprimismo.
Hipólito, al igual que otros dirigentes del PRD llevaran encima de su historia el haber truncado el liderazgo emergente de esa organización.
Miguel Vargas ha preferido el sacrificio y pagar el precio político de apostar a lo nuevo, a la actualización de su partido y de la política dominicana.
Miguel Vargas contrario a lo que le imputan sus adversarios y enemigos políticos ex compañeros de partido, paradoja de la vida, ha preferido servir a la patria y a su partido PRD, con sentido de grandeza, como pocos dominicanos lo han hecho a lo largo de su historia.
Él, que prácticamente lo tiene todo por su tesonera labor y ejercicio profesional, ha puesto en riesgo su prestigio y sus empresas ganadas a pulso por la contribución a la consolidación de la democracia y del PRD.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, del Gobierno Compartido con Danilo Medina y el PLD, Miguel Vargas se ha revelado como el Canciller de las Américas, con una inteligencia superior; un internacionalista agudo y eficaz; servidor público ejemplar; líder político con profundo sentido de la justicia social y entrañable amor a su país.
Miguel Vargas le ha ensenado a los perredeistas y a los políticos dominicanos que tiene sentido hacer política en este pleno siglo XXI, pero que debe ser actualizada, moderna, adecuada a los nuevos tiempos, con luz propia.
Por ello hoy Miguel Vargas es decisivo junto a su PRD en la vida nacional, con influencia decisiva en la vida política dominicana.
Para aceptarlo y comprenderlo solo hay que tener un mínimo de entendiendo de la complejidad de los procesos políticos nacionales, partidarios, mundial y latinoamericanos, solo así se puede explicar adecuadamente la significante labor y la magnitud de la lucha política emprendida por Miguel Vargas en el PRD y en el país.
Él es un líder de personalidad, percepción y recursos.

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Andy Dahuajre

Lo que sé del PRD. Por Homero Luciano

Yo sé, que con la última fisura del PRD, mucha gente pensó que este partido había cumplido su ciclo vital. Se atrevieron a decretar que la luz del Jacho se extinguía, para dar paso a la eterna penumbra. Se equivocaron, vive el PRD!

Yo sé, cuáles fueron los problemas internos que dieron al traste con la salida de liderazgos importantes, y de otras tantas causas que terminaron desgastando al partido, que en su haber tiene el mérito de consolidar la democracia en la República Dominicana.

Se además, que muchos factores estuvieron presentes para que el PRD se resquebrajara. No lo lograron!

Sabíamos por qué un pacto con el PLD. Logramos dar el paso atrás para lograr su impulso y permanencia. En esa pausa, trillamos un nuevo camino para alcanzar el poder. ¡Esa es la meta!

Estábamos contestes, que el liderazgo que se marchó, se había apropiado del partido hasta llevarlo a la peor de sus crisis. El tiempo nos dio la razón!

Yo sé lo que dijo Neruda de aquellos que usurparon: ”Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo”…

¡Nos dejaron el himno, el jacho y la blanca bandera!. Y la memoria histórica de Pena Gómez.

Aún sabemos que los desertores, permanecen en su “moderna casa” en primera fila, a sabiendas que les llegó la hora, sino de retirarse de la política, al menos de hacerse a un lado para el relevo de la generación siguiente. ¡Qué ironía!

Sé que en el PRD, algunos hegemones de antaño, se resistieron al retiro honroso, resistencia que tenía como único objetivo dejar sembrada en el liderazgo emergente, la semilla de la confrontación, que en definitiva son los mismos métodos que están empleando en su “nueva” casa. ¡Cerraaaaadaassssss!

Ciertamente sé, que hoy el PRD, ha logrado recomponerse con inusitado acierto, bajo la dirección del Ing. Miguel Vargas Maldonado.

Yo sé, que el proceso de fortalecimiento con la campaña de puertas abiertas, y el trabajo de reorganización que se lleva a cabo en todos los niveles, proyectan al partido blanco, como la tercera fuerza política de caras a las elecciones del 2020. ¡Esto es lo que se ve en el PRD!.-

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Andy Dahuajre

Danilo Medina y la oposición conservadora. Por Eduardo Jorge Prats

Eduardo Jorge Prats (2015)

Semanas atrás, en este mismo diario (Acento) , Juan Bolívar Diaz afirmaba que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) era “muy conservador”. Aunque el señalamiento se refería exclusivamente a que el PRM había sido muy conservador “al calcular lo que se podría ahorrar en el presupuesto nacional del 2016”, posición refutada brillantemente por una de las cabezas mejor montadas de la ciencia económica dominicana –Iván Rodríguez-, al sostener la crítica de los economistas del Partido Revolucionario Dominicano a dicha posición, y la cual puede sintetizarse en la contradicción de proponer reducciones presupuestales en sectores claves como Poder Judicial y Procuraduría General de la Republica, mientras al mismo tiempo se proponen altísimos incrementos salariales para los miembros de una Policía Nacional cuestionada y no reformada, lo cierto es que la aseveración de Diaz nos mueve a reflexionar sobre lo que consideramos que es el verdadero conservadurismo del PRM y de la mayoría de la oposición al gobierno del presidente Danilo Medina.

El conservadurismo de la oposición dominicana tiene su origen en la prevalencia en nuestro país de una cultura autoritaria que ha hecho que, durante mucho tiempo, Republica Dominicana más que un Estado de Derecho haya sido un “Estado de Derecha”. Esa cultura autoritaria ha penetrado amplios segmentos de nuestra izquierda, la que, en su momento -usando “recargado” el término acuñado por Juan Isidro Jimenez Grullon-, hemos denominado “nuestra falsa izquierda”. Esta inclinación autoritaria es visible en el firme apoyo de la oposición al discurso penal hegemónico, que es el del populismo penal, con todo lo que ello implica: erosión de las garantías fundamentales de los justiciables y legitimación del discurso de la mano dura y de la pena de muerte aplicada extrajudicialmente a presuntos delincuentes muertos en supuestos “intercambios de disparos”. Si alguien duda lo que afirmamos que se lea los enjundiosos y muy leídos ensayos de Guillermo Moreno sobre el Código Procesal Penal, en especial su posición respecto a la validez de extender jurisprudencialmente los procesos y la prisión preventiva, más allá del plazo legal taxativamente establecido por el legislador, es decir, en clara violación a la ley, posición doctrinal –sostenida también, no por casualidad, por uno de los juristas estrella de la Fuerza Nacional Progresista, Gregory Castellanos Ruano- que es la que ha permitido a muchos jueces penales derribar una de las conquistas liberales más preciadas en la ciencia jurídico-procesal-penal, como lo es la limitación del proceso y la prisión preventiva a un plazo razonable clara y específicamente establecido por el legislador y no al plazo que medalaganaria y arbitrariamente señale el juzgador. Lo que pasa es que, por un lado, hay un populismo penal de derecha que busca la condena sin garantías de presuntos inocentes cuya principal crimen es el “porte ilegal de cara”, acusados en realidad de ser “pobres, negros y feos”, y, por otro, un populismo penal de izquierda que busca esta misma condena para los delincuentes de cuello blanco, presuntamente culpables por ser políticamente minoritarios o manifiestamente desagradables en la escala de la corrección política. Ambos populismos, sin embargo, son eminentemente conservadores y autoritarios.

Pero la oposición dominicana es claramente conservadora no solo porque asume por acción u omisión el discurso del populismo penal. Es que también coquetea con el resto del populismo al asumir determinadas reivindicaciones sociales sin enfrentar directamente a las clases propietarias y burguesas; al adoptar acríticamente el discurso ultranacionalista y su rechazo casi demencial a la inmigración, a lo haitiano y a las “grandes potencias”, en especial a Estados Unidos; y al oponerse o no respaldar abiertamente las justas e impostergables demandas de determinados colectivos, como es de la comunidad LGBT. Este conservadurismo viene de la alianza non sancta de una izquierda y una derecha que comparten el gen nacionalista y autoritario, y que, además, resultan ser ambas representativas de un “machismo leninismo” más que ostensible en su indiferencia u oposición a los derechos de la mujer, incluyendo el derecho al aborto, y en su descarada homofobia. Sobra decir que casi toda la oposición es maniquea pues todos los problemas de la cosa pública los plantea en términos de una bipolaridad de personas buenas y personas malas, lo que es evidencia de un personalismo rayano en el mesianismo y que, por demás, y en la medida que subestima el rol de las instituciones, es netamente conservador.

En contraste con esta oposición conservadora, el presidente Danilo Medina aparece colocado claramente a su izquierda o por lo menos en el centro del espectro político. Solo hay que leer las observaciones presidenciales al Código Penal y su valiente defensa a los derechos de la mujer y ver el vergonzoso silencio de la oposición frente a este tema, para darse cuenta quien es conservador o no. Incluso, en un tema tan espinoso como el de la nacionalidad de los hijos de inmigrantes de status migratorio irregular, el presidente Medina se colocó en una posición mucho más progresista que la oposición, al proponer al Congreso Nacional, en medio del furor patriotero, una ley que, como la 169-14, viene a enfrentar la situación creada por la Sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional y a poner a la República Dominicana en mejores condiciones para defenderse honrosamente frente a la comunidad internacional. Y, lo que es más importante, sus avanzadas políticas sociales, en especial la revolución educativa que lleva a cabo el Gobierno, con la asignación del 4% del PIB para la educación, la tanda extendida, el cumplimiento del mandato constitucional de ofrecer educación pre-escolar universal, la alimentación que beneficia a millones de estudiantes y la construcción de las estancias infantiles, ubican al presidente Medina en una posición claramente socialdemócrata, progresista y liberal, que contrasta con el vergonzoso conservadurismo de la oposición.

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