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OPINIONES

El significado histórico del PRD en un nuevo aniversario . Por Emilia Fernández

Con una serie de importantes actividades conmemorativas, el Partido Revolucionario Dominicano, el más importante instrumento de lucha y conquistas sociales que ha tenido el país, arriba este jueves a un nuevo aniversario de su fundación.

Como partido policlasista, el PRD ha representado históricamente la fiel defensa de los sanos intereses nacionales, y qué bueno es que este 57 aniversario encuentre un partido tonificado, rejuvenecido y en crecimiento, dirigido por un equipo de prominentes ciudadanos encabezados por el ingeniero Miguel Vargas, su presidente y líder actual.

Tras la muerte del doctor José Francisco Peña Gómez hubo quienes creyeron que a lo interior de la organización del jacho encendido y la bandera azul y blanca se produciría algo así como una estampida. Pero para bien de la democracia no ha sido así.

Pues quiso el destino y la razón que dentro de la organización surgiera un nuevo liderazgo capaz de renovar un partido tan grande y diverso, verdadera expresión de la democracia por la que tanto se ha luchado y que tanto sudor y sacrificio nos ha costado.

Celebro que el PRD es, en estos momentos, una verdadera opción de poder y expresión de los anhelos de las mayorías nacionales conformadas por esos hombres y mujeres que merecen una vida mejor, apoyados por un partido que está en permanente crecimiento, captación de nuevos acólitos y renovación para reafirmar los principios en los que está fundamentado.

Debo señalar, en honor a la verdad, la responsabilidad y la entrega del ingeniero Vargas porque con su inversión y sacrificio se ha entregado a mantener viva y encendida la luz del jacho y, resultados son, el crecimiento de la entidad política, la capacitación de su dirigencia y la impresión de una nueva dinámica ajustada a estos últimos tiempos.

Cuando alguien (en este caso el señor Vargas Maldonado) deja de lado muchas de sus responsabilidades personales, descuidando incluso sus exitosas empresas privadas de toda una vida, para entregarse a la renovación de una organización como esta, hay que reconocerle sus ingentes esfuerzos. Esfuerzos debidos al carácter de una mística real y una auténtica vocación de servicio, así como una manera de honrar permanente las ideas que motivaron su fundación y a la memoria indudable del doctor Peña Gómez, un gigante de las luchas democráticas, uno de los más carismáticos y grandes líderes que sobrepasan los límites continentales.

Serían necesarias muchas horas y páginas necesarias para examinar detalladamente los inigualables aportes del PRD, sus líderes y su militancia a lo largo de toda una historia que en los últimos tiempos ha sido valorada más que nunca; andan por ahí los resultados que atestiguan cuanto aquí afirmo.

De modo que para los perredeístas y la ciudadanía sensata la amplia variedad de actividades, desde misas, encuentros y debates que servirán de marco a estos festejos aniversarios constituyen una manera de reafirmación de la gratitud hacia el pueblo dominicano, como ha deseado su presidente Miguel Vargas.

Reflexiono ahora y recuerdo a los que ya no están físicamente aunque viven en el corazón agradecido, y aplaudo las laboriosas iniciativas y la constante reinvención del partido. Su actual presidente ha sido siempre claro y categórico, como hombre de Estado y carácter.

Finalmente, celebro y conmemoro este nuevo aniversario glorioso del PRD y congratulo a su dirigencia, con Miguel Vargas siempre a la cabeza, por la dinámica y por la mística, por la reingeniería y por el hecho de mantener vivos los principios del partido del pueblo, el Partido Revolucionario Dominicano como verdadera esperanza nacional.

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Migue Guerrero

Años después de su partida . Por Miguel Guerrero

Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y en su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de la escenas cotidianas.

Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia, y sin embargo había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado disminuir.

De todas las virtudes, la que más apreciaba en cualquiera de nosotros, sus hijos, eran la de la sencillez y la humildad. Las demás carecían del valor esencial de éstas, porque sabía que el talento, la riqueza y la belleza física, eran después de todo temporales como la vida misma y enanas ante la grandeza de Dios. (Extraído del libro del autor “El mundo que quedó atrás”, publicado en el 2002).

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OPINIONES

El día que la Iglesia Católica denunció la represión Trujillista

El 31 de enero de 1960, por una disposición de la Conferencia del Episcopado Dominicano, fue leída en todas las iglesias católicas la Carta Pastoral que habían emitido los obispos el día 25 de enero de ese año.

El documento constituye una reacción muy cuidada de la Iglesia Católica contra la represión que había desatado la dictadura de Trujillo en contra de los miembros de la Agrupación 14 de Junio, liderada por el doctor Manuel Aurelio (Manolo) Tavarez Justo.

En la Carta Pastoral los obispos expresaron:

“Asumiendo la obligación pastoral de cuidar el espiritual rebaño, confiado por la Bondad Divina a nuestra solicitud, no podemos permanecer insensibles ante la honda pena que aflige a buen número de hogares dominicanos. Por ello, expresamos nuestra paternal simpatía, nuestro profundo pesar y nuestro común sentimiento de dolor ya que es una obra de misericordia “consolar al triste” haciendo propia la frase del apóstol San Pablo: “Llorar con los que lloran”, del libro de Romanos capítulo 12 versículo 15.

Los obispos auguraron: “En medio de esta pena, esperamos con la más viva confianza en la intercesión poderosa de Nuestra Señora de la Altagracia que, por encima de las humanas pasiones, Ella hará resplandecer la caridad y la clemencia”.

En el momento que la dictadura de Trujillo acrecentó la represión contra los miembros o sospechosos de pertenecer al 14 de Junio, el mensaje de la Iglesia Católica se interpretó como una nota de rechazo a las acciones del régimen.

La Carta Pastoral la firmaron el Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Monseñor Ricardo Pitini, Monseñor Octavio A. Beras, Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo; Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, Obispo de Santiago de los Caballeros; Monseñor Francisco Panal, Obispo de La Vega Real, Monseñor Juan Félix Pepen, Obispo de La Altagracia y Monseñor Tomás F. Reilly, Obispo Titular de Testimonio Prelado “Nullius” de San Juan de la Maguana.

En la carta pastoral los obispos también informaron a la Nación que enviaron una carta a la más Alta Autoridad del país, para que, en un plan de recíproca comprensión, se eviten excesos, que, en definitiva, sólo harían daño a quien los comete, y sean cuanto antes enjugadas tantas lágrimas, curadas tantas llagas y devuelta la paz a tantos hogares”.

En opinión del sacerdote jesuita Antonio Lluberes: “La logística de redacción y distribución de la carta fue un virtuosismo de sigilo, que no pudo ser detectado ni por los servicios de inteligencia, ni por los miembros del clero amigos del régimen.

“El Episcopado hizo una sutil distinción en el clero e incluso evitó que el documento llegase a manos de los sacerdotes sospechosos de trujillismo. Esa primera carta usaba un lenguaje aséptico pero estridente para aquellos años de oscurantismo.

“Los obispos repetían los más elementales derechos humanos y aludían a las circunstancias delicadas que se vivían en el país”.

En ese momento los agentes del Servicio de Inteligencia Militar llevaban a cabo una campaña de represión en la República Dominicana, contra los sindicados como desafectos del régimen dictatorial o miembros de la Agrupación 14 de Junio.

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