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Rich, el empleado del aeropuerto que robó y pilotó él solo un avión en Seattle


Por fortuna, Richard no llevó a cabo una matanza. Eso le distingue de Andreas Lubitz, el copiloto de Germanwings que estrelló su avión en ruta de Barcelona a Düsseldorf en marzo de 2015. Lubitz acabó con su vida y con la de 149 personas inocentes.
Richard -o ‘Rich’, que es como le llamaban los controladores de la torre de control del aeropuerto de Seattle- no mató a nadie. Pero su muerte -que los medios de comunicación estadounidenses especulan podría ser un suicidio- es igualmente terrible en su espectacularidad. Richard era un mecánico, robó un avión Q-400 para vuelos regionales con capacidad para 80 personas (incluyendo tripulación), hizo acrobacias durante una hora sobre la Bahía de Puget, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y, finalmente, estrelló el aparato, que tenía unos 950 litros de combustible, en una isla deshabitada.
Richard llevó a cabo la mayor parte de su locura bajo la atenta vigilancia de dos cazas F-15 armados, y listos para destruir el Q-400 si su piloto daba el menor indicio de que iba a estrellar su aparato contra algún lugar habitado. Es una consecuencia del 11-S, cuando la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional de EEUU fracasaron totalmente a la hora de abatir los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono. En aquella ocasión, la crisis provocada por los atentados estuvo, encima, a punto de hacer que la defensa aérea estadounidense echara abajo aviones que no habían sido secuestrados, entre ellos, uno de Iberia en vuelo a Nueva York, según narra el periodista Bob Woodward en su libro ‘Plan of Attack’, publicado 2004.
La acción de este hombre, del que sólo se ha difundido que tenía 29 años, llega justo cuando la Administración de Seguridad para Transporte Federal de Aviación (TSA, según sus siglas en inglés) ha estado a punto de eliminar los controles de seguridad de 150 aeropuertos regionales de EEUU. La idea de la TSA era dejar los aeródromos que sólo pueden admitir aviones con menos de 60 pasajeros, y que atienden a casi cuatro millones de pasajeros al año, sin ningún tipo de control.

Con esa medida, el Estado se habría ahorrado 115 millones de dólares (101 millones de euros), y podría haber destinado a 1.300 miembros del personal de seguridad de esos aeródromos -muchos de ellos trabajadores de empresas privadas que obtienen contratos con la FAA- a aeropuertos más grandes y, teóricamente, con más peligro.
Y ahí es donde estalló la polémica. Los planes de las autoridades fueron desvelados por la cadena de televisión CNN el miércoles de la semana pasada, y la reacción de la opinión pública obligó a la FAA a repensar sus planes. Finalmente, el miércoles, apenas 48 horas antes del incidente de Seattle, el máximo responsable de la TSA, David Pekoske, declaraba al diario ‘USA Today’ que el recorte “no vale la pena”.
Pero el aeropuerto de Tacoma, que sirve a la ciudad de Seattle, no pertenece a ese grupo. En 2017, fue el noveno con más tráfico de EEUU, y el trigésimo primero a nivel mundial. No es precisamente muy tranquilizador a la hora de analizar la seguridad aeroportuaria estadounidense que un mecánico pudiera hacerse con el control de un avión en un aeródromo gigante en medio de los cuatro millones de personas que forman el área metropolitana de Seattle, que es casi tan grande como la de Barcelona si se toman los datos de la oficina de estadísticas de la UE, Eurostat, y que es la sede de empresas como Amazon, Microsoft, y Starbucks.
Alaska Airways, la aerolínea de bajo coste que es dueña de Horizon Air, la empresa a la que pertenecía el Q-400, está investigando cómo Richard pudo hacerse con el control del aparato. Lo único que se sabe es que alrededor de las siete y media de la tarde hora local, (diez y media de la noche hora peninsular española), el hombre despegó, sin autorización, y empezó a hacer cabriolas sobre la Bahía. Las autoridades han difundido la conversación entre el mecánico transformado en piloto y la torre de control, en la que el primero oscila entre los pensamientos suicidas, las preguntas técnicas acerca de cómo pilotar la nave, y las incoherencias.
“Tengo un montón de gente que se preocupa por mí. Les va a decepcionar saber que yo he hecho esto. Quiero pedirles perdón a todos y cada uno de ellos. Soy un tipo roto, supongo que con algunos tornillos sueltos. No me di cuenta nunca, hasta ahora”, dice el presunto suicida, antes de desviar la conversación hacia el hecho de que “no necesito mucha ayuda” para manejar la nave, ya que “he jugado mucho con videojuegos”.
Richard cambia luego de tono y pide al controlador, cuyo nombre es Andrew: “No quiero hacer daño a nadie, sólo quiero que me digas cosas bonitas al oído”. El piloto también dice que quiere ver “a la orca madre con su cría”, en referencia a una orca de la Bahía de Puget que se ha convertido en la estrella del verano en EEUU porque lleva arrastrando en su boca el cadáver de su cría desde hace días. Tal vez lo más inquietante, porque es un signo de la división racial de Estados Unidos, es cuando Richard dice a Andrew que Alaska Airways no le va a dar un empleo como piloto “porque soy blanco”.

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Acosador de Kendall Jenner sigue tocando a su puerta pese a orden de alejamiento

Santo Domingo

Un juez emitió una orden de alejamiento temporal contra el acosador de la modelo Kendall Jenner, en la que le prohíbe acercarse a menos de cien metros de ella, según había solicitado nueva vez la joven.

Jenner informó que explicó que el hombre identificado como John Ford, tocó al timbre de su puerta el pasado martes mientras ella se encontraba en el interior de la casa y, al no obtener respuesta, se sentó a esperar y luego fue detenido por las autoridades.

Anterior a esa ocasión, el “acosador” había conseguido colarse en el residencial de Los Ángeles donde reside Kendall, escalando la ladera de una montaña para estar varias horas sentado junto a su piscina, pero se fugó antes de que llegaran las autoridades.

Al hablar sobre el tema, Jenner culpó a la prensa de la situación por la que está pasando, debido a que estos publican fotos de su casa y la localización.

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Cómo hizo Dinamarca para convertirse en el único país de Europa Occidental ocupado por los nazis que pudo salvar a su población judía

El 29 de septiembre de 1943, un rabino danés interrumpió el servicio matinal en la sinagoga de Krystalgade en Copenhague y dijo: “No tenemos tiempo para continuar con las oraciones”.

“Tenemos noticias de que este viernes por la noche, la noche entre el 1 y el 2 de octubre, la Gestapo vendrá y arrestará a todos los judíos daneses . Tienen una lista de direcciones y vendrán a la casa de cada judío y nos llevarán a todos a dos grandes barcos que esperan en el puerto de Copenhague y a los campamentos en el continente”, advirtió Marcus Melchior.

“Hay dos cosas que deben hacer”, dijo además el rabino.

“Número uno, mantenerse alejados de sus hogares el viernes por la noche. No sabemos lo que sucederá después, pero el viernes por la noche no estén en sus casas”.

“Número dos, transmitan esta noticia a todos sus amigos, familiares, a quien puedan, para que también sepan que deben irse de la casa para el viernes”.

Y los días que siguieron marcaron una de las historias de resistencia más notables de la Segunda Guerra Mundial.

Image copyrightGETTY IMAGESUn barco llevando a judíos daneses a Suecia, en 1943.
Image captionLa gran mayoría de los judíos de Dinamarca lograron escapar hacia Suecia, con la ayuda de la población civil.

Bajo las órdenes de Hitler, los judíos de Dinamarca debían ser deportados el 1 de octubre de 1943.

Pero en el transcurso de unas pocas semanas, una red subterránea que contó con la ayuda de la población no judía del país logró que casi 8.000 personas fueran trasladas en pequeñas embarcaciones hasta la neutral Suecia , donde estaban fuera de peligro.

“Hicimos lo que hicimos”

La fotógrafa Judy Glickman Lauder ha contado esa historia a través de una serie de retratos que muestran a los sobrevivientes judíos y a sus rescatistas.

Su libro, “Más allá de las sombras: El Holocausto y la excepción danesa” (publicado por Aperture), conmemora el 75 aniversario deese rescate.

Image copyrightJUDY GLICKMAN LAUDERKaren Lykke Poulsen
Image captionKaren Lykke Poulsen organizó las operaciones de rescate y coordinó la huída de cientos de judíos

Durante los últimos 30 años Glickman Lauder también ha fotografiado los sitios de los campos de exterminio nazis, como la famosa Auschwitz.

Yalgunas de esas imágenes aparecen en “Más allá de las sombras”, pero el libro también ofrece algo redentor y esperanzador.

“El estudioso del Holocausto Raul Hilberg observó que la vida bajo el régimen nazi redujo a todos a una de tres categorías: perpetrador, víctima o espectador”, escribe Glickman Lauder en su libro.

“Pero hubo excepciones a la regla de Hilberg: excepciones pequeñas pero importantes de personas y comunidades que no fueron ni perpetradores ni víctimas, y que se negaron a ser espectadores “, afirma.

Image copyrightJUDY GLICKMAN LAUDEREl puerto de Gilleleje
Image captionEl puerto de Gilleleje, donde el mar entre Dinamarca y Suecia se reduce a unos pocos kilómetros.

“Tuve la oportunidad de conocer, entrevistar y fotografiar a líderes de la Resistencia Danesa, a rescatistas y a sobrevivientes judíos. Estas personas extraordinarias compartieron sus experiencias individuales y me llevaron a los sitios donde se habían desarrollado los eventos de 1943”, relata la fotógrafa.

“Muchos no podían entender por qué quería hacer sus retratos. ‘ Hicimos lo que hicimos’ , me dijeron, como si fuera algo obvio. Perola realidad es que pocos otros lo hicieron”, cuenta.

Y en un ensayo que acompaña a las fotografías, Judith Goldstein argumenta que junto a una historia de violencia “hay otra historia igualmente importante que está siendo explorada: la de la resistencia, la resiliencia y laprotección de las minorías asediadas por parte de individuos valientes, comunidades y, en muy pocos casos, de naciones mismas”.

Movimiento de base

“En la noche del 1 y 2 de octubre se llevó a cabo la redada alemana”, recuerda Bent, el hijo de Melchior, en “Más allá de las sombras”.

“De los aproximadamente 8.000 judíos que había en Dinamarca, los alemanes encontraron solo a unos 200 en sus hogares. Algunos de ellos habían oído la noticia pero se negaron a creerla. A otros no llegamos a avisarles”, cuenta.

Image copyrightJUDY GLICKMAN LAUDERBent Melchior
Image captionBent Melchior tenía 14 años cuando se vio obligado a esconderse con su familia. Se convirtió en el principal rabino de Dinamarca cuando su padre murió, en 1969.

“Todos los demás estaban dispersos entre casas privadas, hospitales o donde podían esconderse”, continúa el hijo del rabino.

“Nadie estaba preparado para esto, nada se había organizado de antemano, y fue realmenteun movimiento de base de personas que tomaron el asunto en sus propias manos y se encargaron de mantenernos alejados de los alemanes”, destaca.

“Fuimos a la estación de Pårup [la última parada antes de Gilleleje] para buscar a las personas -que llenaban por completo el tren- y distribuirlas entre las grandes granjas”, cuenta Jens Møller en el libro.

“Pero eran tantos que no había suficiente espacio. Llevamos a una pareja de ancianos y a una pareja joven que tenían bebés gemelos a nuestra casa, y a algunos a la del carpintero”, recuerda.

Image copyrightJUDY GLICKMAN LAUDERJens Møller
Image captionJens Møller fue uno de los muchos daneses que ayudó a la población judía de Dinamarca a escapar a Suecia.

“Los vecinos trajeron pan y mantequilla. Se quedaron durante tres días”, continúa Møller.

“Y yo iba y venía al puerto para ver cuándo habría espacio para que ellos cruzaran”.

Como resalta Glinkman Lauder, “Dinamarca fueel único país de Europa occidentalocupado por la Alemania nazi que pudo salvar a su población judía”.

“Mientras que el mal y el miedo se apoderaron de la mayor parte de Europa, el pueblo danés conservó su humanidad y rescató a los que corrían un gran peligro”, dice.

Image copyrightJUDY GLICKMAN LAUDERHerbert Pundik
Image captionHerbert Pundik es ex editor del periódico danés Politiken y autor del libro “En Dinamarca no podía pasar: el vuelo de los judíos a Suecia en 1943”

Herbert Pundik tenía 16 años cuando su familia huyó a Suecia.

“Dos incidentes sobresalen de los recuerdos caóticos de aquellos días que pasamos con miedo y angustia tratando de encontrar una ruta de escape a Suecia”, relata.

“Uno se relaciona con mi padre: estábamoscorriendo por un bosque oscuro . Mi padre tropezó y cayó al suelo”.

“Y la caída de mi padre, que hasta entonces había sido la figura protectora y cabeza de familia, de pronto evidenció nuestra vulnerabilidad, miedo y pérdida de control. Solo en ese momento, en el bosque oscuro, me di cuenta de lo peligrosa que era nuestra situación”.

Image copyrightJUDY GLICKMAN LAUDERBosque cerca de Elsinore
Image captionMientras esperaban escapar de Dinamarca muchos judíos se escondieron en bosques como este, cerca de Elsinore, donde eran buscados por patrullas alemanas.

“El segundo incidente: estábamos a bordo del barco de pescadores dejando la costa de Dinamarca, en camino a través del estrecho hostil hacia la seguridad en Suecia”, continúa Pundik.

“Me di vuelta para echar un vistazo a Dinamarca. A la luz de la madrugada vi a la esposa del pescador y al hombre y la mujer que nos habían ofrecido protección mientras esperábamos para escapar, arrodillados en la arena, con las manos juntas y elevadas hacia el cielo, en una oración silenciosa “.

Símbolo de esperanza

Los retratos de Glickman Lauder nos recuerdan un momento en el que la gente común se puso en riesgo para ayudar a los demás.

“Aunque la historia danesa es pequeña en términos de números -ya que los afectados fueron una pequeña fracción de todos los perseguidos por los nazis-, tiene una dimensión enorme”, afirma.

“Es la historia de una población que demostró que era posible hacer algo y que se negó a ver a una minoría como ‘los otros'”, sostiene la fotógrafa.

Image copyrightAFPEn 2013 Dinamarca y Suecia conmemoraron el 70 aniversario del histórico rescate de los judíos daneses con una instalación de luces en ambas orillas.
Image captionEn 2013 Dinamarca y Suecia conmemoraron el 70 aniversario del histórico rescate de los judíos daneses con una instalación de luces en ambas orillas.

Glickman Lauder destaca además que eso “ocurrió en todos los niveles de la sociedad danesa : desde los pescadores que llevaron a los judíos hasta la seguridad en Suecia al abrigo de la oscuridad, hasta el reyChristian X, quien visitó la sinagoga Krystalgade de Copenhague en un acto de solidaridad y se negó a ser cómplice de la persecución nazi de los judíos”, destaca.

En esos tiempos, uno subía a la cima de la humanidad simplemente permaneciendo humano”, escribió alguna vez el fallecido Premio Nobel y sobreviviente del Holocausto, Elie Wiesel.

Y para Glickman Lauder, ese es el verdadero poder de estas imágenes. “Para mí el pueblo danés simbolizó la esperanza , una fuerza bondadosa en un mundo enloquecido”.

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