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Migue Guerrero

Por encima de las diferencias. Por Miguel Guerrero   |  

Cuando leía a César Medina, lo que hacía cada día por su estilo depurado, directo, sin oropeles, de impecable prosa, me asaltaba siempre una pregunta que me llenaba de inquietud. Y por más que reflexiono, todavía no acabo de entender la razón por la que en nuestro país se hace tan difícil que los grupos de decisión dejen a un lado sus diferencias en pro de un gran acuerdo que allane el camino hacia el futuro, si entre César y yo alcanzamos un alto nivel de afecto y respeto profesional por encima de las nuestras, que eran muchas.

Muchos de mis amigos, con los que mejor me siento, disienten por lo general de mis criterios y no tengo una visión más aburrida de una velada que aquella en las que todos piensen del mismo modo. Pero la terquedad con que en nuestro país se impone la irracionalidad en la discusión de los temas básicos y se convierten en irreconciliables los desacuerdos más insignificantes, me dice que el liderazgo nacional, en todos los estamentos de la sociedad dominicana, se divierte echando gasolina al fuego sólo para ver qué ocurre.

Entiendo que los agravios pesan, pero de qué pudiéramos estar hablando. Estados Unidos y Vietnam sostuvieron por años una de las guerras más cruentas de la historia y son hoy dos aliados con un prometedor tratado de libre comercio. Francia y Alemania fueron adversarios en las dos guerras mundiales que sangraron Europa en la primera mitad del siglo pasado y hoy son los líderes que sostienen la Unión Europea. La grandeza de esas naciones es la de haber enterrado sus ofensas para trabajar juntos por objetivos comunes. Y esa experiencia ajena debería servirnos de pauta para buscar en la diversidad la solución de nuestros problemas.

Porque mientras sigamos intentando encontrar el sendero del porvenir por el retrovisor, en lugar de por el vidrio delantero, quedaremos rezagados viendo al resto avanzar.

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Migue Guerrero

Entre el mito y la realidad. Por Miguel Guerrero

Sobre la base de mitos se atribuyó a la sociedad comunista un proceso permanente de evolución social que en realidad nunca poseyó. El carácter heroico otorgado a los movimientos marxistas fue por décadas una de las leyendas más propaladas. Sin embargo, el heroísmo y el sacrificio extremo no fueron las notas descollantes en muchos de esos procesos revolucionarios.

La colectivización que provocó más de veinte millones de muertos durante el sangriento mandato de Stalin, fue el paso crucial para la consolidación de la revolución bolchevique y es imposible encontrar en ese proceso negro de la historia soviética algún rasgo de humanidad o algo que la justifique, que no sea la ganancia del poder por parte del tirano y sus colaboradores.

Muchos de esos mitos se han caído por efecto de la realidad. Pero las graves desigualdades sociales que caracterizan la vida moderna los hacen todavía atractivo a los ojos de millones de personas alrededor del mundo. En muchos países de América Latina, si bien en menor intensidad que en el pasado, sigue existiendo la esperanza de un mundo más justo estructurado sobre la base de una mejor distribución de la riqueza en un sistema sujeto al control de la sociedad por una oligarquía política, politburó, que Milovan Djilas, el brillante pensador yugoslavo de la era de Tito, describió como “la nueva clase”.

La revolución castrista, que mantiene aún vivo ese fuego que apenas ya quema, es el ejemplo más patético del fracaso de ese experimento. Al cabo de seis décadas de revolución, los cubanos apenas han conseguido recientemente el derecho a poseer un celular y una computadora. Para protegerlos de la contaminación del cáncer capitalista, el régimen, siempre vigilante, les restringe las llamadas y el acceso al internet. De esta manera, la gerontocracia castrista mantiene intacta la pureza de su revolución.

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Migue Guerrero

Un viejo mito sobre Bosch. Por Miguel Guerrero

La prensa nacional acepta como un hecho uno de los grandes mitos de la política dominicana: la creencia de que el expresidente Juan Bosch fue el fundador de los dos grandes partidos que se han alternado en el poder desde 1996 a la fecha, el Revolucionario (PRD) y el de la Liberación (PLD). En el caso particular del primero el dato, frecuentemente citado en los medios, no se corresponde con la realidad.

Hay toda una historia de teatralidad en relación con la forma en que Bosch alcanzó la cima del PRD. En su libro “Guerra, traición y exilio”, Nicolás Silfa, integrante de la primera misión enviada por el partido al país tras la muerte de Trujillo, sostiene que Bosch tomó el cargo “por su propia cuenta”, proclamándose presidente “a pesar de que el cargo de mayor jerarquía” era el de secretario general, que ostentaba Ángel Miolán, quien así pasó a la segunda posición. Según Silfa, el ascenso de Bosch al cargo “fue a todas luces irregular”, puesto que no se había realizado asamblea, ni se habían enmendado los estatutos con ese propósito.

Miolán tiene otra versión sobre el hecho. En el segundo de una serie de dos artículos publicados en el diario Hoy, el 10 de octubre de 1991, asevera que luego de la gesta del 30 de mayo, el presidente de Costa Rica, José”Pepe” Figueres, convocó a los líderes del PRD y Vanguardia Revolucionara (VRD). Antes de entrar al despacho, Bosch le advirtió que estaban en desventaja, debido a que el otro partido tenía mayor nivel al estar representado por Horacio Julio Ornes y Miguel Ángel Pardo, presidente y secretario general, respectivamente, mientras ellos contaban con el secretario general y él, Bosch, quien fungía entonces como asesor. Miolán cuenta que le respondió diciendo que eso lo arreglaría, haciéndole levantar la mano derecha y juramentándole como presidente, asumiendo la responsabilidad como líder del partido por la decisión. Ninguna de las dos versiones ha sido refutada.

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