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OPINIONES

Recuerdos de una mañana en primavera. Por Miguel Guerrero   |

La brisa primaveral acariciaba los rostros aquella mañana de mayo. Era sábado y desde temprano las calles de Manhattan cobraban actividad. Los oblicuos rayos de un luminoso sol avivaban los colores. Una oculta alegría parecía brotar de algún lugar en los rostros adustos de los apresurados transeúntes.

El sonido de los cláxones y los chirridos de los autobuses al frenar en una parada, ahogaban el débil eco de la risa de la muchachada correteando en la plaza cercana. Un anciano harapiento consolaba su soledad contando las monedas que la escasa caridad humana, en aquella gigantesca ciudad de mármol y concreto, había esparcido en su viejo y carcomido sombrero de fieltro, recuerdo quizás de un próspero pasado.

En los ojos enrojecidos de aquella pareja que casi me tumba al pasar, podían leerse los efectos de una sobredosis de algún barbitúrico comprado sin receta. New York era más que un conjunto de bloques y muchedumbre sujetas a un horario riguroso aquella mañana soleada. Nunca estuvo New York más esplendorosa que aquella mañana de mayo.

Vestido a la vieja usanza militar, con un raído gorro confederado y una camiseta de un rojo subido, aquel extraño hombre de expresión lejana, desmontó en la acera del banco un extraño instrumento de metal, reluciente como la plata. Su débil figura encorvada era tan triste como su mirada, pero lo era más aún su música.

Con una suave habilidad manejaba dos largos palos terminados en bolas de gomas que al caer sobre la superficie irregular de aquel instrumento, dejaban escapar los acordes de una monótona y sobrecogedora melodía. La brisa de mayo esparcía rápidamente los sonidos varias cuadras más allá de mis oídos de caminante.

Había en esa música que me atrajo con tanta fuerza un extraño mensaje de dolor y alegría, de miedo y esperanza.

Alrededor del hombre fue reuniéndose la gente. Parados como momias pasaban allí minutos y minutos, consumiendo su tesoro en una ciudad apremiada por el tiempo. Una elegante dama salió del banco, echó sobre la cesta un billete de cinco dólares, abordó en silencio una limusina negra parqueada en la calle y miró antes de partir al encorvado hombrecito que seguía allí tocando sin cesar su extraña melodía.

La música parecía tan negra como su piel, pero estaba sin duda por encima del color y de mis sentidos. Era la expresión de un lejano sufrimiento.

Hablaba quizá de un viejo sueño perdido y producía una sensación tan triste como las arrugas que surcaban su frente; pero era a la vez reconfortante. Podía hacerle sentir a uno agitado y calmo al mismo tiempo. No sé por qué seguía parado allí sin poder moverme, como electrizado por esos acordes monótonos y prolongados.

El hombre se fue quedando solo. Al mediodía, el sonido de la ciudad apagaba el de su metálico tambor. Sus brazos cansados por el esfuerzo podían apenas moverse sobre el instrumento. El último de los espectadores se retiró. Entonces recogió la cesta, vertió su contenido en un bolsillo y echó a andar.

Dos cuadras más allá, un niño le esperaba sentado sobre una silla de ruedas. El negro sacó unas monedas y compró un café para él y una manzana y unas flores para el muchacho. Alzando sus ojos cerrados, el niño se dirigió a él sin poder verle.

Silbando la misma canción condujo al niño hacia el parque. Entonces entendí el mensaje de su música. Ahora el hombre sonreía y jugueteaba pero era todavía triste su melodía. Entre las flores de mil tonalidades que crecían bajo aquel sol resplandeciente de primavera, se podía escuchar en su música el llanto de un niño que había muerto sin perder la esperanza.

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OPINIONES

Balaguer , un hombre que demostró tener temple en su gloria y sus derrotas

Los grandes hombres se conocen por el temple o “destemple ‘que muestren ante la derrota .
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‘TESTIMONIO SOBRE EL TRASPASO DE MANDO EN 1978. Por Pedro Gil Iturbides

Al Presidente Balaguer le recomendaron desde el litoral militar, en 1978, que no acudiera a la Asamblea Nacional, a la jura del Presidente de la República, Antonio Guzmán. Los servicios de inteligencia obtuvieron información de que el discurso del nuevo mandatario sería sumamente crítico para su persona y su obra de gobierno. Salíamos de su casa, y en el sendero de tochos de barro hacia la parte principal de la vivienda, se detuvo a acariciar a sus perros.

Ya le faltaba visión, y el cuidador de los dos ejemplares de pastor alemán acercó las testas de éstos a su mano derecha, que ya balanceaba. Balaguer se volvió ligeramente hacia el jefe militar que le transmitía el informe, y lo aconsejaba. Y dijo:

-¿Y…?

Fue una pregunta. Fue una respuesta. Fue un prolongado comentario pronunciado sin palabras. Fue el testimonio de que un hombre de Estado se encuentra por encima de las simplezas.

El 16 de agosto de 1978 escuchó a don Antonio. Con el andar del tiempo, como he contado otras veces, se apagaron las emociones vividas por ambos, durante el interregno hacia la toma de posesión y dicho acto. Y a través de interpósitas personas fragüaron una amistad que determinó en Balaguer asumir la defensa moral de la familia del mandatario, tras la desaparición de éste.”

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OPINIONES

La Nación a la que aspiramos los dominicanos

La República Dominicana entra en un nuevo ciclo político, económico y social, en el inicio de una nueva administración que se inicia el 16 de agosto del 2020.

Los dominicanos aspiramos a un país donde la Ley sea el parámetro principal para todo eso es un compromiso de la nueva administración que será vital para ser la diferencia, otra cosa importante que los dominicanos estamos aspirando hace muchos años es una mejoría significativa en la educación y en la salud.

La separación de los poderes públicos es otra aspiración necesaria y que los cabezas del gobierno tienen un compromiso histórico, ya que su nacimiento está marcado por un momento histórico de mucha calamidad para los poderes públicos y sobre todo para los jóvenes que vivieron grandes dificultades en la década posterior a la revuelta de abril.

Ahora es necesario que todos los ciudadanos inicien también haciendo un cambio en el comportamiento de sus acciones desde poner los desperdicios en su lugar hasta cumplir las reglas que todos estamos comprometidos a cumplir que son obligatorias para poder vivir en sociedad.

Los dominicanos aspiramos a que nuestros funcionarios respeten a su pueblo, que sean lo más efectivos posible pero sin perder la calidad humana; aspiramos a que el servidor público entienda que los usuarios de los servicios son la razón de ser de su función y que el norte de un equipo de gobierno es trabajar en consonancia con su Presidente.

Pero de todas las aspiraciones colectivas que tenemos todos los dominicanos es que la impunidad no sea el pan nuestro de cada día, lo más anhelado por todos los dominicanos, que las personas que violen la Ley y que utilicen los fondos públicos en su provecho sean castigados esa es sin lugar a dudas la mayor aspiración del Pueblo dominicano.

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