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NACIONALES

MIS RECUERDOS DE ABRIL

Hoy me acuerdo de la guerra patria, mis pasos no avanzan en el tiempo, aún estoy allí, aún conservo los hechos y las caras, el mismo ardiente sol de la Cuaresma, veo pasar los camiones repletos de soldados, al llamado correcto del deber.

El arrojo de un pueblo que se lanza a las calles, buscando con las armas en las manos, que le devuelvan sus derechos, su constitución, su libertad, allí estábamos, ése era nuestro sitio, nuestro compromiso, otros habían estado antes, en Luperon, en Constanza, enfrentando cara a cara, la opresión y la muerte, es la Raza Inmortal, Manaclas y todos los caídos por la causa del honor y la patria.

Ese día nos llevó, sin dudas ni temores, a una guerra dolorosa y justa, desconocida en su cruda realidad, por combatientes frágiles convertidos después en soldados recios, firmes y decididos, eran noches de vigilia permanente, días de enfrentamientos, de abrazos y crespones, de lágrimas ocultas.

Ganamos esa guerra, ellos lo sabían, los que arteramente desembarcaron sus tropas para impedir la realidad de nuestra victoria. Entonces, aparecieron en todas las trincheras, acompañando nuestra indignación, los juramentos de los héroes fundadores de nuestra nación, los enfrentamos, lavando las heridas de nuestra soberania.

Luchamos hasta donde es capaz el ideal revolucionario,contra el acoso de la tropa extranjera y sus lacayos, esos eran nuestros enemigos.

La mañana del 15 de junio nos visitó nuestra madre, doña Juana, bajo el estruendo de morteros y balas, un día que iba a marcar en nuestra historia, el valor de los dominicanos y el mensaje de esa madre a sus hijos: “luchen por su otra madre, que es la patria”, muriendo ella ese mismo día, a las cinco de la tarde.

Al final de la guerra, llegó un septiembre negociado, la paz, los acuerdos, las palabras, las firmas, el desarme, regresamos a casa, amargamente inmersos en una honda pena, ella no estaba.

Entonces, empezamos a ver en cada esquina, el fantasma de la persecución, el trágico camino de los exilios, las muertes de nuestros líderes y compañeros de lucha, el poder nos calificaba de enemigos peligrosos, subversivos, sencillamente porque pensábamos que eran ellos los responsables de nuestros males.

Hoy recuerdo con tristeza y orgullo, el valor de mis compañeros del Comando Cibao, entre ellos, su Comandante, Ramón Terrero, mi hermano, hombre de firmeza y sólidos principios revolucionarios, a mi hermano Hector, a los hermanos Holguin-Veras (Hector, Óscar y July), a Jaime Malagon, a Chicho Pardilla, al sargento Mota Rodriguez, al cabo Valenzuela, a Ricardo Cabral, a Roldan Melo y muchos otros valientes compañeros que nos acompañaban, arriesgando sus vidas en esa gesta, y sobre todo, a los líderes que continuaron la lucha, entregando sus vidas en busca de la felicidad de los dominicanos, como fueron el Coronel de Abril y todos los patriotas que cayeron a su lado, buscando entre la playa y la montaña, la historia de otro abril para la patria.

FREDDY TERRERO (TITIN)
24 DE ABRIL, 2020.

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