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OPINONES

¡Róbate ese chin! .Por Miguel Guerrero

El prestigioso hombre de negocios autoriza a su chofer “robarse ese chin” para llegar a su residencia en Piantini, todas las tardes al terminar su productiva jornada laboral, ahorrándose así el giro tres calles más adelante en vista del letrero que dice “una vía no entre”. Lo viene haciendo desde que la autoridad del tránsito cambió las señales de su vecindario para agilizar la movilidad urbana.

La joven y prometedora profesional, graduada Cum laude en una cara universidad privada de Estados Unidos, le ruega a la empleada de la estación de peaje que le permita pagar en la línea de “paso rápido”, que no posee. Para descongestionar la vía y promesas de la joven de no hacerlo otra vez, se la deja pasar.

El conductor del autobús repleto de turistas acorta distancia subiendo al elevado, obviando la prohibición y mismo hacen el motorista y el chofer del enorme vehículo de 20 neumáticos cargado de cemento, varillas o vehículos recién llegados al puerto. El taxista gira a la izquierda ignorando la prohibición para evitar que un competidor se lleve al cliente que desde lejos le hace señas a un taxi. Y en la zona turística del más alto nivel, un sindicato obliga a los turistas al final de sus vacaciones subir a sus autos o tener que caminar con sus maletas uno o dos kilómetros para irse en un Uber.

El destacado funcionario público ignora el decreto de austeridad y pasea los días de asueto con su familia en el vehículo oficial cargado al gobierno, y paga sus almuerzos familiares en restaurantes con una tarjeta de crédito del ministerio.

A fin de cuentas, esa y no otra es la regla, por lo que cualquier cosa parece normal y se acepta como parte de la cotidianidad. Nade extraño tiene entonces que al “robarse ese chin” a muchos dominicanos, en todas las esferas de la actividad nacional, se les haga menos pesada la vida.

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