Salud
Científicos descubren una causa viral de uno de los cánceres más comunes del mundo

El carcinoma escamoso cutáneo (SCC) es uno de los tipos de cáncer de piel más comunes a nivel global, generalmente vinculado a la exposición a la radiación ultravioleta. Sin embargo, la ciencia acaba de dar un giro sorprendente en esta historia. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine revela que, en ciertos casos, este cáncer puede tener una causa viral directa.
Durante años, se pensó que los β-papilomavirus humanos (β-HPV) solo actuaban como “facilitadores” en las primeras etapas de la carcinogénesis cutánea, ayudando a que los daños causados por el sol se acumularan. No se creía que fueran esenciales para mantener el tumor una vez establecido. Esta nueva investigación cambia esa percepción.
El hallazgo se basa en el caso de una paciente con deficiencia en la señalización del receptor de células T (TCR) causada por mutaciones en el gen ZAP70. En este contexto, el virus β1-HPV19 no solo estaba presente, sino integrado en el genoma tumoral y activamente expresando oncogenes.
Sin embargo, su alta incidencia en pacientes inmunocomprometidos, como receptores de trasplantes de órganos o personas con leucemia linfocítica crónica, indicaba que la inmunidad adaptativa también juega un papel crucial.
Tradicionalmente, se consideraba que los β-HPV eran pasajeros tempranos: participaban en el inicio del proceso cancerígeno, pero desaparecían de la escena en tumores avanzados. El modelo clásico, llamado “golpe y huida” (hit-and-run), sostenía que el virus ayudaba al inicio, pero no era necesario para la persistencia del cáncer.
El estudio rompe este paradigma al demostrar que, en un entorno de respuesta inmune deficiente, un β-HPV puede permanecer activo, integrado en el ADN de las células tumorales y manteniendo su proliferación.
clínico que lo cambió todo
La paciente estudiada, de 34 años, presentaba una historia de enfermedades relacionadas con HPV, incluyendo lesiones benignas y SCC recurrentes en zonas expuestas al sol. Tenía mutaciones en ZAP70, una proteína clave para la señalización del receptor de células T, lo que limitaba la activación y proliferación de linfocitos frente a patógenos virales.
Uno de sus tumores, ubicado en la frente, era particularmente agresivo: medía 5,2 cm, presentaba invasión perineural y vascular, y no respondía a cirugías ni a inmunoterapia con inhibidores de puntos de control.
La sorpresa llegó cuando el análisis molecular mostró que el genoma del tumor contenía secuencias integradas de β1-HPV19 y una alta expresión de sus oncogenes E6 y E7, conocidos por inactivar proteínas supresoras como p53 y Rb. Además, el tumor carecía de mutaciones clásicas asociadas al SCC, y su carga mutacional por daño UV era sorprendentemente baja.
